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    El Manifiesto. Periódico política y socialmente incorrecto

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TRIBUNA
La(s) Nueva(s) Derecha(s) y el movimiento identitario (y II)

Alain de Benoist en su biblioteca personal de más de 300.000 volúmenes

Proseguimos (y concluimos) con la segunda parte del artículo.
Jesús J. Sebastián

25 de abril de 2017
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JESÚS J. SEBASTIÁN


No obstante, estos parámetros ideológicos se encuentran sintetizados y ordenados en el conocido “Manifiesto de la Nueva Derecha del año 2000”, escrito por Alain de Benoist y Charles Champetier. La posición del
corpus ideológico de esta corriente de pensamiento queda resumida así: «La modernidad se caracteriza principalmente por cinco procesos convergentes: la individualización, por la destrucción de las antiguas comunidades de pertenencia; la masificación, por la adopción de comportamientos y modos de vida estandarizados; la desacralización, por el reflujo de los grandes relatos religiosos en provecho de una interpretación científica del mundo; la racionalización, por el imperio de la razón instrumental a través del intercambio mercantil y de la eficacia técnica; la universalización, por la difusión planetaria de un modelo de sociedad implícitamente presentado como el único racionalmente posible y, por tanto, como un modelo superior». La modernidad representa la secularización hacia la vida profana y vacía de trascendencia. En este plano se sitúa el cristianismo, que ha sido el germen del individualismo, el igualitarismo, el progresismo y el universalismo. La crisis de la modernidad implicó una salida de la religión, contrapunto del “fin de las ideologías”, el agotamiento histórico de los grandes relatos movilizadores: el liberalismo, el socialismo, el comunismo, el nacionalismo, el fascismo. De todos ellos, el liberalismo es el enemigo principal. El liberalismo encarna la ideología dominante de la modernidad, la única que todavía se resiste a la extinción. Representa el valor mercantil, el reino de la cantidad, fundamentándose en dos ejes principales economicismo-individualismo, proclamando su hegemonía a través del Mercado y la Técnica, disolviendo las identidades (pueblos, naciones, etnias, culturas, religiones, sexos, generaciones, comunidades, etc.) a través de un proceso de mundialización, en el que sólo cabe una visión darwinista del “todos contra todos”, y reduciendo la esencia de lo político a una dimensión exclusivamente economicista que prescinde de la naturaleza cultural e histórica del hombre.
Entonces, ¿cuál es la clave de la particular evolución ideológica de la ND benoistiana? El propio Alain de Benoist señala que el hilo conductor de esta evolución es la aguda crítica del liberalismo, lo que le «permitió identificar como mitemas liberales –mitemas fundadores, constitutivos de la modernidad– temáticas tan variadas como la apología de la selección inspirada, a través del darwinismo social, en un modelo competitivo esencialmente económico; la ideología del trabajo, ineluctablemente unida a la concepción productivista de la vida; la axiomática del interés, por oposición al sistema tradicional del don; la exaltación de la tecnociencia, derivada del culto burgués del “cada vez más”; sin olvidar la metafísica de la subjetividad que, como ha demostrado Heidegger, se vincula originariamente al individualismo cartesiano y no cambia fundamentalmente de naturaleza cuando el “yo” individual deja paso a un “nosotros” colectivo. Y esa misma crítica de la ideología liberal, presente desde los inicios de su reflexión, le sirvió al pensador francés para descubrir que esos mismos mitemas estaban también presentes en las ideologías que suelen oponerse al liberalismo: el nacionalismo, el fascismo, el comunismo, el racismo...
En cualquier caso, examinando las coordenadas anteriores, inmediatamente observamos los parámetros ideológicos que alejan inexorablemente a la Nouvelle Droite de la derecha convencional (sea la derecha tradicional, católica, conservadora, liberal, radical o populista). El antiliberalismo, el neopaganismo, el antiamericanismo, el europeísmo (un europeísmo “étnico e imperial”, crítico con las instituciones europeas), el comunitarismo, el tercermundismo, el antieconomicismo, el antioccidentalismo... y una larga lista de concepciones nucleares de su pensamiento, hacen difícil –si no prácticamente imposible– clasificar a esta corriente de pensamiento dentro de lo que habitualmente se entiende por “derecha”.
