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CULTURA
Una cosa es la Historia, y otra la memoria

Gonzalo Esteban

14 de marzo de 2013
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GONZALO ESTEBAN

Hace algunos años Áltera publico un estudio de Alain de Benoist titulado Comunismo y Nazismo. 25 reflexiones sobre el totalitarismo en el siglo XX (1917-1989). En la introducción, encontramos una interesante reflexión acerca de las diferencias entre dos conceptos capitales para entender el pasado a la luz de la historia. Estos conceptos que, a primera vista, pueden poseer cierta similitud; un estudio en profundidad nos revelerá su distinta naturaleza.
 Creo que es pertinente aclarar este punto para profundizar en el estudio que el pasado sábado 23 de febrero nos propuso El Manifiesto acerca de nuestra guerra civil.
 El texto es el siguiente:
«Antaño ciego ante el totalitarismo, el pensamiento es ahora cegado por él”, escribía con razón Alain Finkielkraut en 1983 [1] El debate inaugurado en Francia por la publicación del Libro negro del comunismoconstituye un buen ejemplo de esta ceguera.
»Otros acontecimientos que, regularmente, obligan a nuestros contemporáneos a enfrentarse con la historia reciente, también ilustran la dificultad de determinarse en relación con el pasado. Esta dificultad se ve hoy acentuada por la confrontación entre un enfoque histórico y una “memoria” celosa de sus prerrogativas, la cual tiende en lo sucesivo a afirmarse como valor intrínseco (habría un“deber de memoria”), en moral sustitutiva, o incluso en nueva religiosidad. Ahora bien, la historia y la memoria no tienen la misma naturaleza. Desde diversos puntos de vista, incluso se oponen radicalmente.
»La memoria dispone, por supuesto, de su legitimidad propia, en la medida en que aspira esencialmente a fundar la identidad o a garantizar la sobrevivencia de los individuos y los grupos. Modo de relación afectiva y a menudo dolorosa con el pasado, no deja de ser ante todo narcisista. Implica un culto del recuerdo y obsesiva remanencia del pasado.
»Cuando se basa en el recuerdo de las pruebas sufridas, estimula a quienes se reclaman de las mismas a sentirse titulares de la máxima pena y sufrimientos, por la sencilla razón de que siempre se siente con mayor dolor el sufrimiento experimentado por uno mismo.
»(Mi sufrimiento y el de mis allegados son, por definición, mayor que el de los demás, puesto que es el único que he podido sentir.) Se corre entonces un gran riesgo de asistir a una especie de competencia entre las memorias, dando a su vez lugar a una competencia entre las víctimas.
»La memoria es necesariamente selectiva, puesto que se basa en una “puesta en intriga del pasado” (Paul Ricoeur) que implica necesariamente una elección — por lo cual el olvido es necesariamente constitutivo de su formación —, imposibilita cualquier reconciliación, manteniendo de tal forma el odio y perpetuando los conflictos. Al abolir la distancia, la contextualización, es decir, la historización, elimina los matices e institucionaliza los estereotipos. Tiende a representar el encadenamiento de los siglos como una guerra de los mismos contra los mismos, esencializando de tal modo a los actores históricos y sociales y cultivando el anacronismo.
»Como lo han señalado certeramente Tzvetan Todorov y Henry Rousso, [2] memoria e historia representan en realidad dos formas antagónicas de relacionarse con el pasado.
»Cuando esta relación con el pasado avanza por el camino de la memoria, nada le importa la verdad histórica. Le basta con decir:“¡Acuérdate!” La memoria empuja de tal modo a replegarse identitariamente en unos sufrimientos singulares que se juzgan incomparables por el solo hecho de identificarse con quienes han sido sus víctimas, mientras que el historiador tiene, por el contrario, que romper en toda la medida de lo posible con cualquier forma de subjetividad.
»La memoria se mantiene mediante conmemoraciones; la investigación histórica, mediante trabajos. La primera está al abrigo de dudas y revisiones. La segunda, en cambio, admite por principio la posibilidad de ser cuestionada, en la medida en que aspira a establecer hechos, aunque estén olvidados o resulten chocantes para la memoria, y a situarlos en su contexto con objeto de evitar el anacronismo. El enfoque histórico, para ser considerado como tal, tiene, con otras palabras, que emanciparse de la ideología y del juicio moral. Ahí donde la memoria exige adhesión, la historia requiere distanciación.
»Es por todas estas razones, como lo explicaba Paul Ricoeur en el coloquio “Memoria e historia”. Organizado el 25 y 26 de marzo de 1998 por la Academia Universal de Culturas de la UNESCO, por lo que la memoria no puede sustituir a la historia. “En un Estado de derecho y en una nación democrática, lo que forma al ciudadano es el deber de historia y no el deber de memoria”. Escribe por su parte Philippe Joutard.[3] La memoria, por último, se hace exorbitante cuando pretende anexionarse la justicia. Ésta, en efecto, no tiene como finalidad atenuar el dolor de las víctimas u ofrecerles algo equivalente al dolor que han sufrido. Tiene por finalidad castigar a los criminales en relación con la importancia objetiva de sus crímenes, y habida cuenta de las circunstancias en las que han sido cometidos. Anexionada por la memoria, la justicia se convierte inevitablemente en venganza, cuando es precisamente para abolir la venganza por lo que fue creada.
»Después de la publicación del Libro negro, hay quienes han reclamado un “Nuremberg del comunismo”. Esta idea, presentada por primera vez por el disidente ruso Vladimir Bukovski,[4] y generalmente recuperada con fines puramente polémicos, es como mínimo dudosa. ¿Para qué juzgar a quienes la historia ya ha condenado? Por supuesto que los antiguos países comunistas, si así lo desean, pueden perfectamente hacer comparecer a sus antiguos dirigentes ante sus tribunales, pues la justicia de un país determinado garantiza el orden interno de este país. No ocurre lo mismo con una justicia “internacional”, de la que se ha demostrado con creces que se basa en una concepción irresista y adormecida de la función jurídica, y más concretamente en la idea de que se puede desvincular el acto judicial de su contexto particular. Más profundamente, también se puede pensar que la función de los tribunales consiste en juzgar a hombres y no a ideologías o a regímenes.“Pretender juzgar un régimen — decía Hannah Arendt — es pretender juzgar la naturaleza humana”. Hace cuatro siglos, el edicto de Nantes ya proclamaba en su artículo primero la necesidad de acallar la memoria para restaurar una paz civil descompuesta por las guerras de religión: “Que la memoria de cuantas cosas acaecieron por un lado y por el otro, desde el comienzo del mes de marzo de 1585 hasta el advenimiento de la corona, y durante las algaradas anteriores y con ocasión de aquestas, mantendráse apagada y adormecida, como cosa que acontecido no hubiere; y ni derecho ni potestad tendrán nuestros fiscales generales, ni otras cualesquiera personas, en momento alguno o por la razón que fuere, de efectuar mención, acusación o proceso ante la audiencia o la jurisdicción que fuere”.
»El pasado ha de pasar, no para caer en el olvido, sino para hallar su lugar en el único contexto que le conviene: la historia. Sólo un pasado historizado puede, en efecto, informar válidamente al presente, mientras que un pasado mantenido permanentemente actual no puede sino ser fuente de polémicas partidarias y de ambigüedades.»
[1] )- Le Messager européen, 7, 1983 .
[2] )- Tzvetan Todorov, Les abus de la mémoire, Arléa, 1995; Henry Rousso, La hantise du passé. Entretiens avec Philippe Petit, Textuel, 1998.
[3] ) - «La tyrannie de la mémoire». enL’Histoire, mayo de 1998, pág. 98.
[4] )- Jugement à Moscou. Un dissident dans les archives du Kremlin, Robert Laffont, 1995 (2.ª ed.), Hachette, 1996.

