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    El Manifiesto. Periódico política y socialmente incorrecto

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Trilogía de la Jerarquía (y III)

El orden de las castas

Jesús J. Sebastián

5 de agosto de 2010
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JESÚS J. SEBASTIÁN

El instinto gregario de la especie humana para formar grupos sociales no es más que el impulso de agresividad reorientado hacia fuera e inhibido hacia dentro del grupo. Pero esta inhibición produce el nacimiento de una jerarquía natural que impone el orden de la sociedad y aumenta la cohesión interna ante la presión exterior. En las sociedades primitivas se descubre rápidamente la existencia del “caudillaje”, especialmente por los hallazgos arqueológicos funerarios, que muestran siempre un tipo de sociedad estratificada en nobles, plebeyos y esclavos. Por tanto, la primitiva sociedad paradisíaca de Rousseau, donde reinaba la igualdad del hombre en su estado salvaje, bien podría ser una emoción literaria, pero carece de base histórico-científica alguna.

Pero si la clase es una exigencia de la condición social del ser humano, es obvio que no fue inventada por el hombre, sino que surgió de situaciones tribales intrínsecas a la naturaleza del hombre. De esta opinión era Spengler, que oponía una clase superior, la nobleza de la tierra y de la sangre como nexo del campesino con la propiedad –teoría que Darré no pudo llegar a materializar-, a otra que sería la anticlase, la no-raza, la clase sacerdotal, microcósmica y desligada del mundo real. Aparece también la burguesía por la antítesis del mundo urbano –la ciudad- con el rural –el campo-, la cual inventa una falsa nobleza mercantil, una aristocracia del dinero; y, por último, la “cuarta clase”, la masa informe que persigue cualquier forma de distinción o rango que la eleven de su mediocridad.
 
Para Ortega y Gasset no merecía la pena discutir el problema de la existencia de clases sociales, pero hacía una original matización: incluso dentro de cada clase hay masa y minoría, los hombres creadores y los consumidores. El aristocratismo orteguiano es esencialmente dinámico porque establece el ciclo de la civilización como fruto del esfuerzo de una minoría egregia que ofrece al hombre-masa las ventajas y comodidades que, de otro modo, jamás hubiera alcanzado, y sobre cuyo origen “no puede ni quiere conocer”. Por ello, las diferencias de clase de su doctrina no están basadas en la desigualdad económica, sino en la distinción máxima de la inteligencia, la voluntad, la exigencia en sí mismo y el servicio a la comunidad.
 
Y cuando se habla de clases es de obligada referencia la cita de Marx con su descripción de la lucha de clases –después Hitler alimentaría la lucha de razas como superación de la anterior-, derivada del sistema de desarrollo y distribución de las fuentes de producción, como transición hacia una sociedad sin clases. Pero ni la existencia de clases puede vincularse con la economía (la historia lo denuncia), ni su abolición total es posible (la historia lo confirma), si partimos del hecho de que el hombre “no puede vivir fuera de la sociedad” y ésta no puede existir sin un orden jerárquico.
 
Así, el cerrado sistema de castas hindú, dividido en brahmanes (sacerdotes), kshatriya (nobles y guerreros), vaisya (cuidadores del ganado) y sudras (servidores) –omitimos deliberadamente a los “intocables”-, demuestra que las clases nada tienen que ver con la economía y que la milenaria sociedad india ha podido vivir su cultura social en torno a las teoría del dharma y del kharma como expresión de la movilidad social enmarcada en una supuesta reencarnación o renacimiento del individuo. Este sistema de castas o estratificación de clases responde, por otra parte, a la estructura ideológica “trifuncional” estudiada por Dumezil -soberanía política y religiosa, nobleza militar y servidumbre productiva-, fundamento social y organizativo de todos los pueblos indoeuropeos (y de otros pueblos conquistados por ellos).
 
