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"Dios los cría"… y Boadella y Dragó impugnan nuestro mundo



5 de octubre de 2010
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No se conoce ningún caso, salvo el de este libro, en el que dos creadores, famosos y de envergadura, desplieguen con semejante fuerza un pensamiento tan a contracorriente, tan resueltamente impugnador de los principios y valores que marcan nuestros días.

Todo pasa aquí por el tamiz de una crítica tan justa como inmisericorde. Todo pasa por su demoledora criba… y poco queda. Pasan la democracia y el igualitarismo, pasa la destrucción de la cultura en manos de unas masas tan atrevidas como ignorantes, pasa el «arte» en el que la fealdad se atreve a sustituir a la belleza. Y pasan multitud de cosas más. Pasa la sociedad de consumo, ésa que pretende (y lo consigue) que «el hombre —como decía Feuerbach, y Marx aplaudía— es lo que come». Pasan el feminismo y el matrimonio homosexual (contra el cual, salvo el nombre, nada tienen), pasa la degeneración de nuestro sistema educativo, pasa el turismo de masas y sus atrocidades varias, pasan las ONGs y la amenaza que la inmigración hace pesar sobre la identidad de Europa. Pasan también, ni que decir tiene, las mil corruptelas de nuestra casta política. Y pasa… que todo ello implica impugnar tanto a nuestra derecha como a nuestra izquierda; tanto a la derecha y a la izquierda del mundo como a las de esa España que se deshace carcomida por sus demonios secesionistas (españoles son…, y mal de España hablan ambos).
 
¿Queda algo, una vez que se ha impugnado todo ello?
 
Sí, queda el arte. Queda el teatro del uno y la literatura del otro. Y queda el juego: el gran juego que es la vida; aquel juego al que jugaba, por ejemplo, el Dalí que «hasta el final de su vida —dirá Boadella— jugó al escondite con la muerte»; aquel gran juego al que juega («jugaba», habría que decir) «Dionisos en el mundo mediterráneo, o Siva en el mundo oriental. Ambos bailan, danzan continuamente sobre el filo de la navaja: ¡Goza, diviértete grandemente!, nos dicen» —y nos reitera aquí su representante.
 
Y queda el otro juego que son los toros. Juego que también se juega —y grandemente— sobre el filo de la navaja: nada tiene que ver con los jueguecitos bobos de quienes sólo pequeñamente se divierten. Quedan los toros…, la gran pasión de ambos. «¡Prefiero una corrida de toros a la mejor representación de Shakespeare!», exclamará Boadella. Y Dragó: «¡La existencia misma de España se justifica por la corrida de toros!».
 
Quedan muchas cosas, como se ve. Queda también —tal vez sea lo último que el lector se esperaría encontrar aquí— la encendida defensa que ambos hacen de ese otro gran rito colectivo —«maravillosa idolatría pagana» lo llamará Boadella— que son nuestras procesiones de Semana Santa. Lógica defensa por parte de quienes, resueltamente alejados de cualquier sensibilidad clerical, defienden sin embargo la grandeza del ritual católico —latín, incienso, cantos gregorianos…— que el Vaticano abandonó, hace años, a raíz de su tristemente célebre Concilio.
 
¿Cómo entenderlos?… ¿Por dónde coger a estos dos? ¿Son meapilas fascinados por la misa en latín… o anticlericales tan decididos como idólatras? ¿Cómo etiquetarlos? Puesto que no dejan títere con cabeza de los grandes iconos que reverencia la izquierda (feminismo, igualitarismo, democratismo, buenismo…), ¿será éste, quizá, el libro de unos recalcitrantes derechistas? No, en absoluto. La visión pacata y retrógrada de la vida no es decididamente la suya. Como tampoco lo es la concepción mercantilista de un mundo en el que muere el espíritu y todo queda reducido a la irrefrenable codicia del tener y poseer.
 
No son Dragó y Boadella ni de derechas ni de izquierdas: eso al menos está claro. ¿Son, pues, gente inclasificable, imposible de etiquetar, de encajonar? Imposible, en efecto. Pero ¿por qué? ¿Será porque son precisamente estos carcomidos cajones, estas vetustas etiquetas —¡Derecha, izquierda, izquierda, derecha…!— lo que se impone —…¡Altoooo, ya!— arrinconar, desechar de una vez por todas? ¿Será porque lo que se impone es repensarlo todo sobre otras bases, sobre nuevos cimientos, olvidándonos de una «derecha» y de una «izquierda» que cada vez se parecen más entre sí: como las manos que nos cuelgan a ambos lados del cuerpo?
 
