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A los Estados Unidos les sale un problema separatista: Vermont


Lo último que podía uno imaginarse era que a los Estados Unidos les saliera, a estas alturas, un problema separatista, pero así es. Y no en el veterano sur confederado, sino en el norte, en la linajuda Nueva Inglaterra: el estado de Vermont, tan pequeño como rico y tan rico como izquierdista, que en estos últimos años es presa de una viva agitación independentista. Un porcentaje nada desdeñable de vermonteses dicen que quieren ser “la Suiza de Norteamérica”. Y van en serio.
elmanifiesto.com

21 de junio de 2007
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Elmanifiesto.com

Algunos de los habitantes de Vermont quieren independizarse de Estados Unidos –pacíficamente, claro-. Desilusionados de los que llaman, “un Imperio que cae”, un pequeño grupo de intelectuales y escritores está llevando a cabo su particular estrategia, sembrando las semillas del separatismo. Han publicado el “Manifiesto Montaña Verde” (“Green Mountain”), subtitulado “Cómo y por qué la pequeña Vermont podría ayudar a salvar América de sí misma separándose de la Unión”. Esperan plantear la cuestión a los ciudadanos en el “Día de la Reunión de la Ciudad” (Town Meeting Day) y, finalmente, persuadir a la Legislatura estatal para declarar la independencia y volver al status que ostentaron desde 1777 a 1791. Si todo ello es posible, esa es otra cuestión.

La idea ha sido del agrado de muchos en Vermont, un estado de inclinación izquierdista: fue el primero que dijo sí a las uniones civiles y no a la esclavitud, y el año pasado eligió a un socialista para el Senado de E.E.U.U. Unas trescientas personas secundaron la idea en una primera convención secesionista en el 2005 en el Statehouse, y los planes para una segunda están en proceso. La encuesta realizada este año por el “Centro de Estudios Rurales de la Universidad de Vermont” demostró que el 13% apoyaba la secesión, un 8% más que el año anterior.

“El argumento secesionista es el siguiente: E.E.U.U. se ha convertido en un imperio que es esencialmente ingobernable, demasiado grande, demasiado corrupto y que ya no sirve a las necesidades de los ciudadanos”, dijo Rob Williams, editor del Vermont Commons, un periódico dedicado a las ideas secesionistas. “Las multinacionales –añade- tienen más poder que el Congreso y el brazo ejecutivo. El fraude electoral existe, así como un aumento de la corrupción corporativa, y nuestra cultura es el militarismo y la guerra. Si le interesa la democracia, el auto-gobierno o cualquier tipo de sistema representativo, la única solución es disgregar pacíficamente el Imperio. Sólo así podemos salvar lo que aún queda de nuestra República”.

No es broma

Estas tendencias tienen una larga historia. La ciudad de Killington intentó unirse a New Hampshire en 2004, y en Hawaii, Alaska, New Hampshire, South Carolina y Texas existen movimientos secesionistas. El de Vermont, estancado durante años, ha ganado apoyos por el desencanto que ha propiciado la Guerra de Irak, aumentando los precios del petróleo y la formación de grupos pro-secesionistas.

Entre sus teóricos: Thomas Naylor, de setenta años, un profesor de economía ya retirado, que escribió el Manifiesto y fundador de la Segunda República de Vermont, un grupo pro-secesionista de presión; Kirkpatrick Sale, de sesenta y nueve años, fundador del Instituto Middlebury, que albergó el otoño pasado la Convención Separatista de Norte América, con representantes de dieciséis organizaciones distintas, y que co-esponsoriza otra el próximo octubre en Chattanooga (Tennesse). También hay que contar a Frank Bryan, de sesenta y cinco años, profesor de la Universidad de Vermont y la cabeza más visible del movimiento durante años.

El Manifiesto de 112 páginas de Naylor contiene una pequeña pero interesante explicación de cómo podría resistir Vermont sin ayudas federales en temas como la seguridad, la educación y los programas sociales. “Una vez que la secesión se llevara a cabo, querríamos nuestra propia moneda, pasaporte y algún tipo de gobierno representativo. Después de esto, Vermont se convertiría en un imán”, dijo recientemente Naylor durante una sesión en la que se estaba organizando la estrategia a seguir. “La gente querría venir a la República de Vermont, que se convertiría en la Suiza de Norte América”, dijo. “De verdad, sería una invasión, no podríamos mantenerlos alejados de nosotros”.

Pero también hay muchos escépticos. “No tiene sentido, ni económicamente, ni políticamente, ni históricamente. Exceptuando esto, es una buena idea”, dijo Paul Gillies, un abogado e historiador de Vermont. Aunque ni la Constitución de Vermont ni de la Estados Unidos prohíben la secesión per se, pocos creen que sea viable. “Yo siempre pensé que la Guerra Civil había dejado esta cuestión más que resuelta”, dijo Russell Wheeler, un experto constitucionalista en leyes de la Institución de Brookings en Washington D.C. “Vermont tenía un ejército poderoso y dijo ´Dejamos la Unión`, y el gobierno nacional le dijo, `No, no lo haréis`. Lucharon y Vermont ganó. Así que Vermont demostró que podía hacer lo que quería. Pero no va a ocurrir nada hoy en día”, dijo. “Por ahora los secesionistas intentan conseguir el apoyo suficiente para que el asunto aparezca en la agenda del Día de la Reunión de la Ciudad”.

“Somos seres humanos normales”, dijo Williams, de treinta y nueve años, profesor de Historia en la Facultad de Champlain. “Pero esto no es una broma. Queremos que la gente de Vermont piense en las opciones de futuro. ¿Quieren permanecer en un Imperio que está atravesando gravísimos problemas?”.


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