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Manuel Funes Robert

21 de enero de 2008
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Impactado EEUU por la crisis del 29, con paro y reducción de actividad, el presidente Hoover se niega a intervenir apoyándose en esta famosa frase: “Todo lo que tenemos lo debemos a la economía libre de mercado. Esa libertad nos sacará de la crisis”. En aquel momento no se había edificado todavía la teoría que verdaderamente acabó con la crisis y que ahora impedirá que tal evento se repita.
En el esquema liberal funcionaba la temible espiral de menos producción-menos empleo-menos producción… Se vivía un intercambio masivo de agresiones económicas reciprocas, cada sujeto defendía su renta reduciendo la de otros. No se contaba con sujeto alguno capaz de invertir el proceso incrementando el gasto. El Estado de entonces solo podía gastar lo que recaudaba o pedía prestado, y cuanto mayor era, la necesidad de gastar era mínima, por obra de la crisis la posibilidad de recaudar. De una manera intuitiva Alemania salió de la crisis antes que ningún país debido al doctor Schacht, que convenció a Hitler de que le dejara las manos libres para crear marcos sin tasa y lanzarlos a inversiones públicas. Ni Hitler ni sus secuaces entendían de economía, pero su hábil ministro, absuelto con todos los pronunciamientos favorables en el Proceso de Núremberg, le prometió cubrir de autopistas el suelo alemán con dinero sacado directamente de la imprenta del Reichbank. Hitler vio en tal proyecto la posibilidad de luchar en dos frentes por la facilidad de transportar tropas de oriente a occidente, ya que contaba con la II Guerra Mundial que él pensaba iniciar.
El libro de Schact: Mehr Geld ist mehr Arbeit und mehr Kapital detalla su experiencia, con la que se anticipó por tres años a la otra de Keynes. En EEUU la crisis se resolvió algo más tarde pero por el mismo procedimiento: inversiones públicas gigantes y dinero abundante y barato. Fue la famosa Tennessee Valley Authority la que llenó de presas aquella zona y la recuperación, el cebar la bomba según Keynes, dio resultado, y para siempre se consiguió revolucionar la teoría del Estado, que a partir de aquella revolución se convierte para siempre en el sujeto que tanto se necesitaba para invertir el proceso: el Estado puede y debe gastar cuanto sea conveniente, sin limitación, sin tener que ganarlo o pedirlo antes. En este esquema vivimos y ya se empieza a utilizar en EEUU aunque no en la UE, dominada como vive ésta por un poderoso ignorante que se llama Trichet, el cual, culminando su malicia, acaba de decir que si por subir los alimentos suben los salarios, nos castigará con más subidas de tipos de interés.
Si algo bueno tiene la situación actual es la simplicidad del diagnóstico; y cuando es simple la causa, es simple el remedio: con apartar del poder a tamaño ignorante e imponiendo bajas del tipo oficial del 4 al 2% y del 5 al 2% en los préstamos del BCE a los bancos privados, se devolvería a la mitad de la población comunitaria la capacidad de compra sustraída por este sujeto. Y al sistema financiero se le liberaría de lo que no acaba de ver: que Trichet, con sus aumentos de tipos, está convirtiendo las hipotecas normales en hipotecas de alto riesgo. Así lo ha visto el BSCH, que para su honra y beneficio ha iniciado la contraofensiva contra los encarecimientos hipotecarios, que curiosamente en enero del actual acaban de subir con una elevación del Euribor, la segunda arma de la que dispone Trichet.

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