Bien es cierto, por otro lado, que esta ND conserva todavía ciertos genes hereditarios perfectamente identificables pero, al mismo tiempo, depende excesivamente de los bruscos “giros ideológicos” de su principal protagonista. A cada descubrimiento, a cada innovación, a cada reflexión que viene de la mano inquieta de Alain de Benoist, el pensamiento de la ND tiene que replantearse, adaptarse y reformularse. De hecho, cada paso en la evolución del pensamiento de Alain de Benoist ha generado una nueva tendencia en la ND, como un registro, como un estrato. Y por eso también muchos intelectuales neoderechistas continuaron su camino (en muchas ocasiones, también, sin rumbo alguno) después de cruzar la “línea Benoist”. Y de ahí la existencia, no de una, sino de varias “Nuevas Derechas”, como prefiere denominarlas Pierre Le Vigan.
Estas constantes e incesantes mutaciones en un organismo vivo como es la Nueva Derecha tienen, desde luego, sus secuelas. Por un lado, hemos aprendido a no absolutizar nuestro pensamiento, a no hacer de nuestra ideología algo esencial, un fundamentalismo, y a no buscar la perversidad de otras corrientes, como la marxista, incluso a buscar determinadas convergencias con las mismas. Perversidad que sí que encontramos siempre, por descontado, en el liberalismo (y sus extensiones en la izquierda liberal-libertaria). Pero por otro lado, esa misma flexibilidad ideológica, variable como es la identidad, no nos debe impedir debatir algún que otro cambio brusco del “maestro”, como es la asunción de un comunitarismo soft, aceptable en su crítica del liberalismo, pero discutible en cuanto al reconocimiento de la autonomía de las minorías (de momento) raciales, religiosas o sexuales que invaden nuestras sociedades europeas.
En definitiva, como veremos a continuación, cada giro ideológico del maestro Alain de Benoist ha implicado, simultáneamente, una crisis, división o escisión del grupo matriz de la Nouvelle Droite: el abandono del anticomunismo y la crítica del liberalismo empujarán a los partidarios de un nacional-liberalismo a abandonar la agrupación; el paganismo y la crítica del cristianismo provocará el mismo efecto en los nacional-católicos y socialcristianos; el abandono del biologismo y la reconducción del culturalismo hará lo mismo con los biologistas y progenetistas; el antioccidentalismo y el antiamericanismo provocará la fuga de los atlantistas; el comunitarismo hará huir a los identitarios, a los nacionalistas y a los antiislamistas (o antiinmigracionistas, en general); el ecologismo decrecentista provocará las críticas de los prometeicos desarrollistas. Y así podríamos seguir hasta completar varias páginas. Veamos en qué se han traducido todas estas brechas ideológicas.
III. Crisis, divisiones y escisiones
En este itinerario neoderechista, repleto de explosiones e implosiones, han surgido diversas organizaciones y asociaciones, cada una con su propio ideario fundacional, pero con una base ideológica común nacida de la primera etapa de reflexión en el GRECE de la Nouvelle Droite originaria. Citaremos aquí a los más relevantes.
1. La fundación en 1974 del Club de l'Horloge (CdH) de los nacional-liberales, especialmente de Jean-Yves Le Gallou, Yvan Blot y Bernard Mazin, hoy denominado Carrefour de l'Horloge[1], tras la absorción de otros grupos disidentes de la derecha.[2] Es el momento en el que se incorporan otras personalidades al núcleo original fundador, como Charles Beigbeder, François Billot de Lochner, Éric Branca, Christian Harbulot, Henry de Lesquen, Julien Rochedy y Christian Vanneste. Se trata de la escisión más temprana en el seno del GRECE, que no se produce definitivamente hasta 1979 (justo cuando la ND se convierte en un fenómeno mediático gracias a su colaboración en las páginas de Le Figaro), y que supone un duro golpe para la unidad ideológica del movimiento: los artífices de esta “separación amistosa” son Henry de Lesquen, por parte del club, y Jacques Marlaud, por parte de la agrupación neoderechista, ambos denunciando la amalgama ideológica (y personal) entre el GRECE, el Club de l'Horloge y el Front National. De hecho, varios integrantes del CdH irán formando parte sucesivamente, cuando no simultáneamente, de las tres formaciones.
