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Ternura, erotismo y clasicismo
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Lo que somos. Lo que nos mueve

Javier Ruiz Portella

Un dirigente socialista del Bundesbank denuncia los riesgos de la inmigración. ¿Qué piensa usted?
El alud inmigratorio puede acabar destruyendo la identidad y las raíces de Europa. De seguir así, a Europa "no la conocerá ni la madre que la parió".
La inmigración es inocua. Todos los hombres somos iguales. No tiene mayor importancia el país de donde uno es.
¡Qué va a destruirse Europa! Al contrario: se está enriqueciendo con la aportación de culturas tan ricas y diversas.


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¿Puede beneficiar a España la crisis?


Zapatero evitó la palabra mientras pudo, con piruetas verbales inverosímiles: no había crisis, sino "dificultades objetivas" y una "desaceleración profunda". Pero ahora la palabra ha venido para quedarse: todos sabemos que "hay crisis". El término anda en boca de todos, sale cada dos por tres en las más variopintas conversaciones. Sirve de justificación para cualquier cosa ("Es que con la crisis…"). Se ha convertido en el mantra cotidiano de los sufridos españolitos, cada vez más apurados para llegar a fin de mes.
ANTONIO MARTÍNEZ

15 de enero de 2009
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ANTONIO MARTÍNEZ

Zapatero evitó la palabra mientras pudo, con piruetas verbales inverosímiles: no había crisis, sino “dificultades objetivas” y una “desaceleración profunda”. Pero ahora la palabra ha venido para quedarse: todos sabemos que “hay crisis”. El término anda en boca de todos, sale cada dos por tres en las más variopintas conversaciones. Sirve de justificación para cualquier cosa (“Es que con la crisis…”). Se ha convertido en el mantra cotidiano de los sufridos españolitos, cada vez más apurados para llegar a fin de mes.

La realidad —la crisis económica galopante que cabalga desbocada— es terrible y dramática para muchas familias; pero la palabra —“crisis, crisis, crisis”— hasta nos puede venir bien. Los españoles, emborrachados por la euforia del ladrillo y del dinero barato, nos creímos ricos y nos pusimos masivamente a hacer tonterías: comprar lo que no podíamos comprar, pedir burradas por un pisito, poner los cafés a 1,20 euros —y más—, etc. Ahora ha llegado la época de las vacas flacas, condensada toda ella en la palabrita de marras.

Ahora bien: tal vez no nos damos cuenta de que esa palabra puede reportarnos insospechados beneficios. Repetida millones de veces cada día —en las familias, en las empresas, en los bares, en la televisión—, produce subterráneamente un efecto psicológico de largo alcance. “Crisis” nos remite a la idea de pobreza y de obligada austeridad. Saber que hay crisis nos devuelve la humildad que nos había sido hurtada por una ficticia apariencia de riqueza. La crisis nos disculpa de lo que antes nos hubiera dado vergüenza: comer de bocata en vez de ir al restaurante, mirar y remirar el euro antes de gastarlo, comprarnos las camisas del Carrefour. Le vemos las orejas al lobo, la pobreza acecha tal vez a la vuelta de la esquina (¿dónde está el comedor de Cáritas más próximo? Conviene andar prevenido). Y gracias a esto recuperamos la humildad y el sentido común. Nos creímos ricos y nos volvimos locos. Ahora nos vemos casi pobres y recuperamos la cordura.

Todas las culturas —menos la nuestra— han sabido que la pobreza, espiritualmente, es muy terapéutica. Cuando el hombre se sabe pobre, su orgullo se desinfla. Ahí reside, por ejemplo, el sentido del ayuno religioso. El hombre, para ser plenamente él mismo, debe hacerse compañero de la pobreza. Léon Bloy la amó. Francisco de Asís, el Poverello, la amó también. Y, por su parte, Heidegger nos recomendó convertirnos en pobres “pastores del ser” para recuperar la pureza originaria del mundo. En cierto sentido, se trata de recordar las enseñanzas del viejo Saturno: empobrécete, desnúdate, vete al desierto para reencontrarte con lo esencial.

