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Javier Ruiz Portella

Un dirigente socialista del Bundesbank denuncia los riesgos de la inmigración. ¿Qué piensa usted?
El alud inmigratorio puede acabar destruyendo la identidad y las raíces de Europa. De seguir así, a Europa "no la conocerá ni la madre que la parió".
La inmigración es inocua. Todos los hombres somos iguales. No tiene mayor importancia el país de donde uno es.
¡Qué va a destruirse Europa! Al contrario: se está enriqueciendo con la aportación de culturas tan ricas y diversas.


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TRIBUNA
Sólo puede surgir desde el "humus" de la civilización occidental

EN BUSCA DE UN NUEVO MITO (II)


¿Hasta qué punto es posible encontrar un nuevo mito para una época caracterizada por la incertidumbre y por una creciente confusión? En la primera parte de las presentes reflexiones, he dibujado, a grandes rasgos, las principales interpretaciones teóricas sobre la situación histórica existente, dentro del mundo internacional, a principios del siglo XXI. A continuación, someto a la consideración del lector algunas ideas sobre la posibilidad, naturaleza y alcance de un nuevo gran mito para nuestro tiempo.
ANTONIO MARTÍNEZ

17 de noviembre de 2008
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ANTONIO MARTÍNEZ

¿Hasta qué punto es posible encontrar un nuevo mito para una época caracterizada por la incertidumbre y por una creciente confusión? En la primera parte de las presentes reflexiones, he dibujado, a grandes rasgos, las principales interpretaciones teóricas sobre la situación histórica existente, dentro del mundo internacional, a principios del siglo XXI. A continuación, someto a la consideración del lector algunas ideas sobre la posibilidad, naturaleza y alcance de un nuevo gran mito para nuestro tiempo.

Y no se trata, por cierto, de elaborar irrealizables proyectos de gabinete, a los que tan aficionados han sido los profesionales de la lucubración de todas las épocas. Más bien, lo que propongo es examinar los signos de la evolución histórica de nuestro tiempo, porque el nuevo gran mito del futuro, en cierto sentido, ya está en periodo de gestación. No constituye, pues, una creación ex novo a partir de ciertos presupuestos filosóficos, sino un “gran relato” que sintoniza con las principales tendencias culturales e históricas del momento presente. De tal modo que la construcción de este nuevo mito exige un trabajo teórico que se conjuga, sin embargo, con un sustrato preexistente y con las aspiraciones inconscientes de toda una civilización.

 
El crucial papel de Occidente
 
En primer lugar, nos arriesgamos a aventurar que el gran mito planetario del siglo XXI deberá surgir de las entrañas del propio Occidente y, más en concreto, de ese “continente espiritual” –mucho más que físico– que es Europa. A pesar de la fundada condena en bloque que lanzara Guenon contra la civilización tecno-científica moderna, creo más bien –coincidiendo aquí con Raymond Abellio– que Occidente, a pesar de su evidente idolatría cuantitativista, constituye un polo legítimo, y seguramente necesario, dentro de la evolución general de la humanidad. 
 
Occidente representa el lugar histórico de la máxima diferenciación y subjetivización de la conciencia, así como de su más paroxística liberación respecto a toda metafísica objetivista y a todo conjunto de reglas culturales de cuño tradicional. En este sentido, resulta perfectamente comprensible la fascinación que, también hoy en día, ejerce la cultura occidental sobre los pueblos extra-occidentales. Los jóvenes iraníes, africanos, chinos y árabes sueñan con respirar los aires de libertad que circulan por las calles comerciales de Barcelona, Londres o Berlín. Shangai, gran megalópolis de la China contemporánea, nos recuerda la grandiosidad del skyline neoyorquino. Y la Coca-Cola se impone en todo el mundo no sólo gracias a una formidable maquinaria publicitaria, sino a que constituye el símbolo más universal de una civilización que ha explorado, como ninguna otra, la seductora epidermis del mundo.
 
Siendo todo esto así, el autor de estas líneas considera que el mito planetario del siglo XXI sólo puede surgir a partir del humus de la civilización occidental. Rusia puede reclamar su protagonismo histórico como Tercera Roma y heredera de Bizancio en el ámbito cultural eslavo. China, la India y los tigres asiáticos pueden convertirse en gigantes económicos mundiales. Lo mismo cabe decir de Brasil. En cuanto a los países musulmanes, pueden seguir ganando importancia dentro del escenario internacional, si bien el retorno del Califato y la consiguiente unificación política de la Umma no parecen, hoy por hoy, una posibilidad real. Ahora bien: en cualquier caso, ninguna civilización extra-occidental está en condiciones de ofrecer un modelo cultural y antropológico tan atractivo como el del mundo occidental. ¿A quién le resulta realmente seductora una hipotética islamización, eslavización o asiatización del mundo?
 