Sus fundadores son partidarios de los valores nacional-republicanos, de un liberalismo nacional (un liberalismo clásico hacia dentro de la nación, aunque antijacobino, inspirado no obstante en el colbertismo y en el sinarquismo, todavía capitalista, aunque no mundialista), una defensa del cristianismo occidental, una constante reivindicación de la división derecha/izquierda (cosmovisión, por tanto, enfrentada a la “nueva síntesis” ambidiestra de Alain de Benoist), desde la que abogan por una unión de la derecha radical (especialmente con el Front National, el Bloc Identitaire y los sectores más radicales de la UMP, por lo que es considerado por la prensa liberal-libertaria como un lobby prolepenista). El club, al margen de esa conciliación entre nacionalismo y liberalismo que le reportará, en los gobiernos de derecha, cargos e influencias, es conocido especialmente por su oposición a la inmigración y a él debemos la célebre tesis sobre la “preferencia nacional” de los franceses de origen frente a los franceses de acogida.[3]
Asimismo, el club, como ya hiciera el primer GRECE, muestra una forma de elitismo y antiigualitarismo (desigualdades naturales entre individuos y grupos de individuos) que funda en bases genéticas y biológicas (Jacques Monod), mientras en términos económicos se circunscriben a un cada vez menos disimulado “liberalismo integral” (Friedrich Hayek y Ludwig von Mises, son sus referentes, al tiempo que objetivo de las críticas de Alain de Benoist). Uno de sus manifiestos, publicado bajo el título Les racines du futur, demain la France (las raíces del futuro, mañana Francia), es firmado por Yvan Blot, Michel Leroy, Bruno Mégret, Olivier D'Ormesson y Bruno Tellene.[4]
A pesar de todo, Jean-Yves Le Gallou y Alain de Benoist mantienen una gran amistad y camaradería, lo cual no ha impedido al primero reprochar al segundo su timorata actitud respecto al tema de la inmigración y el islamismo. Le Gallou preside la fundación Polémia como un espacio disidente, en lo que parece un lugar de convergencia entre neoderechistas, frontistas, horlogistas e identitarios.[5] Su actual presidente, Henry de Lesquen, no es tan conciliador: considerando a Alain de Benoist como un simple compilador, lo tacha de inmigracionista, islamófilo y tercermundista, al mismo tiempo que un racista (sic) heredero de las doctrinas nazis de las SS, en suma, un anticristiano, un colectivista, un izquierdista y un cosmopolita, que representa la anti-Francia y el anti-Cristo. Sin comentarios.
2. La marcha hacia el Front National (FN) de algunos dirigentes históricos del GRECE es otro de los hitos en la historia de la ND.[6] Y es que buena culpa del éxito y espectacular crecimiento del FN corresponde a la influencia ideológica y al trasvase de intelectuales y activistas por parte de la ND. Desde mediados de la década de los años 80 del siglo pasado, el FN empezó a trasladar a su programa muchas de las ideas y reflexiones de la ND francesa, gracias a la incorporación de todo un grupo de intelectuales procedentes del GRECE y del CdH, reunidos en torno a la figura de Bruno Mégret (éste no había formado parte de la agrupación neoderechista, pero había colaborado con el club nacional-liberal). Según Roland Gaucher, «los intelectuales grecistas enrolados en las filas lepenistas se han formado en una determinada escuela de pensamiento e, incluso, si ya no forman parte de la “Casa de Benoist”, siguen marcados por ella». Otros analistas, no obstante, como es el caso de André Delorme, consideran que los grecistas desembarcados en el partido lepenista habrían abandonado sus ideas neoderechistas al mismo tiempo que su militancia: “no hay elementos del GRECE en el FN”.
