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TRIBUNA
La peste española


Domènec Martí i Julià atribuía a los españoles, a diferencia de los catalanes, una acentuada tendencia hacia el crimen, el alcoholismo, la blasfemia y la fornicación. Incluso llegó a escribirse en alguna publicación que se desaconsejaban los matrimonios entre catalanes y españoles, dada la afición de estos últimos a poner los cuernos.
Jesús Laínz

24 de febrero de 2015
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JESÚS LAÍNZ


Pasados ya algunos meses desde el fin de la un tanto histérica alerta por un
 ébola del que ya nadie se acuerda, demos gracias a Dios porqueTeresa Romero haya vuelto a nacer y porque parece que la extensión de esta nueva peste en suelo español es improbable. Esperemos que también pueda controlarse en sus focos africanos.
Pero mientras la enfermera luchaba con la muerte, a algún desalmado todavía le quedaron ganas de hacer chistecillos. Ése fue el caso del exconsejero de ERC Josep Huguet, que aprovechó el tirón mediático del asunto para manifestar de nuevo el innato desprecio al resto de España que constituye el cimiento sentimental más profundo de eso que se llama catalanismo. Mezclando demagógicamente el virus con la política, Huguet lanzó al ciberespacio este simpático párrafo:
«La casta mantiene en cuarentena a Catalunya por el 9-N. El mundo pone España en cuarentena por el ébola. La peste española múltiple amenaza la estabilidad de la UE.»
Evidentemente, sus correligionarios celebraron la gracia.
Ese desprecio visceral arrancó en torno al desastre del 98 en una Cataluña que hasta ese momento se había destacado precisamente por lo contrario, por ser la más ferozmente española de todas las regiones. Pero el contraste entre una Cataluña económicamente pujante y una España política y militarmente decaída provocó eso que Joan Maragall definió entonces como una repulsión de raza y que, por culpa de los políticos que la han seguido azuzando, ha llegado, muy fortalecida, hasta hoy. Tan fortalecida que hasta ha contagiado a cientos de miles de hijos de otras regiones españolas, sobre todo las meridionales, que, ignorantes del desprecio provocado por su estirpe, se han apuntado al bando despreciador.
La cosa comenzó muy temprano. No había acabado aquel nefasto 1898 cuando Prat de la Riba, el padre fundador, escribió un opúsculo para explicar a los periodistas europeos que "los castellanos son un pueblo en que predomina el carácter semítico" por la "inoculación de sangre árabe y africana" consecuencia del 711. Carácter semítico que provocaba el apartamiento de España respecto de los "pueblos civilizados de Europa".
Por aquellos mismos años Pompeu Gener sostenía que como los catalanes "somos indogermánicos de origen y de corazón, no podemos sufrir la preponderancia de tales elementos de razas inferiores". Por ese motivo,
«tenderemos a expulsar todo lo que nos importaron los semitas de más allá del Ebro: costumbres de moros fatalistas, hábitos de pereza, de obediencia ciega, de crueldad, de despilfarro, de inmovilismo, de agitanamiento, de bandería y de suficiencia estúpida.»
Su correligionario Domènec Martí i Julià, director de manicomio, atribuía a los españoles, a diferencia de los catalanes, una acentuada tendencia hacia el crimen, el alcoholismo, la blasfemia y la fornicación. Incluso llegó a escribirse en alguna publicación catalanista, como por ejemplo La Tralla, que se desaconsejaban los matrimonios entre catalanes y españolesdada la afición de estos últimos a poner los cuernos.
Para evitar estos trastornos L’Estat Català, periódico de Frances Macià, animaba en 1923 a evitar el matrimonio con españoles:
«Es preciso infiltrar a la mujer catalana una máxima repulsión por toda unión que además de entregar al enemigo tierra y bienes catalanes, venga a impurificar la raza catalana.»
Además, había que tener en cuenta que en la sangre española se agazapan varios inconvenientes. El periódico ¡Nosaltres Sols! publicó en 1931 una tabla de reglas de patriotismo sexual en la que se explicaba que "el individuo de sangre catalana-castellana es híbrido, infecundo, como no puede ser de otra manera" y que, aunque los vástagos que pudieran salir de tal unión podrían aprender la lengua catalana,
«el imperialismo y antiliberalismo innato y congénito en su padre perjudicará notablemente su catalanidad.»
Cuatro años más tarde Josep Antoni Vandellós advertiría sobre el peligro para Cataluña proveniente "de la constitución de un tipo de hombre de cualidades raciales inferiores a causa de la asimilación de los elementos de la inmigración". Pero hasta para la coyunda hay clases, pues mientras que el cruce con aragonés podría hacer "perder en agilidad mental lo que se gana en tenacidad", con murcianos y andaluces era cosa distinta: "El verdadero problema lo constituyen los sur-levantinos". Efectivamente, los murcianos fueron el blanco del odio de los catalanistas del primer tercio del siglo XX, pues se les atribuyó la capacidad de contagiar a los catalanes el comunismo, el anarquismo y el tracoma.
Por exigencias del guión, tras 1945 hubo que cambiar algo el discurso, aunque continuara el disgusto por la llegada de emigrantes del resto de España a la industria catalana. Pero a los dirigentes catalanistas no les pasó desapercibida la nueva oportunidad que podría jugar a favor de la futura Cataluña en su pulso con España: si se lograba asimilar ideológicamente a los recién llegados, aumentaría el peso demográfico de Cataluña en la misma proporción en la que disminuiría el de España. Y así Josep Maria Batista i Roca, presidente del Consell Nacional Català, celebraría en 1973 que
«en las tierras catalanas aumentamos de población ganando no-catalanes. En las tierras castellanas disminuyen de población perdiendo castellanos. Lo esencial es el balance demográfico final entre unos y otros, y su repercusión en la infraestructura demográfica del sistema de fuerzas centrífugas y centrípetas periféricas y centrales.»
El tiempo le dio la razón, pues hoy muchos cientos de miles de acérrimos separatistas provienen de esa España tan despreciada de la que han renegado para sumarse al bando de los superiores. Una manera como cualquier otra de ascender en la escala social.
Es cierto: en España sufrimos una peligrosísima peste. Pero no se trata del ébola, de muy reciente aparición. La nuestra llevamos sufriéndola ya más de un siglo.

