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TRIBUNA
El Gran Macho Blanco


Ya en los años 60 comenzó en los Estados Unidos la batalla por el expurgo de los contenidos eurocéntricos tanto en la enseñanza primaria como en la universitaria.
Jesús Laínz

7 de diciembre de 2016
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JESÚS LAÍNZ


El 
año pasado se encendió un movimiento estudiantil en la Universidad de Ciudad del Cabo dirigido a conseguir la retirada de la estatua dedicada a Cecil Rhodes, el gran artífice del colonialismo británico en África meridional. La protesta no tardó en contagiarse a otras universidades anglosajonas, como las británicas de Oxford y Edimburgo y la estadounidense de Berkeley.
Pero el asunto tiene bastante más enjundia que la demolición del recuerdo de quien pusiera la primera piedra de los regímenes segregacionistas de Rhodesia y Sudáfrica. Pues, como han explicado sus promotores, lo de la estatua es sólo una parte del plan destinado a conseguir una menor presencia blanca en el currículo universitario y un aumento de lo que llaman cultura no blanca.
No se trata de ninguna novedad. Ya en los años 60 comenzó en los Estados Unidos la batalla por el expurgo de los contenidos eurocéntricos tanto en la enseñanza primaria como en la universitaria, pues en ámbitos progresistas se consideró que la formación de los jóvenes norteamericanos estaba demasiado anclada en la tradición europea como para poder encajar en una sociedad crecientemente inclinada hacia el mestizaje y el multiculturalismo. Un ejemplo distinguido lo constituyó el incombustible reverendo Jesse Jackson, varias veces aspirante a candidato demócrata a la Casa Blanca, que en los años 80 participó en protestas en las que se coreaba el lema "Hey, hey, ho, ho, Western Culture’s got to go!" ("¡Hey, hey, ho, ho, la cultura occidental tiene que desaparecer!").
La técnica consistió en eliminar paulatinamente lo que se denominó Great White Male, el Gran Macho Blanco, esa entidad milenaria que habría impuesto su dominio en la cultura universal a través de múltiples encarnaciones: Homero, Shakespeare o Cervantes en literatura; Platón, Descartes o Nietzsche en filosofía; Bach, Beethoven o Mozart en música; Arquímedes, Newton o Einstein en ciencia; etc. Para rellenar el hueco se introdujeron autores que cumplieran con los requisitos de o no ser varones o no ser blancos, independientemente del peso de su obra. Y, a ser posible, que no estuvieran muertos. Pues de lo contrario se seguiría haciendo llegar el mensaje de que la civilización ha sido construida casi exclusivamente por varones blancos fallecidos hace siglos, lo que, según defendieron los partidarios del sistema de cuotas, no se trataba de un mensaje precisamente progresista y susceptible de ser compartido por los jóvenes de hoy, sobre todo por los no blancos.
Por otro lado, se consideró que el aprendizaje de la historia, la literatura y la filosofía según las viejas categorías y criterios debía ser sustituido por nuevas asignaturas dedicadas al análisis de asuntos de raza, clase, sexo (perdón, género), orientación sexual, minorías, nuevos modelos de familia, etc. Algunos imprudentes osaron apuntar la idea de que lo que se conseguiría mediante este sistema sería empobrecer drásticamente la calidad de la enseñanza y privar a las nuevas generaciones del conocimiento de las bases de la civilización. Evidentemente, no tardaron en dar la batalla por perdida para evitar ser acusados de nefandos delitos de opinión.
Las nuevas tendencias nacidas en la patria de la political correctness no tardaron en cruzar el charco. Así, en el igualmente multicultural Reino Unido comenzaron a desterrar los viejos conocimientos al desván de los trastos inútiles y a abrir las puertas de las aulas a los contenidos que exigen los nuevos tiempos. Y, sobre todo en las ciudades con amplio porcentaje de población afroasiática, empezaron a surgir problemas con unos estudiantes que se declaraban ajenos a lo que les enseñaban esos estirados profesores anclados en rancias ideas eurocéntricas. Incluso se propuso abrir escuelas para negros en las que los niños de ese color pudiesen aprender lo que se estimó que deben aprender para sentirse integrados en la sociedad: la historia negra, la literatura negra, la música negra, la ciencia negra, etc. Y lo mismo se propuso, evidentemente, para unos musulmanes que, por otra parte, sostienen una incesante guerra contra contenidos educativos que perciben ofensivos para su fe, entre ellos el cuento de los tres cerditos.
Lo sorprendente de esta sustitución del conocimiento por el enfoque ideológico es que se hace en defensa del antirracismo, de la igualdad de la mujer y de la modernidad. Pero el relato histórico o el canon literario universal son independientes de sexos, razas y épocas. La Ilíada, las Mil y una noches y el Bhagavad-gita son y seguirán siendo monumentos imperecederos de la literatura con independencia de que sus autores fueran blancos, marrones, amarillos o verdes. Son precisamente los profesionales del igualitarismo los que, muy racistamente, le ponen etiquetas raciales al conocimiento; y, muy discriminatoriamente, incluyen a mujeres por el hecho de serlo, no por la calidad de su obra, lo que es lo mismo que sostener que las mujeres son incapaces de crear obras de valor y por eso han de ser metidas con calzador; y, con tremenda miopía, destierran a Montaigne o Dante por antiguos mientras incluyen a cualquier juntaletras contemporáneo por el solo hecho de estar vivo.
Si, como suele decirse, lo que distingue a cualquier comunidad humana de las demás es el relato histórico que la describe y explica, parece claro que el objetivo perseguido con estas y parecidas iniciativas es desconectar a los occidentales de hoy respecto de las generaciones que les precedieron. Como si el presente fuese el producto solamente de los vivos y no de la decantación de milenios de historia, arte, cultura y pensamiento.
Otto von Bismarck, probablemente el político más inteligente del siglo XIX, señaló con magistral brevedad: "La clave del siglo XX será el hecho de que los estadounidenses hablan inglés". Efectivamente, el tronco étnico, cultural y lingüístico compartido por los anglosajones de ambas orillas del Atlántico fue lo que acabó decidiendo la participación de unos estadounidenses inicialmente remisos en las dos guerras mundiales que configuraron el mundo de nuestros días. A tan comprensible fenómeno se lo bautizó durante la Segunda Guerra Mundial como Special Relationship, si bien medio siglo antes ya había sido anunciado con el Great Rapprochement.
Si el Canciller de Hierro nos permite el plagio, probablemente la clave del siglo XXI será si americanos y europeos seguirán encajando en eso que tradicionalmente se ha denominado civilización occidental, con todas sus luces y sus sombras.
De momento parece que no, pues tanto los unos como los otros están demostrando una admirable tenacidad en negarlo, en avergonzarse de ello y en desactivarlo. Nos esperan grandes acontecimientos.