Como es obvio, la cultura occidental contemporánea siente una fortísima alergia a reconocer estas verdades. Y no digamos ya la España adolescente de nuestros días, con las ridículas ínfulas de nuevos ricos en las que tantos necios han incurrido. Ahora, sin embargo, se nos han bajado los humos. Volvemos a ver menús a 8 euros: buena señal. Las familias, temerosas de un futuro incierto, vuelven a ahorrar. Los propietarios bajan el precio del piso que quieren vender. Se dejan de pedir préstamos personales para irse un fin de semana a Eurodisney. España regresa a la senda del sentido común: ya veremos por cuánto tiempo.

Por supuesto, una restricción brusca y masiva del gasto paraliza la economía y no ayuda a que la situación mejore: las tijeras de Saturno pueden producir un desaguisado. Tanto en la economía como en la vida hace falta también el principio contrario: la expansividad de Júpiter, que nos invita a tener confianza, a comprar y a gastar. El austero Saturno y el jovial y alegre Júpiter: dos fuerzas antitéticas, pero complementarias. La España posmoderna y atolondrada de los últimos años tenía clara su opción: un Júpiter enloquecido y sin freno, que hacía que las tarjetas de crédito echaran humo y que el precio de los pisos subiera a un ritmo frenético. Ahora Saturno, misericordioso y estricto, nos proporciona, en la simple palabra “crisis”, una sencilla medicina para nuestros males. ¿Aprovechará la lección esta España estúpida y engreída que nos ha tocado padecer? De momento, concedámosle el beneficio de la duda.

 


COMENTARIOS
lunes, 19 de enero de 2009

SI

Si, puede tener el beneficio de que mandemos a tomar por c. cuanto antes a este Gobierno. Pero sepan Vds. que no dimitirán, HAY QUE ECHARLOS.

# Publicado por: Vicente (Valencia)
lunes, 19 de enero de 2009

La verdad de la mentira

Recuerdo los titulares de los periodicos el día después de las elecciones: Los españoles encargan a Zapatero que les saque de la crisis. Acierta el articulo para que mucho ciego abra los ojos y sepa distinguir que la buena politica consiste en hacer buena economia y que los sectarismos estan mas que obsoletos en los paises civilizados.

# Publicado por: Edmundo Gonzalez (Granada)
viernes, 16 de enero de 2009

Pobreza fuente de riqueza

Nada que objetar al articulo, como siempre llenos de sentido comun gracias por reflejar con palabras lo que muchos pensamos.

# Publicado por: Paco (Murcia)
jueves, 15 de enero de 2009

Lo logico....

Por fin: ahora es tiempo que regresamos a la humilidad, al nacionalísmo y a nuestra iglesia.

# Publicado por: Edgardo (Nueva York)
jueves, 15 de enero de 2009

Bien merecido

A eso se le llama cura de humildad, y no solo me alegro por la lección moral que supone, no, me alegro por la oportunidad que le supone a cualquier alternativa a este bipartidismo de abrirse camino hacia un triunfo electoral.

# Publicado por: Fenriss (Murcia)
jueves, 15 de enero de 2009

crisis, palabra cabalística.

No solo trae la palabra crisis el sentido común en el gasto, sino tambien devuelve a la sociedad aquellos valores que fueron arrebatados a los jóvenes que hoy tienen alrededor de 25 años y que solo algunos lograron conservar, aunque muy debilitados y a costa de ser unos niños raros en su infancia. Me refiero valorar los actos, no la imagen de las personas; hablo de mantener con gallardía los criterios personales aunque fueran opuestos a los de la mayoría dominante; en resumen, de ser valiosa y no de tener cosas valiosas.

# Publicado por: marga (asturias)
jueves, 15 de enero de 2009

Ignacio

hola

# Publicado por: Julia (bilbao)
jueves, 15 de enero de 2009

Además

Además, quizá ahora caigamos en la cuenta de cómo hemos sido engañados por la clase política, enganchada a la economía del pelotazo y el despilfarro. Así, de igual modo que miramos un euro antes de gastarlo, miremos también dónde va nuestro voto antes de prestarlo. Para empezar deberíamos pedir un expediente de regulación de empleo para tanto político de relleno como hay en España.

# Publicado por: José Luis García (Cuenca)
jueves, 15 de enero de 2009

es verdad

al mi alrededor ahora la gente habla de comprar al alcampo, al carrefour..habla sin tapujo de dónde está el mecánico más barato..ojalá la gente siguiera en esa humildad humana. un saludo. www.debatimos.com

# Publicado por: Gaia (sevilla)
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