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Contra el aborto a domicilio

Los médicos de cabecera británicos dicen no al aborto en sus consultas


Lo ha revelado The Daily Telegraph: los médicos de familia amenazan con una revuelta contra los planes del gobierno británico para hacer posible el aborto químico recetado en las consultas locales. Cuatro de cada cinco GP’s (General Practitioner, médicos de cabecera) del NHS, que es el servicio nacional de salud, se niegan a llevar a cabo abortos. Esta medida de normalización del aborto ya ha sido experimentada en pruebas piloto. Pero parece que la mayoría de los doctores se resiste a la normalización definitiva de este genocidio aséptico, fácil y silencioso, hasta ahora relegado al quirófano carnicero de los especialistas.
 
Curzio Malatesta

15 de enero de 2008
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Curzio Malatesta
 
El posicionamiento de la mayoría de los médicos del servicio nacional de salud británico echa al traste los planes del gobierno laborista: capacitar a las consultas de medicina de cabecera locales para realizar abortos mediante el uso de drogas en las fases tempranas del embarazo. Un aborto a domicilio.
 
La píldora del día después ya es ofrecida gratuita, discreta y rápidamente por los servicios públicos. Pero se quería “avanzar” más en las facilidades abortivas para los casos en los que la píldora ya no surte efecto (más allá de las 72 horas de haberse consumado el acto sexual sin usar medios anticonceptivos).
 
Estos médicos de cabecera, acostumbrados a otros dramas y pequeñas escabechinas del oficio, sin embargo, no quieren saber nada del exterminio consciente de estas personas en potencia y seres humanos de hecho.
 
Si bien no se han movilizado contra el aborto normalizado que se lleva a cabo en su país desde hace décadas, lo que no quieren en absoluto es mancharse las manos ellos en sus consultas. Es comprensible. No se ponen, no obstante, impedimentos éticos, mucho menos religiosos, sino más bien técnicos y de competencia laboral. Sucios argumentos para un sucio trabajo.
 
Tierra y palabras de por medio
 
Escribíamos en la entradilla de esta noticia “Esta medida… ya ha sido experimentada en pruebas piloto”. Con los tecnicismos ponemos tierra de por medio entre la realidad de las cosas y su representación conceptual. Más que tierra, para el aborto ponemos el aséptico suelo de un pasillo de una consulta médica, o una sala de quirófano de una clínica… movidos por la misma necesidad de distancia, con el desagradable asunto que tienen esos doctores de la seguridad social británica. Recordemos a aquella mujer que asistía el aborto en el video de Intereconomía y confesaba al periodista infiltrado que ella jamásmiraba a los fetos.
 
Sin embargo, de lo que se trata aquí, y no conviene olvidarlo, es del exterminio de la forma más inocente e indefensa de vida humana. Una magnífica contradicción más de un sistema de ideas y valores sin orden ni forma. Salvad, no ya la vida (que también sería incoherente), sino el bienestar psíquico de la madre, a cambio de la vida del hijo. Esto en el caso del aborto, por ser un hijo no deseado. Ni siquiera por el bienestar o la dignidad futura del hijo, en caso de estar gravemente enfermo o deforme. En cualquier caso es una incoherencia con el mensaje de la protección de la vida a todo riesgo del sistema en que vivimos.
 
Y luego hablamos con gravedad y suficiencia de los terribles dioses e ideales a los que se han sacrificado o se sacrifican la justicia y la vida humana… Nosotros sacrificamos ambos en el abstracto altar del bienestar y la felicidad más subjetiva.
 
El olvido y la alegre mirada
 
Decía Nietzsche en La genealogía de la moral que el olvido es una especie de guardián, de vigilante, encargado de mantener el orden psíquico, la tranquilidad y la etiqueta.
 
Bajo el cielo conviven las injusticias y las desigualdades más abismales. El error y la contradicción abundan no sólo a nuestro alrededor, sino también, y en la misma medida, dentro de nosotros. Pero nuestra mirada humana pasa alegremente por encima de las cosas reparando en ellas de manera arbitraria y subjetiva. 
 
Desde luego que no se le puede pedir al hombre que abarque con su mirada la totalidad de la realidad; mucho menos que la asuma al mismo tiempo: no es un trabajo al alcance de los hombres sino de los dioses. Pero ni Dios ni la religión ordenan ya la vida o la muerte. En nuestros tiempos es cuestión de la insuficiente ética humana, sus contradicciones, y los peores sucedáneos laicos de la religión.
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