Para Nietzsche es la naturaleza la que establece separaciones entre los individuos “espirituales”, los “más fuertes y enérgicos” y los “mediocres”, que son mayoría frente a “los menos” que, no obstante, son también los más perfectos; en consecuencia, el orden natural impone un “sistema de castas”, la jerarquía como ley suprema que separa a los tres tipos anteriores, norma necesaria para la conservación de una sociedad que posibilite la existencia de tipos superiores e inferiores. El filósofo alemán se remontaba, obviamente, a la civilización indo-aria para ejemplarizar su sistema jerárquico racial, en cuya cúspide sitúa a la “bestia rubia” germánica, antítesis de los representantes degenerados del judeo-cristianismo, dividiendo su sociedad ideal en “brahmanes”, guerreros y sirvientes, además de los “chandalas”, casta donde serían arrojados los mestizos, los tarados y los incapacitados : «El orden de las castas, la ley más elevada y más excelsa, es tan sólo la sanción de un orden de la naturaleza, una legitimidad natural de primer rango, sobre la cual ninguna arbitrariedad, ninguna “idea moderna” puede prevalecer. En toda sociedad sana, tres tipos, condicionándose mutuamente y gravitando diferentemente, se separan fisiológicamente entre sí; cada uno de ellos tiene su propia higiene, sus propias actividades laborales, sus propios sentimientos especiales de perfección, y su autoridad propia».
 
La ciencia de la etología, que estudia comparativamente el comportamiento animal y humano, ha demostrado que en el mundo animal, sea salvaje o doméstico, impera el principio de jerarquía como algo instintivo dentro de un grupo homogéneo. La jerarquía, pues, es una consecuencia del principio de sociabilidad que también se halla en numerosos mamíferos y otras especies con división de funciones. El hombre, como animal político y social, debe vivir en sociedad por imperativo sociobiológico y, dado que ésta no puede existir sin una organización funcional, separación de poderes, dedicaciones diferentes, distribución de tareas y misiones, la desigualdad social se convierte, además, en una necesidad de la vida comunitaria. Las castas tienen su origen en la inexorable desigualdad humana entre los que están destinados a mandar y los que están resignados a obedecer –y los que obedecemos y, en conciencia, nos rebelamos espiritualmente- y no en unas supuestas diferencias económicas, conquistadas o heredadas, como factor determinante del estatus social.
 
La mayoría de las utopías igualitarias –cristianismo, Revolución francesa, independencia americana, declaración de derechos humanos, marxismo, demoliberalismo, etc- han intentado, sin conseguirlo, hacer “tabla rasa” de toda la humanidad. ¡Ella, tan desigual! Sólo en el orden económico, centro de sus aberrantes especulaciones, sería posible la imposición de la igualdad si no fuese porque también a nivel individual –como sucede con los pueblos en el colectivo- la prosperidad material y espiritual es, asimismo, hija de cualidades específicas y diferenciales como son la inteligencia, la belleza, la voluntad y el trabajo. Mientras, los predicadores del igualitarismo equiparan la riqueza mental con la imbecilidad, el trabajo con la holganza, la tenacidad con la debilidad, el espíritu con la fealdad, la salud con el vicio. Proclamemos, pues, la imperiosa necesidad de la desigualdad humana como condición para un futuro más justo y más social, por descontado, pero menos igual.

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COMENTARIOS
sábado, 07 de agosto de 2010

Situación pandémica

Lo que expresa el satírico artículo no es más que una realidad que se presenta en la vieja Iberia y en Iberoamérica. Quizá la causa sea el cambio de costumbres originado por las películas de Hollywood, cuyo contenido mostraba conductas contrarias a nuestros valores así como las ´´modernas técnicas ´´ de educación promovidas por psicólogos de lo que, los grupos cristianos llaman la nueva Babilonia.

# Publicado por: Luis Antúnez (PERU)
viernes, 06 de agosto de 2010

Las Leyes nos hacen iguales

La naturaleza hace a los hombres desiguales, en genio,temperamento br fuerza y caracteres. Las Leyes corrigen esta diferencia porque colocan br el individuo en la sociedad para que educaciònla industria,las artes, los servicios, las virtudes le den una igualdad ficticia propiamente llamada polìtica y social.

