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¿Es posible dar algunas indicaciones realmente concretas sobre cómo podría ser esta "Europa bajo el árbol cósmico del espíritu" que aquí estamos vislumbrando? Aunque aventurarse a ofrecer tales indicaciones implica un cierto riesgo —ya que cada una de ellas necesitaría, para ser rectamente entendida, una pormenorizada justificación—, a continuación lanzamos, a modo de primer bosquejo, y sin pretensión sistemática alguna, una serie de apresuradas intuiciones.
antonio martínez

9 de diciembre de 2008
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ANTONIO MARTÍNEZ

 
¿Es posible dar algunas indicaciones realmente concretas sobre cómo podría ser esta “Europa bajo el árbol cósmico del espíritu” que aquí estamos vislumbrando? Aunque aventurarse a ofrecer tales indicaciones implica un cierto riesgo —ya que cada una de ellas necesitaría, para ser rectamente entendida, una pormenorizada justificación—, a continuación lanzamos, a modo de primer bosquejo, y sin pretensión sistemática alguna, una serie de apresuradas intuiciones.
 
Algunos posibles rasgos culturales de una “Europa del espíritu”
 
— Redescubrimiento de la dimensión simbólica y espiritual del tiempo diario: hemos llegado a un grado tal de barbarie, que ya no somos conscientes del significado del amanecer, el mediodía, el crepúsculo, la medianoche… Debemos aprender a ritualizar y llenar estos momentos de significación.
 
— Paralelo redescubrimiento de otros ritmos y ciclos temporales (semanal y anual, básicamente). Alienados por una vivencia meramente cuantitativa y horizontal de la temporalidad, hemos convertido —por ejemplo— la semana en una realidad meramente profana: cinco insoportables días laborables en espera del pobre respiro concedido por el “fin de semana”.
 
— Simbolización universal de la realidad: el homo traditionalis vivía completamente sumergido en el mundo de los símbolos, lo que confería a su visión del mundo una inaudita riqueza. Hoy vivimos al respecto en una completas orfandad, en un analfabetismo que nos condena a la correspondiente afasia: ya no sabemos “nombrar las cosas”, descubrir su íntima esencia. Sin ir más lejos: ¿para cuántos de nuestros contemporáneos el sol y la luna poseen algún tipo de significación simbólico-espiritual? Ahora bien: ¿cómo esperar que una “cultura” que ha descendido a tal grado de vaciedad pueda marchar bien en ningún sentido?
 
— Creación de trasmundos personales: el individuo contemporáneo está concebido, básicamente, como un puro “átomo consumidor”: hueco por dentro, sin verdadera interioridad, pero insaciable a la hora de consumir. La cultura del futuro deberá entenderse a sí misma como una “cultura del trasmundo” y concebir, como una de sus primeras obligaciones, el fomento de todo aquello que contribuya a enriquecer la interioridad humana, el “alma del hombre” —¡ya casi resulta exótico emplear tales palabras!—. Un rico trasmundo de pensamientos, reflexiones, sentimientos, vivencias, recuerdos; una mirada clara, profunda, humana. ¿Cómo puede una cultura digna de tal nombre no comprender que crear las condiciones necesarias para que se desarrolle en su seno un hombre bien construido por dentro —complejo, sólido, imaginativo, audaz— debe ser su primer objetivo?
 
— Redescubrimiento del sentido ontológico de las fiestas, que nos sumergen en el illud tempus de los orígenes. Ya no entendemos con qué intensidad vivían las fiestas los hombres de la Antigüedad o de la Europa medieval. Sin ir más lejos: ¿en qué diablos hemos convertido la Nochevieja y la Fiesta de Año Nuevo? Y, en cuanto a la Navidad, incluso un no creyente debe lamentar el actual empobrecimiento simbólico de unas fiestas que para el cristiano poseen un sentido obvio, pero que para el no cristiano pueden ser también importantes como “fiestas del fuego sagrado y del espíritu”.
 
— Medievalización de la cultura: incluso en una sociedad tan superficial como la nuestra, todo lo que lleva de algún modo —aunque sólo sea como gancho comercial— el marchamo de “medieval” ejerce un gran atractivo. En el imaginario colectivo de Occidente, la Edad Media —también tan denostada y demonizada— se imagina como “la época en la que el mundo aún estaba lleno de misterio, aventura, magia y encanto” (resulta imposible no pensar, por ejemplo, en la Tierra Media de Tolkien). Pues bien: la cultura del futuro podría buscar uno de sus nervios axiales y estructurantes en una cierta “medievalización del universo cultural”. ¿En qué se manifestaría esa medievalización? Por ejemplo, en la vigencia social del mito y la leyenda, en la recuperación del sentimiento de comunidad, en la utilización de cierto tipo de elementos arquitectonicos, como la bóveda, etc. Todos sabemos que pocas cosas resultan tan fascinantes como recorrer el casco histórico de una ciudad que conserva algunos rasgos de sabor más o menos medieval. Pues bien: ¿por qué no medievalizar de algún modo nuestro mundo, creando un nuevo tipo de universo social? Probemos a pasar una velada sin encender la televisión, leyendo o contando viejas historias al amor de la lumbre o en torno a una luz cálida y acogedora: ¡ya sólo con eso estaremos “medievalizando el mundo”!
 