En cualquier caso, los neoderechistas influirán de tal modo en el ideario lepenista que le harán abandonar paulatinamente su proamericanismo, su atlantismo, su liberalcapitalismo, así como a matizar su antiinmigracionismo (hacia una aceptación de la existencia de minorías étnicas extraeuropeas, manteniendo su rechazo a los flujos masivos de inmigrantes), su maquillada xenofobia (por un diferencialismo cultural), su cristianismo militante (por una cierta “neutralidad” católica) y a sustituir su antieuropeísmo (salida del euro, reforma institucional de la UE) por una radical refundación, desde postulados nacional-soberanistas, de la comunidad europea. Este giro hacia una especie de “estrategia de acción cultural”, según las palabras de Bressat-Bodet, se hará más perceptible dentro de las prácticas de la formación lepenista en tanto que los cuadros procedentes del entorno neoderechista pondrán todo su empeño en ocupar los medios de producción del discurso ideológico dentro del FN. Hervé Lavenir, Bernard Asso, Roland Gaucher, Hubert de Mirleau, Pierre Debray-Ritzen, Jean-Jacques Mourreau, Philippe Milliau, Jean-Claude Bardet, Pierre Vial, Jean-Claude Valla y Jean Mabire son sólo algunos de los nombres de una larga e interminable lista de transferencias de la Nueva Derecha hacia el Frente Nacional. Hasta el mismo Guillaume Faye se deja seducir por el atractivo lepenista y colabora en sus campañas, si bien de forma esporádica y efímera, pero romperá con la agrupación grecista en 1987. Pero la figura más importante en este proceso de desafección del GRECE y de afectación al movimiento del FN es, sin duda alguna, Bruno Mégret. Para Diego L. Sanromán «Mégret habría funcionado, de hecho, como una suerte de polo aglutinador de la facción neoderechista dentro de la organización dirigida por Le Pen, y habría contribuido durante un breve período de tiempo a la hegemonía doctrinaria de esa facción en el interior del partido, sobre todo desde el año 1989, cuando se hace con el control de su centro de formación de cuadros».
Mégret figuraba también como el principal promotor de Identité, revista teórica del FN cuyo jefe de redacción será Jean-Claude Bardet, antiguo protector de Mégret en formaciones próximas a la ND. Bardet había contribuido, junto con otros dos fundadores del GRECE, François d'Orcival y Pierre Vial, a la creación de la Federación de Estudiantes Nacionalistas (FEN). Se incorporará al GRECE en 1969. En 1974 se encuentra también en la gestación del CdH junto a Yvan Blot y Jean-Yves Le Gallou, organización que tenía por finalidad difundir las ideas de la ND dentro de la dirección de los principales partidos de derecha y de la alta función pública. Después de varias experiencias políticas frustradas, Bardet y Mégret se convencerán, al fin, de la necesidad de vincularse al proyecto lepenista en 1986.
3. La creación del disidente Mouvement National Républicain (MNR), como consecuencia de la escisión megretista del FN. Bruno Mégret, número dos del FN en aquella época, se encuentra a la espera de la desaparición –física o política-, de Jean-Marie Le Pen para convertirse en su “heredero”. El ascenso del sector favorable a Mégret se hace evidente durante el décimo congreso nacional del FN en 1997, donde el gran derrotado es precisamente Bruno Gollnisch, cabeza de la facción católica. Entonces, la crisis por el poder interno del partido implosiona. En 1999 Le Pen es inhabilitado judicialmente para presentarse a las elecciones europeas, ocasión que aprovecha Mégret para postularse como cabeza del partido, pero Le Pen consigue imponer a su propio candidato. Mégret no abandona y convoca un congreso extraordinario con el objetivo de hacerse con la dirección del FN y de expulsar a su dirigente histórico. Los megretistas, como Yvan Blot y Jean-Yves Le Gallou, manifiestan que “el movimiento pertenece a los militantes, no a una familia”, referencia explícita al nepotismo impuesto por Le Pen. El contraataque de Mégret es neutralizado y Le Pen consigue expulsar a los disidentes, los cuales formarán el MNR. Con Bruno Mégret se marcharán todos aquellos activistas e intelectuales que habían servido de soporte ideológico a su carrera en el seno del partido lepenista, entre ellos los sectores próximos a Terre et Peuple de Pierre Vial, la revista Identité de Jean-Claude Bardet y sus antiguos camaradas del Club de l'Horloge, Yvan Blot y Jean-Yves Le Gallou. En suma, todos aquellos que habían compuesto y consolidado la facción neoderechista dentro del FN. La inspiración de la ideología elaborada por el GRECE en la nueva formación es innegable; el programa de los nacional-republicanos está repleto de elementos procedentes del discurso neoderechista: en lo político, sus propuestas están próximas a las posiciones culturalistas y europeístas del primer GRECE, mientras que en lo económico, las propuestas están más cerca del nacional-liberalismo del Club de l'Horloge que de las veleidades socialistas de Terre et Peuple.
