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Resistencia y colaboración francesas durante la II GM



En 1972, el historiador americano Robert Paxton removía los lodos del río de la República francesa con su libro La Vieja Guardia y el Nuevo Orden. Unos años antes, en Le Chagrin et la pitié (La pena y la compasión) era Marcel Ophuls el que arrojaba luz sobre los oscuros (por desconocidos) años de la ocupación alemana de Francia y el Régimen de Vichy. La Francia que se encontraron los invasores de la Wehrmacht estaba dividida por tendencias políticas y sociales que, en muchos casos, se odiaban a muerte. Un viejo antisemitismo, tanto a la izquierda como a la derecha, el anticlericalismo y la reacción tradicionalista contra el mismo, diversos movimientos modernos y antimodernos que se hacían eco de las vanguardias de la época, entre las cuales el fascismo ganaba por goleada. De Gaulle ató con marcial cinturón las tripas de aquella Francia desgarrada, con el mito nacional de la Resistencia, desnazificaciones, delación arbitraria y una memoria histórica hemipléjica.
Curzio Malatesta

28 de diciembre de 2007
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Curzio Malatesta
 
Después de la invasión de Polonia por Alemania en Septiembre de 1939, Francia e Inglaterra declararon la guerra a Alemania. El 10 de Mayo de 1940 los alemanes lanzaron su ofensiva sobre Holanda y Bélgica y entraban en Francia sin mayores problemas y a todo motor: había nacido la guerra relámpago (blietzkrieg). La Batalla de Francia duró poco más de un mes. El 25 de Junio de 1940 el gobierno francés capitulaba, firmando el armisticio, y los aliados preparaban la huída del continente en Dunkerque. Del armisticio surgió el gobierno de la Francia no ocupada. Nacía el Régimen de Vichy.
 
Desde la aparición de documentos como el libro de Robert Paxton, o la película de Marcel Ophuls, los académicos han ido expandiendo el conocimiento acerca del Régimen de Vichy. Un régimen que se estableció legalmente con el consenso parlamentario francés y que reunió inicialmente a un vasto y diverso grupo de políticos de todo el espectro francés tras la figura del héroe de la I Guerra Mundial, Philippe Petain y frente a los designados como enemigos internos de Francia: comunistas, judíos y francmasones. Uno de los últimos estudios sobre aquel episodio de la historia francesa y europea es el de Richard Vinen.
 
Vinen es un graduado en Cambridge, y profesor especializado en la historia del siglo XX en el prestigioso King’s College británico. El título del curso del cual Vinen es profesor en dicha institución, es ya revelador: La Guerra Civil Francesa de 1934 a 1970. Fuera de la cultura académica y aquella revisionista de interés minoritario, el conocimiento popular, dentro y sobre todo fuera de Francia descansa en el mito de una Francia sometida y otra resistente. La realidad, sin embargo, es más compleja.
 
Los académicos que se limitan a la historia social de Vichy y a las impresiones cotidianas de aquellos que vivían bajo la ocupación alemana tienden a suavizar la dura dicotomía política que existía entre colaboradores y resistentes. Ophuls contaba en su documental que había dos Francias: una que miraba con espanto a la revolución roja y otra que la miraba con esperanzas.
 
La guerra civil
 
Muchos franceses miraban horrorizados las matanzas de religiosos y la quema de iglesias en España, protagonizadas por el Frente Popular gemelo de aquel que encabezaba el primer ministro francés, León Blum, y los rumores de hambre y genocidio que venían del Este de Stalin inflamaron la llama anticomunista francesa. A la Francia de la Tradición se unían las vanguardias modernas del fascismo y una burguesía que no quería acabar en el matadero de las izquierdas, y que además quería un puesto en el Nuevo Orden europeo.
 
Las penurias de la guerra y el racionamiento, unas tropas alemanas siempre molestas (por ser extranjeras e invasoras), ya sea en 1940, o más adelante, cuando volvían embrutecidas del Frente del Este, no cambió el concepto de terroristas que los franceses tenían de aquellos compatriotas que decidieron combatir en las diversas facciones antifascistas patrocinados más tarde por los Aliados.
 
Fue creada una unidad de voluntarios franceses contra el bolchevismo, la LVF, que se transformaría en la división de las Waffen SS Charlemagne. Y entre los defensores de la Cancillería de Hitler en el Berlín de 1945, se encontrarían estos franceses codo con codo con camaradas españoles y belgas.
 
En cuanto al antisemitismo francés, era uno de los más recalcitrantes de Europa, mucho antes de la llegada de las divisiones panzer. El primer ministro León Blum,
judío y socialista, que había comenzado su interés por la política a raíz del caso Dreyfus a finales del siglo XIX, fue detenido por Petain y entregado a los alemanes, que lo deportaron a Buchenwald en 1943. Blum fue liberado de este campo de concentración en 1945 por los aliados, dirigiendo un gobierno provisional de Diciembre de 1946 a Enero de 1947.
 
La Liberación, y la purga arbitraria que continuó, extendió durante más tiempo las fricciones entre los franceses, la mayor parte de los cuales habían sido colaboradores o resistentes por muchos y diversos motivos, no siempre ideológicos. En los conflictos coloniales que siguieron a la posguerra mundial, ex colaboradores y ex resistentes saltarían juntos en paracaídas sobre Dien Bien Phu y marcharíanjuntos por el djebel con sus camaradas legionarios italianos, alemanes y españoles, cantando las mismas canciones que se habían cantado en el Frente del Este, con letra nueva, en francés.

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