— Futurización de la cultura: desde la década de 1960, el hombre occidental sueña con un fascinante futuro “futurista” que, luego, nunca llega (¿recordamos 2001, de Kubrik?). Esa imagen de futuro nos atrae por lo que tiene de onírica y visionaria, y por implicar que hemos abandonado al fin esa gris sociedad del “no significado” que hoy nos asfixia. Pues bien: ¿por qué no emprender esa aventura colectiva? ¿Por qué no replantearnos el sentido que pueden tener para los occidentales la Estación Espacial Internacional, las futuras bases lunares, el programa SETI o el proyectado viaje a Marte? ¿Por qué no crear, en fin, un “gran juego simbólico” en torno a la idea de futuro, a la par que se emprenden otras muchas aventuras del espíritu, como la de la medievalización a la que nos acabamos de referir?
 
— Supresión de la escuela obligatoria, dados los resultados que hoy ofrece. Creación de múltiples cauces educativos para niños y adolescentes: homeschooling, colegios, grupos privados de estudio, academias, institutos humanísticos, formación libre y autodidacta bajo la orientación de un tutor de estudios etc. Revolucionaria transformación del sistema educativo (hoy, tras miles de horas a nuestra disposición, los alumnos sólo tienen una cosa garantizada: que abandonarán el Instituto completamente ignorantes y analfabetos). También, recuperación de la figura de los aprendices —¿cómo hemos podido desechar una institución social tan razonable y útil? 
 
—Etcétera, etcétera, etcétera. 
 
La lista de posibles ideas podría extenderse hasta abarcar todo un volumen. En todos los casos, el principio es el mismo: ¡la auténtica imaginación al poder! Y, luego, como consecuencia de la imaginación, la variedad, la creatividad, el misterio, la alegría. Reencontrarnos con nosotros mismos y con el mundo. Y, en el plano político externo, esta imaginación a la que nos referimos conduciría, por ejemplo, a: una refundación espiritual de la Unión Europea; la recuperación, en un sentido ontológico fuerte, de la idea de Hispanidad; la recapitalización mítica del Estado-Nación; el fortalecimiento de múltiples identidades legítimas y que no tienen por qué construirse contra nadie (la “Europa de las regiones” donde se desarrolla, por ejemplo, la identidad cultural celta: Galicia, Bretaña, Gales, etc.); la exploración de ideas interesantes, pero que necesitan de una sólida base filosófica, hoy inexistente (por ejemplo, la Unión Mediterránea propuesta por Sarkozy). En todos los casos, se trata de fortalecer el mito, la identidad, los lazos entre identidades no antitéticas ni incompatibles. Cuando no existe una previa base espiritual y cultural suficientemente firme, la política desemboca bien en la pulsión hegémonica, bien en la lucha darwinista, bien —finalmente— en la demonología nacionalista.
 
Imaginémonos una Europa que realmente se atreve a empezar a cambiar. Una Europa que se sacude su triste vulgaridad y comienza por fin a vivir. Unos europeos embarcados en una infinidad de aventuras individuales y colectivas. Una Europa llena de hogares, de hogueras encendidas bajo un árbol centenario. Una Europa del espíritu que se convierte en un pequeño universo donde “algo se mueve”, y que invita al resto del mundo a sumarse a la construcción de un hogar planetario, lleno de misterio y de complejidad, bajo el signo del bien y del amor. ¿Acaso no debemos aspirar a vivir sobre ese horizonte? Y, ¿acaso no debe cada uno de nosotros, desde su concreta circunstancia personal, preguntarse qué pequeños “fuegos sagrados” puede encender a su alrededor para hacer más acogedor y hospitalario nuestro mundo?
 
Europa, huérfana de mitos y de espíritu, atraviesa hoy su más triste invierno. Pero tal vez no sea tarde aún para que conozca un nuevo mediodía y un nuevo solsticio.

COMENTARIOS
lunes, 26 de enero de 2009

felicitaciones!!