 Con este partido, Mégret tiene la ambición de sustituir al FN y situarlo en el terreno de la “derecha nacional” y no en el de la “extrema derecha”, giro con el que espera lograr un pacto con otros partidos de la derecha tradicional. De hecho, Mégret se congratula de haber conseguido que una buena parte de la derecha democrática hubiera adoptado la tesis de la “preferencia nacional”. Abogará porque Francia salga de la Unión Europea. Mégret se convierte así en un auténtico disidente. Bajo su estilo directo, nada amigo de las declaraciones estruendosas, Mégret es un político radical, extremo más que extremista, que proclama “la necesidad de ser conscientes de la superioridad de la civilización europea”. Sin carisma personal, ni atractivo físico, este hombre pequeño, de apariencia vulgar, pero con una educación elitista, supo remover los cimientos del aparato político del FN para arrastrar en torno a su figura a todos aquellos que compartían su ambición de llegar un día a gobernar Francia. Sin embargo, sus continuos fracasos electorales le harían abandonar la política en 2008.
4. La creación de Terre et Peuple (T&P). Pierre Vial, por su parte, se incorpora muy joven a Jeune Nation y, tras su disolución, participa en la creación del Parti Nationaliste. Como la mayor parte de quienes conforman la primera hornada de grecistas, formará parte de la FEN (Federación de Estudiantes Nacionalistas) y de la redacción de Cahiers universitaires, así como en los comités de apoyo a Europe-Action, implicándose en los sucesivos proyectos políticos de Dominique Venner. Vial figura entre los fundadores del GRECE, siendo secretario federal de la Comission des Traditions, director de la comisión de historia y secretario general del GRECE entre los años 1978 y 1984. Dirigirá también Éléments y la revista teórica de la asociación Études et Recherches. Su acercamiento al FN tiene lugar a mediados de la década de los 80 del pasado siglo. En 1988 ya forma parte del Comité central y del Consejo científico de la formación lepenista.
La ruptura definitiva con Alain de Benoist y el GRECE parece haberse producido a comienzos de la década de los 90. En 1995, Pierre Vial funda, con un puñado de veteranos neoderechistas la asociación T&P, la facción völkisch del movimiento identitario/populista francés, con el objetivo de vincular el combate político con el imperativo de lucha cultural, proyecto prometeico que, según el propio Vial, el GRECE habría quedado incapacitado para llevar a cabo eficazmente. T&P se hará con muchas de las sucursales locales y regionales del GRECE, el cual quedará sensiblemente reducido a los órganos editoriales del círculo parisino.
Pierre Vial será el primero en acuñar y utilizar el término “identitario” que, posteriormente, tanto éxito ha logrado en los medios político, ideológico y mediático, para describir su programa etnista y diferencialista, con constantes referencias al legado indoeuropeo y a la defensa de las minorías étnicas (regionales, nacionales) europeas. A pesar de su notable influencia en el surgimiento del movimiento identitario, la agrupación nunca dejará de ocupar una posición marginal en el ámbito de la ND.
Pierre Vial y los suyos se habían convertido en los más autorizados representantes de la corriente neopagana y europeísta en el marco del FN y del MNR, y ahora continuarán siéndolo de forma independiente. De hecho, el grueso de los cuadros de la asociación está constituido por quienes fueron relevantes teóricos del GRECE en su época de mayor actividad. El triunvirato que encabeza T&P está formado, además de por Pierre Vial, por otros dos históricos de la organización: Jean Mabire y Jean Haudry, junto a otras viejas glorias como Pierre Bérard, André Delaporte, Stéphane Bourhis, Christophe Bordon, Pierre Giglio o Yvan Blot. Figuras próximas a T&P son las de Gabriele Adinolfi, Maurice Rollet, Pierre Krebs, Robert Dun, Robert Steuckers y Kate Nauwelaers. Vial cuenta incluso con la simpatía y la colaboración habitual de un Guillaume Faye convertido en francotirador solitario tras su alejamiento del GRECE, y que si algo tendrá que reprocharle al FN es su tibieza y su falta de empuje revolucionario, reproche del que estarían excluidos, sin embargo, el grupo de los identitarios de T&P o los nacional-revolucionarios de Unité Radicale.