# Publicado por: Pablo Gil Valera (Edo. Carabobo. Venezuela)
jueves, 05 de agosto de 2010

Virtud racional vs. fuerza irracional

Algo diferencia la potestad jerarquica como virtud moral y espiritual de la inteligencia humana, de la brutal capacidad dominante que es fuerza vital de los irracionales para demarcar su espacio y sus hembras con zarpasos y rugidos. No me suena mucho que un académico, un fílósofo, un sabio, o cualquiera otro ser humano talentoso, demarque zonas de dominio; pero sí me parece que estos pueden demostrar su jerarquía (su casta, sus virtudes) por medio del estudio, la superación, la disciplina y hasta la humildad en todos los campos, sin que para ello acudan a la fuerza del animal que domina con violencia. Las castas vienen a darse, dentro de la sociedad humana, por virtud y por merecimientos propios del intelecto. Otra cosa es que la decadencia de valores haga pensar y creer en castas fundamentadas en el patrón oro hoy convertido en factor de violencia.

# Publicado por: Miguel Antonio Velasco Cuevas (Popayán, Cauca, Colombia.)
jueves, 05 de agosto de 2010

San Pedro

El ´´Obedeced al Rey´´ esta es una Epistola petrina, no paulina. Disculpas.
Y me parece que lo politicamente incorrecto en muchas ocasiones es lo politicamente correcto y ademas bastante papanatas.

# Publicado por: Miolnir (Plymouth, Inglaterra)
jueves, 05 de agosto de 2010

Matices

En general, muy de acuerdo con el articulo. Solo algunos matices.
La ´´Egalite´´ de la RF es igualdad ante la Ley. Quiza tambien una cierta igualdad de oportunidades gracias al sistema publico de Educacion. Lo que se derivo de la RF fue un sistema de fuerte Principio de Jefatura: Bonaparte.
El ´´Todos los hombres son creados iguales´´ de la Declaracion norteamericana es igualdad en dignidad humana. En pocos paises del mundo se premia tanto el talento (economicamente tambien) como en USA.
Como es habitual lo meteis todo en el mismo saco: el marxismo si es igualitarismo clonico, la pesadilla de Orwell, pero el cristianismo no. ´´Obedeced al Rey´´ dice San Pablo. Los Derechos Humanos tampoco son tan malos (ya se que son una de vuestras bestias negras)
Saludos

# Publicado por: Miolnir (Plymouth, Inglaterra)
jueves, 05 de agosto de 2010

jerarquía

La jerarquía,palabra políticamente incorrecta en el mundo occidental,es algo consustancial a las sociedades animales.La manía igualitaria que nos asola,consecuencia de las democracias capitalistas,conduce,inevitablemente a la oclocracia,el gobierno de la plebe,es decir,a la mediocridad,a la vulgaridad,a la chabacanería,imperantes,hoy en día,en todas las manifestaciones sociales.¿Qué no es sino el arte actual o los programas de las televiones?,por poner dos ejempos.

# Publicado por: M.Pérez (La Coruña)
jueves, 05 de agosto de 2010

Una pequeña clarificación

Aunque en general acertad, en algún punto del artículo, el autor confunde la jerarquía y el liderazgo con la cuestión de las castas. Efectivamente, la jerarquía -la figura de líder- en las sociedades humanas es solo una continuación de la figura del macho dominante en los primates. Pero creo que las castas no ´´tienen su origen en la inexorable desigualdad humana entre los que están destinados a mandar y los que están resignados a obedecer´´, sino en la especialización, ya que el mayor desarrollo cerebral del homo sapiens le permite aplicar un principio -bastante eficaz por cierto- denominado especialización que no es posible -salvo excepciones- en el reino animal. Respecto a los utópicos de la igualdad, solo añadir que suelen ser bienintencionados pero, en general, incultos. A estas alturas del S. XXI todo el mundo sabe que la desigualdad mueve el mundo y la naturaleza. Sin ella no existiría la vida.


# Publicado por: Old newbie (Granada)
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