De eso se trata, en efecto Pero ¿es tan novedosa esta actitud? ¿Acaso nadie más piensa cosas por el estilo? ¿No hay otros pensamientos profundamente impugnadores de nuestro mundo? Haberlos, haylos, claro está. Pero o son plomizos, o carecen de interés, o se hallan en cualquier caso marginados extramuros del gran Show system de la cultura (así la llaman) fuera del cual uno simplemente no existe.
 
Y ése es el gran mérito de nuestros autores. Saben, si es preciso, pactar con el diablo, hacerle mil diabluras, estar en el candelero, jugar con fuego… y no quemarse. Dragó, por ejemplo, es todo un as, ese hombre de televisión que hasta en sus propios programas impugna la televisión: «ese invento del Maligno».
 
Extractos del prólogo de Javier Ruiz Portella a Dios los cría… Y ellos hablan de sexo, drogas, España, corrupción…
Por Albert Boadella y Fernando Sánchez Dragó.

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COMENTARIOS
miércoles, 06 de octubre de 2010

Cuidado que nos coge el toro

Críticas, burlas es pérdida de tiempo, todo esto, hasta los más ineptos lo hacen. Es el método ideal de acumular basura. La revolución del neolítico quedó, la creación de 20 nuevas naciones se logró, el concepto de Estado de los Reyes Católicos quedó, y los proyectos valiosos para el hombre, pueden quedar. El español, el europeo y el hombre del resto del mundo deben construir. Los orientales dicen que El que sabe no habla y el que habla no sabe. Construir no destruir es lo que debiera prevalecer en más mentes. Mientras perdemos el tiempo leyendo estupideces, se está destruyen el planeta del que España, también es parte.

# Publicado por: C. Munárriz (Pamplona)
miércoles, 06 de octubre de 2010

Qué monos ambos

´´Quedan los toros, la gran pasión de ambos. ¡Prefiero una corrida de toros a la mejor representación de Shakespeare!, exclamará Boadella. Y Dragó: ¡La existencia misma de España se justifica por la corrida de toros!. Boadella y Dragó, ambos dos´´
También quedan los mediocres y los brutos, una especie tan normal como abundante en nuestra querida España. Yo añadiría que ´´la existencia misma de España se justifica por los brutos e ignorantes que aman la barbarie de las corridas de toros.
Hasta aquí tenía respeto por ambos , después de leída esa perla de frase, nada de nada. Un cordial saludo.


# Publicado por: M Dolores (Guadalajara)
martes, 05 de octubre de 2010

(Saludos al espíritu de Soseki)

Boadella y Dragó, juntos y revueltos ¡No me lo pierdo! Nunca he leído nada de Boadella, pero comparto algunas de sus opiniones sobre la tribu, además su figura me causa simpatía, y aunque solo sea por romper el bloqueo al que le someten los separatistas, ya merece la pena. En cuanto a Dragó, si este libro es la mitad de bueno que lo que suele publicar, bien invertido está lo que cueste el libro. Desde el extranjero, por las noches se le echa en falta, a él, a su gato y al whisky. La pantallita de la caja tonta, no es lo que era y desde su marcha de TeleMadrid, ya no sintonizo tv en español.

# Publicado por: Juan (Estocolmo)
martes, 05 de octubre de 2010

Qué canalla

Así, Luis, que la lectura de Gárgoris y Habidis le llevó a ampliar su vocabulario...¡qué canalla el Dragó!

# Publicado por: Osvaldo (Madrid (España))
martes, 05 de octubre de 2010

Se entenderá

Solamente he leido un libro de Dragó, ´´Gargoris y Habidis´´, y no fui capaz de terminarlo, por el lenguaje lleno de palabras casi en desuso o en desuso total. Tenía que cojer el diccionario en cada página tres, cuatro o más veces, con lo cual la lectura se alargaba que parecía no iva a acabar. Si este libro tiene ese mismo lenguaje, en el que parece que no quiere que s le entienda, no lo aconsejo.
Como son dos escritores quiza se entienda algo.

# Publicado por: LUIS (MADRID)
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