5. El surgimiento de diversos ciberespacios transnacionales como el de Synergies Européennes (o Eurosynergies).[7] En 1992 se produce la ruptura definitiva con el GRECE por parte de Robert Steuckers, que funda la Fédération des Activités Communautaires en Europe (FACE). Robert Steuckers, discípulo de Armin Mohler y Clément Rosset, y bajo la influencia de Jean Thiriart, se adhiere al GRECE desde muy joven, contribuyendo al estudio de la “Revolución conservadora alemana” y a la reinterpretación del nacional-bolchevismo de Ernst Niekisch, así como a la reivindicación de autores como Friedrich Nietzsche, Oswald Spengler, Charles Péguy, Julius Evola, Gottfried Benn, Ernst Jünger, Arthur Koestler y George Orwell.
Después de su paso por la secretaría de redacción de Nouvelle École, revista anual del GRECE, en 1981 abandona su compromiso con este grupo editorial y funda el grupo EROE (Etudes, Recherches et Orientations Européennes), y la revista Vouloir en 1983. En el período de 1989 a 1992, Steuckers se reaproxima al GRECE, aumentando sus actividades en Francia y en Bélgica, al tiempo que propicia el fructífero contacto con la Nueva Derecha rusa de Alexander Dugin. Robert Steuckers abandona definitivamente la organización grecista en 1992, por discrepancias ideológicas y estratégicas con Alain de Benoist -especialmente por desconocer la realidad política y la necesidad de una organización política concreta que luche por un espacio cultural europeo. Es entonces cuando funda la red paneuropeísta Synergies Européennes. En 2003 este grupo dejó de editar sus publicaciones. Steuckers se dedica entonces a las actividades de apoyo a formaciones belgas independentistas como el Vlaams Blok (de Flandes) y Agir (de Valonia). Su presencia e influencia son también, en la actualidad, marginales.
6. El Bloc Identitaire (ID), parte integrante del más amplio movimiento identitario surgido en Francia a comienzos del nuevo siglo, se crea en abril 2003. Los medios liberal-libertarios no dudan en calificarlo como un lobby del FN, una estrategia lepenista de “entrismo” en las tupidas redes identitarias europeas. En su seno nació también Génération Identitaire, sección de la juventud identitaria que actúa con autonomía del grupo fundacional. Sus principios, actividades y reflexiones se difunden a través de boletines del grupo como IDentitaires, actualmente ID Magazine.[8]
En los prolegómenos de la formación de los “identitarios” hay que subrayar un nombre: Christian Bouchet. Exponente del movimiento nacional-revolucionario de la “tercera vía” (conocido también posteriormente como nacional-bolchevique) y que hoy se expresa en VoxNR (la “voz de los nacional-revolucionarios” según los cronistas, la “Voix des Nouvelles Réalités” según ellos), procedente de la maurrasiana Nouvelle Action Française, en la década de los años 80 estuvo relacionado con el GRECE y el CdH, para después colaborar con Bruno Mégret en el MNR y, finalmente, tras separarse de éste, con el FN, donde en los últimos años ha apoyado activamente a Marine Le Pen. Habiendo fundado en 1991 Nouvelle Resistence, su absorción por Unité Radicale en 1998, provocó el desencuentro con otros militantes (Robert, Vardon), los cuales aunarán esfuerzos y voluntades para constituir el nuevo movimiento identitario.
Con su presidente Fabrice Robert y otros dirigentes como Jean-David Cattin, Philippe Vardon y Guillaume Luyt, los Identitaires, como ahora se denominan oficialmente, se dirigen principalmente a la lucha contra el crecimiento del islam en Europa y contra el multiculturalismo y el inmigracionismo, que consideran desintegradores de la identidad de los pueblos europeos. Favorables a una Francia de las regiones integrada en una Europa de las naciones -una Europa antioccidentalista, no-atlantista, etnista y eurasiática-, ponen el acento sobre la constitución de una red de acción social (“ayudar a los nuestros antes que a los otros”) y de activismo militante de agitación ideológica y mediática.