© Libertaddigital


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COMENTARIOS
miércoles, 25 de febrero de 2015

Para los franceses los catalanes no existen

En Cataluña le han copiado a los franceses, es comun que los franceses traten a los españoles en forma marginal, en cualquier escala social o laboral, pero en Francia a los negros de sus colonias especialmente de américa, el trato es hasta de respecto (o de miedo), ahí está esta discotomia (?¿) En españa no existen solamente catalanes y castellanos, están los murcianos, aragoneses, gallegos, asturianos, y los verdaderos descendientes de los visigodos que son los andaluces blancos, y que me cuentan de los vascos? los vasco no le dan bolilla a los catalanes, ellos hacen su vida tranquila, son españoles, vascos y no se andan con semejantes tonterias, y sigo insistiendo que los vascos, igual que los asturianos y gallegos, si bien son diferentes a los castellanos, siguen siendo un misterio, pero que podemos hablar de los catalanes, no tienen nada de extraordinarios, aparte de haberse codeado con los franceses, pero los franceses los consideran españoles, no cstalanes.

# Publicado por: Eduardo Luis Aprea García (Córdoba-Argentina)
martes, 24 de febrero de 2015

Del nordicismo delirante al puro disparate

El origen del catalanismo está asociado al auge del nordicismo, y coincide también con el auge económico de Cataluña. Los catalanistas estaban convencidos de que el pueblo catalán autóctono era mucho más germánico que el resto de España, y que eso les había dado una ventaja para alcanzar un mayor grado de civilización. Se veían a sí mismos como Europeos transpirenaicos, a la altura de las naciones más avanzadas de Europa.