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COMENTARIOS
viernes, 15 de marzo de 2013

Esquizoides...

Sr. Gonzalo Esteban: con todos mis respetos, le señalo que si Ud. ha llegado a la conclusión de que Lutero era simplemente un ´´tontiloco esquizoide´´ (traducir la Biblia al alemán debió ser una tontería), será por culpa de los ´´historiadores´´ de los que se ha nutrido. No creo que esté hablando de una experiencia personal, en este caso. De esquizoides está plagada la historia de las artes y de las ciencias. Y tambien los altares...

# Publicado por: Amando (Madrid)
viernes, 15 de marzo de 2013

LUTERO

Dejemos a los historiadores que juzguen la figura del ex agustino.

Claro que la ´´reforma´´ fue un proceso más complejo de lo que su profesor de teología afirmaba. No cabe duda que, siendo el factor religioso importantísimo en su desarrollo, el político tuvo una notable importancia. Los príncipes alemanes vieron en el esquizoide y tontiloco (esto lo afirmo yo a título personal) Lutero la oportunidad de emanciparse de la tutela imperial.


# Publicado por: Gonzalo Esteban (Madrid)
jueves, 14 de marzo de 2013

No sólo Carlos I de España...

Sr. Gonzalo Esteban: tiene Ud. mucha razón. Cuando yo tenía 14 años, en pleno franquismo ´´triunfante´´, el obligado profesor de religión (por cierto, titular de una importante parroquia madrileña), al enseñarnos Apologética nos decía que Lutero había montado la Reforma Protestante para poder casarse con una monja (sic). Se lo agradecí siempre, porque con ello despertó muy vivamente mi espíritu crítico. Quise conocer otra opinión y me dirigí a la iglesia luterana de la embajada alemana (en la Castellana). A partir de aquello empecé a comprender mejor, por lo que les comprendo bien a Ud. y a la jovencita bilbaína estudiante de Letras...

# Publicado por: Amando (Madrid)
jueves, 14 de marzo de 2013

OTRA CURIOSIDAD

Recuerdo que hace años una conspicua representante de la izquierda cultural (si se me permite la paradoja), a la sazón directora de la Biblioteca Nacional, pretendió retirar la estatua de Marcelino Menéndez Pelayo del lugar de honor que ocupa en el vestíbulo de tan honorable institución por razones ideológicas. Omitiré el nombre de la señora por decoro.

