Algo se mueve a la derecha

El PP o el canal atascado de la derecha española

Lo más significativo de las últimas elecciones no fue la conquista del territorio radical por el PSOE, ni la conversión de Cataluña en un pecio tan socialista como Andalucía, ni la doliente inanidad de Rajoy. Ni siquiera comprobar que el barbecho ideológico del aznarismo fue lo que en realidad puso a Zapatero en La Moncloa hace cuatro años. Lo novedoso del pasado marzo fue la espectacular resistencia de la derecha social española, que agrupó a 10.200.000 votantes en torno al PP, que heló con su aliento la nuca del PSOE y que privó al gobierno de la tradicional mayoría absoluta en segunda legislatura. Por desgracia, todo ello a pesar del PP.

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GUILLERMO ELIZALDE/FUNDACIONBURKE.ORG
 
A pesar del rajoyesco “la economía lo es todo”, la derecha española se movilizó el 9-M porque los problemas reales de la gente son cosa de principios, y no de tipos de interés. Por aprecio a la civilización, y no por el precio de pisos y guisos, resistieron muchos de los 10.200.000 españoles durante el feroz cuatrienio de Zapatero. Las manifestaciones millonarias de gente sencilla no salieron a la calle contra el IRPF, sino en defensa de la familia, la libertad de enseñanza, la dignidad de España y la libertad religiosa. En su mayoría, la derecha no votó al PP buscando el control del déficit o la incorporación de la mujer al trabajo fuera del hogar, según pordioseaba Rajoy en sus debates televisivos. La derecha española votó al PP porque no se resignaba a ver cómo sus principios vitales eran proscritos de la vida pública.
 
El PP cobró los réditos de esta resistencia, pero ni la organizó ni la animó. La vitalidad de la sociedad libre, o sea, ni subvencionada ni partitocrática, se sostuvo sobre tres pilares. El primero, la Iglesia católica, atenta al bien común y firme en los principios innegociables de la cultura de la vida. El segundo, los movimientos cívicos independientes, como el Foro Español de la Familia y la AVT, cada vez más capaces de organizar la defensa de la gente normal frente a los desmanes gubernamentales. Finalmente, un puñado de medios de comunicación asterixianos, encargados del avituallamiento energético de los rebeldes. Sin estos tres tábanos sociales, sin la Iglesia, los movimientos cívicos y medios como la Cope, muchos de los 10.200.00 votos jamás hubieran entrado en las urnas.
 
Parece lógico que los estrategas del PSOE se propongan derribar estos tres pilares. La reforma de la Ley de Libertad Religiosa es el primer aviso a la Iglesia; vendrá también la barra libre de aborto, la ley de eutanasia, la asfixia financiera, y a largo plazo la erradicación de la actuación pública de la Iglesia so pretexto de “no discriminación”. Contra los movimientos cívicos se intentará la división y la desmoralización en forma de nuevas humillaciones ante el nacionalismo, la retirada de conciertos a colegios de iniciativa popular o el acoso a los objetores de Educación para la Ciudadanía. Por último, ya funciona desde hace meses la tradicional campaña para domesticar a la Cope, a la que se han sumado los esperados cuellialzados de abajacabeza y alzacuellos de cabezabaja.
 
Si la sorpresa del 9-M fueron los numantinos 10.200.000 votos al PP, la sorpresa tras el 9-M ha sido el desprecio del PP a gran parte de los mismos y a los pilares que se los han procurado. Según el Congreso popular de Valencia, la libertad de educación es mantener EpC, dar una “solución” a los objetores y prohibir la objeción en autonomías populares como La Rioja, Navarra y Castilla y León. La defensa de la familia pasa por aceptar el “matrimonio” homosexual pero con otro nombre, y rechazar la propuesta de Peral para perseguir el aborto ilegal. La afirmación nacional queda en la reivindicación del castellano, que en Baleares, Galicia, Cataluña y Valencia el PP ha contribuido a postergar. María San Gil es apartada para facilitar la negociación con el nacionalismo, se marcha Ortega Lara, y llega a Barcelona la catalanista Sánchez Camacho. El nuevo portavoz, González Pons, se estrena amenazando a la Iglesia, y muchos populares responden a las críticas a la Cope sumándose a las mismas. ¿Hasta cuándo perseguirá a sus votantes la jerarquía del PP?
 
Con su “centro, mujeres, diálogo y futuro”, que en germanía política equivale respectivamente a relativismo, feminismo, entreguismo y progresismo, Rajoy ha aceptado el marco ideológico del PSOE. La estrategia popular significa renunciar, una vez más, a construir su propio terreno de juego; significa negarse a levantar una propuesta contracultural capaz de devolver a España la vida viva, libre de logias e iluminismos; significa aceptar que sólo de pan vive el hombre y abandonar la batalla cultural, la que de verdad se libra en la campa política; significa desengancharse de los católicos, de los movimientos cívicos y de los medios de comunicación independientes, que son los pilares de sus 10.200.000 votos; significa olvidar que los principios se llaman así porque principian algo, y no porque se omiten desde el principio; significa, en fin, que el PP se ha convertido en el canal atascado de la derecha española. Y que la lira de Rajoy acompaña desde ahora el delirio de Zapatero: “Mira Nero de Tarpeya / a Roma cómo se ardía / gritos dan niños y viejos / y él de nada se dolía”.

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