En aquella época no se conocía el ADN. Ahora sí se conoce y se pueden hacer estudios de genética de poblaciones. Los resultados que estos arrojan muestran que la población de Cataluña es muy similar a la castellana, y que la población española en general tiene poco de semítica o africana.

https://docs.google.com/spreadsheet/ccc?key0ArJDEoCgzRKedEY4Y3lTUVBaaFp0bC1zZlBDcTZEYlEgid0

No hay nada como presentar datos empíricos concretos y ponerlos sobre la mesa para desbaratar viejos mitos.

Ahora que han pasado del argumento racial nordicista al mero antiespañolismo, ya podemos anunciar que el futuro separatismo catalán será separatismo africano y musulmán, con la plaza de toros de Barcelona convertida en supermezquita. A esto conduce el disparate del catalanismo.



# Publicado por: El Disidente (Madrid)
martes, 24 de febrero de 2015

triste

Es muy triste y harto peligroso el jugar a ´´tipologías´´ con la gente. No es que no existan especificidades grupales o raciales: son una realidad. Pero lo peligroso es denostar lo que es unicamente una peculiaridad; luego, cualquier disputa con el otro permite reafirmarse en el propio denuesto, y al final tenemos un odio y una aversión estúpida, maniquea, irresponsable (puesto que hay que hacerse cargo del otro como otro). Tenemos a (parte de) Cataluña.

# Publicado por: miguel (madrid)
martes, 24 de febrero de 2015

Pues la jugada no les ha salido

El otro día leí que actualmente el apellido más común en Cataluña es ´´García´´ seguido de ´´Martínez´´, y así hasta no sé puesto en que aprece un apellido de pedigrí catalán. Es decir que una mayoría de ´´catalanes´´ son ´´híbridos estériles´´ ( anda que si llegan a ser ´´fecundos´´) por supuesto que entre os catalanistas más furibundos están quienes al serlo reniegan de sus padres y abuelos, faltaría más, tiene que hacerse perdonar este detalle y olvidar las humillaciones que debieron sufrir los ´´charnegos´´. Lo más triste es que pronto serán los ´´africanos´´ quienes poblarán Cataluña, basta darse un paseo por Barcelona o por Lérida (no me vengan con Lleida, escribo en castellano) llena de varones con chilaba y mujeres con el pelo e incluso la cara tapados.

# Publicado por: J. A. Martínez (Madrid)
martes, 24 de febrero de 2015

FANATISMO CATALAN.-

He tenido la suerte de pertenecer laboralmente a una empresa catalana y he tenido la desgracia de pertenecer socialmente a esa misma empresa. Yo, que mi puesto de trabajo lo desarrollaba en Madrid con determinación y buen ambiente, tenía que sufrir la humillación de sentirme menospreciado por compañeros catalanes en las reuniones que se celebraban en Barcelona. Estos no desaprovechaban la oportunidad de mostrarse superiores a los del resto de España, haciendo alardes de sabiduría gastronómica, geográfica, económica e incluso literaria ante el resto de los españoles participantes.
En alguna ocasión me reclamaron irónicamente el pasaporte para poder asistir la próxima reunión comercial.
Esta machacona actitud procuraba para ellos una antipatía que, a través del tiempo, se ha convertido en crónica. En el fondo son estúpidos, porque, de alguna manera, están tirando pìedras a su propio tejado.
Yo evito comprar productos catalanes, me molesta el chapurreo de su idioma, hago ascos ante la presencia de algún catalán que aparece en tv. A propósito: Cómo es posible que se permita en TVE hablar a los catalanes en catalán. cuando es una cadena nacional que se dirige a todos los españoles? No es el español un idioma constitucional en Cataluña? Somos excesivamente complacientes con esos malos compañeros de viaje!

# Publicado por: robolmo (Alceda, Cantabria)
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