España cuenta hoy con más de un 14. Sólo con una dramática situación se pondrá fin al sueño de la felicidad material. Estoy harto de escuchar a los supuestos identitarios que lo único que hacen es llorar por la situación ECONÓMICA de españa, y pensando en las estúpidas y arcaicas recetas nacional sindicalistas como si se viviera de logros pasados. No se ha caído en la realidad de estos días. Po otra parte sería bueno distinguir entre una necesidad biológica y pensar por otra, que el número hace a la cuestión. Hasta hace poco, creía que la demografía hacía a la cuestión. Una típica actitud moderna de pensar que el número hace a la historia. y entodo caso esa realñidad siempre está a tiempo de ser revertida. Europa nunca se caracterizó por su masiva población. Basta con ver la peripecia China o India para darse cuenta. En cambio, gobernó, generó los más deslumbrantes Imperium...Señor Martínez, mis felicitaciones nuevamente por decir y escribir lo que muchos aún no entienden.

# Publicado por: Gerardo (Montevideo)
jueves, 11 de diciembre de 2008

¿?

Usted va mucho al cine, debe reconocermelo. No se puede volver al mito como si de Platon aca no hubiese ocurrido nada. El cristianismo, si es eso lo que echa a faltar, procede de una conversión, no de arquitecturas, calendarios o ausencia de luz electrica.

# Publicado por: A./ (Villajoyosa)
martes, 09 de diciembre de 2008

de acuerdo

Es curioso, pero lo que comenta el autor está en la línea casi diria que en la escuela de R Guenon la crisis del mundo moderno en ed. Paidos sólo que escrito en 1949. Felicidades por el artículo, bien expuesto e ideas claras. Más esclavizados estamos ahora que en la época medieval, comenzandopor el falso mito delprogreso. Saludos Kurt

# Publicado por: kurt hausser (vigo)
martes, 09 de diciembre de 2008

lea a S.Agustin

no es lo mismo contemplar el mito desde la distancia, con un cierto aire romantico, que ser esclavo de el como es el caso de la teocracia medieval. La esclavitud de los mitos era un engaño de los demonios que se aprovechaban de la ignorancia general, no olvidemos que los mitos eran explicaciones primarias que fueron constituyendose en cultos religiosos y despues en la filosofia y el Sr A.Martinez es la viva reedicion de esto. S.Agustin, el filosofo converso de Hipona lo explica perfectamente en su Ciudad de Dios. Gracias

# Publicado por: Jaume (playa de Gandia)
martes, 09 de diciembre de 2008

lea a S.Agustin

no es lo mismo contemplar el mito desde la distancia, con un cierto aire romantico, que ser esclavo de el como es el caso de la teocracia medieval. La esclavitud de los mitos era un engaño de los demonios que se aprovechaban de la ignorancia general, no olvidemos que los mitos eran explicaciones primarias que fueron constituyendose en cultos religiosos y despues en la filosofia y el Sr A.Martinez es la viva reedicion de esto. S.Agustin, el filosofo converso de Hipona lo explica perfectamente en su Ciudad de Dios. Gracias

# Publicado por: Jaume (playa de Gandia)
martes, 09 de diciembre de 2008

Si pero no

Reitero lo ya expuesto en una anterior intervención: Todo muy bonito veo un cierto recule universalista y me alegro por ello pero insisto: ¿de qué Europa estamos hablando? ¿De esa Europa anciana que ha dejado de tener hijos? Para poder tener alguna oportunidad de desarrollar esa Europa de la que habla el autor del artículo, es imprescindible que existan europeos jóvenes y fuertes, con ganas de luchar... ¿Cuál es la PATÉTICA realidad? Pues que mientras el autor con perdón se masturba mentalmente, Europa y los europeos siguen desapareciendo y siguen siendo SUSTITUIDOS por inmigración. Queda claro que lo primero que hay que erradicar en la mente de los europeos es su endofobia hedonista aunque suena contradictorio es lo que sucede, ni más ni menos. Mientras en Europa las mujeres y los acobardados hombres afeminados, y no me refiero a los homosexuales sigan creyendo que tener o tener hijos es una elección más y además no la más importante, están destinados a DEAPARECER para ser sustituidos por otras gentes que, al día de hoy, siguen teniendo claro que la REPRODUCCIÓN no es algo opinable ni elegible. Es curioso dramático comprobar que las mismas mujeres europeas que dicen no traer hijos al mundo, por ejemplo, debido a razones económicas, no tienen el menor reparo en FINANCIAR con sus impuestos que otras mujeres inmigrantes tengan todos los hijos que quieran, cuando lo cierto es que esas inmigrantes no cumplen con ninguno de los requisitos que las mujeres modernas europeas se auto imponen como IMPRESCINDIBLES PARA LA CRÍA DE HIJOS. Lo dicho, todo es una farsa: la mentalidad endofóbica europea que surgió mejor dicho, que se diseñó a partir de 1945 está en su última etapa. Un saludo.

# Publicado por: Ghalis (Madrid)
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