Occidente, entre Eros y Thanatos
 
“Pero, por favor, seamos serios” –se objetará–. “¿Cómo puede resultar atractivo un Occidente mercantilista, materialista, consumista y groseramente hedonista, entregado al loco giro de un carrusel desbocado que amenaza con saltar definitivamente de su eje? ¿No nos asfixiamos en el reino sin norma del relativismo, el narcisismo y el escepticismo, en el reino de un individualismo que está destruyendo los antiguos lazos orgánicos entre los seres humanos? ¿No hace cada vez más frío en una civilización inhóspita y sin alma? ¿Dónde quedó el Lebenswelt de Husserl, ese “mundo de la vida” del que nosotros nos hallamos exiliados? ¿No nos sentimos solidarios con los Vladimir y Estragón de Beckett? ¿No esperamos y esperamos sin saber qué ni a quién? La seductora civilización de Occidente, ¿acaso ha hecho otra cosa que atiborrarnos de objetos materiales y condenarnos, en pago por tal abundacia, a un insoportable limbo existencial?”
 
Bien, de acuerdo: la requisitoria contra Occidente podría ocupar tomos de grueso calibre. El mismo Occidente –fáustico y tanático a la vez–, consciente de su triste inanidad, fantasea con su propia muerte y casi la desea. Sin embargo, Prometeo aún no ha muerto, y millones de obreros siguen afanándose en los muros de Babel. Craig Venter, taumaturgo del genoma humano, promete abrirnos las puertas prohibidas de la Vida. ¿No soñamos con convertirnos en nuestros propios dioses? ¿No acariciamos la perspectiva de forzar el santuario secreto del átomo con el nuevo mega-acelerador de partículas puesto en marcha hace unos meses en el CERN de Ginebra? Y, sin embargo, como a Hamlet y a Fausto, nos atrae irresistiblemente el canto oscuro de la muerte. Existir, conocer: ¡qué trabajo tan ímprobo y amargo! ¡La conciencia, el ser, el espíritu! ¿Cuándo descansaremos al fin de ellos, como deseaba Cioran? La verdadera dicha, ¿no reside en la existencia inconsciente del reino mineral, el en-sí puro de Sartre? ¿No es, en fin, la existencia toda un tremendo malentendido, un fatal error donde la felicidad constituye una quimera y un sarcasmo?
 
Y bien: ¿se entiende ahora por qué necesitamos con tanta urgencia un nuevo mito, una nueva gran narración que dé sentido a nuestras vidas? El Occidente que seduce a los no-occidentales es la misma cultura que sume a nuestros contemporáneos en la melancolía o en un tosco hedonismo. ¿Dónde quedaron la risa, la aventura, el espíritu, los altos ideales, la fraternidad, el calor humano, el hogar, la delicadeza, la fiesta, la música, las ganas de vivir? Pues he ahí –en todo eso que perdimos– donde se encuentra el corazón del mito planetario que vislumbra vagamente, en medio de la confusión hoy reinante, el autor de las presentes líneas. Dicho brevemente: el gran mito del siglo XXI habría de consistir en la enorme tarea de convertir toda la humanidad en una familia, y todo el mundo, en un hogar. Expresándonos en términos más técnicos: estaríamos hablando de una especie de “organicismo universal” cuyas notas características podrían resumirse como se hará en la siguiente entrega de esta serie.

COMENTARIOS
lunes, 26 de enero de 2009

a ver...

Podría tratarse de analizar la obra de algunos teóricos como el sociólogo francés Michel Maffesoli. Quizá la respuesta radique en ese regreso de las tribus que indican el final de la era racionalista.

# Publicado por: Gerardo (Montevideo)
martes, 18 de noviembre de 2008

pues sí

Coincido con la exposición de Ghalis. Aparte de mitos fundacionales, tiene que haber una vitalidad y un pulso, cosa que occidente actualmente no tiene. O comenzamos por decir NO a un montón de cosas de esta cultura decadente, comenzando por el buenismo y la vida fácil, o desaparecemos y punto.

# Publicado por: kurt hausser (vigo)
lunes, 17 de noviembre de 2008

Mitos y realidad

Sic transit gloria mundi. Se nos va la fuerza por la boca. Mas implicación y menos actuación.