Y qué decir de lo que comenta acerca del césar Carlos... No sé las generaciones que deberán pasar para restañar todo el daño que la manipulación de la historia ha provocado en miles y miles de estudiantes. Y lo que es peor: ¿hay solución? Creo que no.

# Publicado por: Gonzalo Esteban (Madrid)
jueves, 14 de marzo de 2013

UNA CURIOSIDAD

Gonzalo, en cuanto a tu último párrafo, ahí va un comentario de la hija veinteañera de una buena amiga de Bilbao ante mi pregunta de si conocía a Carlos V: ´´ese era un fascista español´´. Y la chavala es universitaria, de letras y con curriculum de matrícula de honor.......

# Publicado por: M Luisa Ottomano Queraltó (Alcalá de Guadaíra)
jueves, 14 de marzo de 2013

EL HISTORIADOR NO PUEDE SER JUEZ, AUNQUE SEA PARTE.

Pocos historiadores he leído que sean totalmente objetivos, la mayoría interpretan los hechos según su ideario político y/o religioso. Es comprensible pero no admisible. Para escribir de historia es imprescindible beber de muchas fuentes y escarbar en la memoria histórica de muy distintos personajes y escuchar (o leer), el relato sobre las vivencias de gente que lo vivieron en primera persona......
Leer mas en EL HERALDICON.BLOGSPOT.COM

Juan José Gómez. 14 de Marzo del 2013


# Publicado por: Juan José Gómez Montes (Palencia)
jueves, 14 de marzo de 2013

PROTAGONISMO.-

Además de todo eso, el protagonismo (garzonismo político) es la bandera que ondea, siempre que haya que dictaminar, dilucidar o establecer criterios mas allá de lo razonable. ´´Mi idea me la van a aplaudir los de mi bando´´. De ahí que la memoria histórica sea todo menos científica. Sigo defendiendo mi punto de vista sobre el cainismo español que esbozaba días atrás en otro comentario de tipo bélico.-

# Publicado por: Roberto del Olmo García (Godella)
jueves, 14 de marzo de 2013

LA HISTORIA Y SU ENSEÑANZA

Atinado comentario señora Ottomano.

El problema de esta disciplina es que su enseñanza ha estado -y aún está desgraciadamente- en manos de unos dizque docentes infectados por el virus del marxismo tanto a nivel universitario como en la enseñanza más básico. Dictadura de lo políticamente correcto y de un progresismo trasnochado.

Por no hablar de la oprobiosa manipulación que sufre esta disciplina en manos de los diferentes nacionalismos que asolan España y cuyo objetivo último es la degradación de ésta.

# Publicado por: Gonzalo Esteban (Madrid)
jueves, 14 de marzo de 2013

Maestra de la Vida

Si la Historia es ´´maestra de la vida´´, lo es indudablemente porque enrriquece a la sociedad con experiencias válidas para su desarrollo, de la misma forma que la memoria personal. En ambos casos lo importante es interpretar los hechos dentro de un paradigma de valores ´´universales´´, válidos por encima de circunstancias relativizadoras. Matar a otro es malo per se. Por ello, nadie lo considera bueno cuando lo que está en juego es su propia vida, sea cual sea la cultura en la que se halle inmerso . La regla es: ´´no hagas a otro lo que no quieres que te hagan a ti´´. Tomando como parámetros esos valores universales podemos permitirnos interpretar los hechos históricos como exponentes de la evolución alcanzada por la sociedad en cada momento del pasado. De ahí que la sociedad, al igual que los individuos, no pueda avanzar sin memoria. Lo importante es no convertir en valores ´´universales´´ lo que son sentimientos, resentimientos y apñfreciaciones coyunturales...

# Publicado por: Amando (madrid)
jueves, 14 de marzo de 2013

MEMORIA-DESMEMORIA

Concienzuda reflexión que debiéramos hacernos todos a la hora de encarar unos hechos en los cuales estamos implicados, queramoslo o no. Me refiero a la consabida Guerra Civil y su actual subproducto llamado ´´memoria histórica´´ por unos y ´´desmemoria histórica´´ por otros. Solución a esta dicotomía es potenciar la disciplina histórica como ciencia objetiva -en la medida de las posibilidades humanas- contraponiéndola a las subjetividades representadas por la exaltación de las diferentes memorias. Claro que esto solo podría darse en una sociedad culta y de incultura andamos sobrados. Pero el real conocimiento de las motivaciones de los hechos históricos da mucho que pensar y eso no les interesa a los amos del redil.

# Publicado por: M Luisa Ottomano Queraltó (Alcalá de Guadaíra)
jueves, 14 de marzo de 2013

LEY DE LA MEMORIA HISTÓRICA

A la luz de lo expuesto en el artículo, queda totalmente de manifiesto el disparate que supuso la aprobación por parte del orate Zapatero y su gobierno de la ley mencionada en el título de mi comentario.

Un desatino mayúsculo cuyo objetivo fue reabrir las heridas, ya cicatrizadas, provocadas por la guerra civil española.

# Publicado por: Gonzalo Esteban (Madrid)
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