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COMENTARIOS
martes, 20 de diciembre de 2016

Descenso en el nivel cultural

Creo que tiene usted razón, Sr. Lainz. Es terrible la ignorancia que tienen los jóvenes con respecto al pasado y, más aún, su falta de curiosidad. Cuando yo era joven y estudiante de secundaria, a mi instituto llegó una chica procedente de EE.UU. y, a pesar de ser muy responsable y hablar español perfectamente (sus padres eran españoles), tuvo que atrasar dos cursos porque nosotros teníamos un nivel muy superior. Ahora lo tenemos más bien inferior. Además. en unas oposiciones de enseñanza se decía en papeles oficiales de la Consejería de cultura hablando de la educación en las diferentes edades que los jóvenes no se interesaban por la historia a esa edades y que, por tanto, la educación debía estar enfocada de otra manera. Y es una pena porque, como usted dice, es a lo largo de milenios como se ha adquirido nuestros conocimientos, nuestro arte y nuestra cultura. Lo peor es que Europa ni se mueve en la defensa de su cultura.

# Publicado por: Blanca Rodríguez (Huelva)
viernes, 09 de diciembre de 2016

Nadie mató al hombre blanco

El hombre blanco mató al hombre blanco, por su propia mano. Es algo fácil de comprobar históricamente. La masacre comenzó con el abandono de sus antiguos dioses y su caída en manos de los dioses globales: Cristo, el capital, el marxismo, el psicoanálisis...que más da. El hombre blanco se masacra porque cree que la historia es lineal y progresa. Y un optimista es básicamente un estúpido.

# Publicado por: Juan Pablo Vitali (La Plata)
jueves, 08 de diciembre de 2016

un futuro problemático

Señor Lainz, sus reflexiones aunque no están a la altura de algunos, son muy elocuentes Le felicito de todas maneras y creo muy acertado lo que expone. Existen grandes presiones para diluir la cultura occidental por medio del aborto,el homosexualismo,feminismo militante contra sus poblaciones, no luchando para liberar a las más oprimidas de otros pueblos , como las musulmanas ,el globalismo y la inmigración masiva que conlleva la destrucción de las organizaciones obreras nacionales y los ataques a la noción de patria. Son muchas las voces que ya se alzan contra esta conspiración de las élites mundiales para desmontar los focos de cultura, filosofía, ciencia,valores democráticos, organización y progreso y convertir América y Europa en un inmenso mercado de trabajadores mal pagados, sin orgullo de su historia ni conciencia de lo que son, maleables y bailando al son de las músicas que nos toquen los oscuros compositores del nuevo orden mundial.
Recomiendo la lectura de The culture of critique de Kevin Mac Donald. Creo que no está traducida al castellano

# Publicado por: juan jose (portugalete)
miércoles, 07 de diciembre de 2016

Dice Derechón Alternativo...

´´El Espíritu Santo es un ave. Y del centro político.´´

Pues será una gaviota...

# Publicado por: Osvaldo (Madrid)
miércoles, 07 de diciembre de 2016

Dios Padre es blanco y de derechas

Dios Padre es blanco. Miren cualquier grabado de William Blake.
Y muy de derechas.
Cristo es étnicamente judío. Las mejores representaciones que hay de Cristo son, probablemente, las de la imaginería barroca española: un varón mediterráneo y de generoso apéndice nasal. Políticamente, Cristo era progre y jipi.
El Espíritu Santo es un ave. Y del centro político.

# Publicado por: Derechón Alternativo (Ciempozuelos)
miércoles, 07 de diciembre de 2016

El gran macho blanco

Pertinente y, mejor, acertado por el símil con el ´´cuento de los tres cerditos´´ y el del padre, el hijo y el espíritu santo.

# Publicado por: alizo rojo (Bangladesh)
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