# Publicado por: Jaimichu (Madrid)
lunes, 17 de noviembre de 2008

Reflexiones en la tenida

Ya veo soluciones universales,que anulan la identidad de los pueblos que lo dieron todo por propagar su cultura a diestro y siniestro.Que lu charon contra invasores los cuales querian impartir la suya,tal solucio nes no nos valen a quienes nos consideramos sus herederos.Solucio nes que nos llevan ha caer en manos de culturas inferiores atrasadas en el tiempo.No nos valen unas soluciones que nos llevan a ser domi nados en nombre de un proyecto buenista,que nos haga a todos per tenecer a una gran família universal,dentro de un orden mundial dirigi dos por aquellos que creen que todos somos iguales de buenos y que merecemos un gobierno global que nos unifique a todos dentro de un proyecto universalista tipo new age,no nos vale ¿que pasaria con el tiempo en que otras etnias más numerosas igualespero de diferente cultura,costumbres y lo que es peor diferente religión la cual no la ha olvidado?,etnias que por su potencial demográfico son muchos y por ello se saben fuertes ante una occidente lleno de taras y defectos,pe ro,por otra parte sabedor de su pasado de lucha por la supervivencia y conocedor de su deber ante Dios y la História¿qué nos pasaria si todas esas etnias ganaran la partida en nombre de una solución uni versal?,pues que ellos al fin llegarian a dominarnos y seriamos some tidos a sus formas de vida,pensamiento y lo más terrible sus religio nes,las cuales no han evolucionado sino todo lo contrario.Perdone pe ro todo este artículo huele a producto sacado de una logia,lo siento pero para esos pensamientos ya tenemos a el Sr.Jose Luís Rodriguez Zapatero alias ZP.

# Publicado por: josepxicot (barcelona- España)
lunes, 17 de noviembre de 2008

¿Toda la humanidad en una familia?

1- ¿Qué el mito debe surgir de occidente? ¿Del occidente blanco que ha dejado de tener hijos y que será sustituido por los no-occidentales en su propio territorio y con su propio beneplácito suicida? 2- ¿Y ese mito, además, debe convertir a toda la humanidad en una sola familia? ¿Más endofobia occidental blanca y más mestizaje aún? No gracias. El error que comete todo el mundo occidental TODO es pensar en soluciones UNIVERSALES. Unos con su cristianismo, otros con su liberalismo, otros, con sus estados del bienestar, otros con sus democracias... y así hasta el infinito. Todos creyendo que la humanidad al completo debe estar destinada por narices a tener una misma forma de ver la vida UNIVERSALISTA. No señor no: la vida es LUCHA y nada más y por supuesto, lucha por los intereses propios, no por los ajenos La esencia de la vida es el CONFLICTO... Lo único necesario es que ese conflicto sea REAL y elegido por los protagonistas. En ese constante conflicto y lucha por la supervivencia, unas veces ganan unos y otras ocasiones lo harán otros. No hay más. Por contra, todas esas ideas universalistas conllevan, en caso de triunfar, el germen del pensamiento único y de la esclavitud consentida global. Lo que el autor, Antonio Martínez debería desear no es diseñar un nuevo mito o idea UNIVERSAL igualadora por definición, sino la verdadera y auténtica DIVERSIDAD... que no es con la que se llenan la boca los pensadores del siglo XXI, sino la que durante cientos de miles de años ha conseguido crear y destruir las diferentes civilizaciones humanas, es decir, la RIQUEZA HUMANA. Esa riqueza que siempre se fundamentó en la DIFERENCIA, es decir, en la exclusividad, y que jamás se basó en la IGUALACIÓN o lo que es lo mismo, en un pensamiento UNIVERSAL. Creer en un mundo lleno de paz y armonía es no creer en la VIDA, ES DESPRECIARLA. Demonizar el conflicto y la violencia es, simplemente, SUICIDARSE... porque siempre habrá alguien que tenga muy claro que la vida es, lo que es, LUCHA. ¿Qué mejor para alguien que sí LUCHA que encontrarse con gente de pensamiento y mente débil que tiene ideas de paz y amor universales? Lo que proporciona la vida y la supervivencia no es el amor ni nignún otra idea universal, sino la LUCHA. Ahora saldrá el de turno preguntando que si me refiero a volver a las cavernas... Y con ello demostrará dos cosas: 1- Que no ha entendido nada. 2- Que cree estar perefctamente documentado sobre lo infelices o malvados que eran los hombres de las cavernas. Un saludo.

# Publicado por: Ghalis (Madrid)
lunes, 17 de noviembre de 2008

no quereis venir a mi para tener vida

la unica grandeza de occidente ha sido la de saber conjugar su bienestar y su politica con el cristianismo. De echo si miramos hacia cualquier otra civilizacion resulta que nos dan mil patadas en cualquier faceta. Respecto a el calor humano, la fiesta, la musica tiene un nombre muy concreto: secularizacion agresiva malsana, como esta escrito en el evangelio: no quereis venir a mi para tener vida

# Publicado por: jaime (gandia/ Valencia)
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