Fundamental en este combate es la inspiración de la tesis del libro Le grand Remplacement (la gran sustitución -o gran reemplazo) de Renaud Camus en relación con la “inmigración de repoblación” de los invasores africanos en Europa, motivo por el cual abogan por la “remigración” de las minorías extraeuropeas, cuestión en la que coinciden precisamente con otro conocido de los neoderechistas, Laurent Ozon, antiguo militante de una Nouvelle Écologie muy próxima a las tesis conservatistas benoistianas y fundador del Mouvement pour la Remigration (Ozon abandonó la actividad política en mayo de 2016). Aunque sus dirigentes no tienen (o no han tenido), aparentemente, relación personal con las formaciones neoderechistas, su programa contiene todo lo sustancial de las ideas del GRECE de la primera época, así como su desarrollo desde una perspectiva etnodiferencialista por los animadores de T&P, es decir, de la corriente völkisch o folkiste de la ND, como subrayan Stéphane François[9] y Pierre-André Taguieff[10].
Los “identitarios” son herederos de la ND identitaria, esto es, de la reflexión sobre la identidad efectuada por los neoderechistas hasta mediados de los años 80. No así de la reflexión sobre la identidad protagonizada posteriormente por Alain de Benoist, el cual rechaza estas derivas identitarias: el antiguo maestro y líder intelectual ha pasado de «una defensa de la identidad de los “nuestros” a un reconocimiento de la identidad de los “otros”». En definitiva, se trata de una nueva generación identitaria que no ha combatido cultural ni políticamente en las filas de la ND pero que, sin duda alguna, ha bebido en sus fuentes y ha leído sus publicaciones. Stéphane François, incluso, considera que la ideología identitaria es más antigua que la propia ND y que entroncaría con los grupúsculos organizados en torno a Europe-Action.
Un antiguo exgrecista como Robert Steuckers, sin embargo, establece una neta distinción entre la tradición neoderechista y la posmodernidad identitaria: aunque establece un paralelismo entre la cosmovisión antioccidental, antiamericana, filorrusa y proeuropea (en sus niveles imperial, nacional y étnico) de ambas tendencias, como una reacción frente a los “grandes relatos” de la modernidad, Steuckers traza una nítida división entre la “identidad” concebida por los “benoistianos” (una identidad de reconocimiento de las diferencias, de comunidad, de convivencia hacia el interior), y la “identidad” preconizada de los “identitarios” (una identidad de civilización, de arraigo, de defensa frente a lo exterior), esto es, una identidad inclusiva frente a una identidad exclusiva.[11] Reconoce, por otra parte, que el movimiento identitario está enraizado en un espacio ideológico que se encuentra muy a la “derecha”, incluso en la “extrema derecha” del campo político francés, aunque varios de sus temas recurrentes han surgido de ciertos intelectuales de izquierda que se revolvieron contra los dogmas sesentayochistas.
7. Los partidos y movimientos Neopopulistas (“derecha populista” o “nacional-populista”). Como corolario de la influencia en el movimiento identitario también debe reseñarse la operada sobre los grupos políticos neopopulistas y euroescépticos (realmente, la ND benoistiana no es contraria a la Unión Europea, sino que se muestra partidaria de su refundación). Se trata de una larga lista que se incrementa progresivamente y que están alcanzando (o están en condiciones de alcanzar) cotas electorales antes inimaginables: además del Frente Nacional (FN) en Francia, el Partido de la Libertad en Austria (FPÖ), la Alternativa por Alemania (AfD), el Interés Flamenco (Vlaams Belang) en el Flandes belga, el Popular Danés (DPP) en Dinamarca, la Liga Norte (Lega Nord) en Italia, el Partido por la Independencia del Reino Unido (UPIK) en Gran Bretaña, el Partido por la Libertad (PVV) en Holanda, Amanecer Dorado en Grecia, la Unión Cívica (Fidesz) y el Jobbik en Hungría, Ley y Justicia (PiS) en Polonia, los Demócratas de Suecia, los Verdaderos Finlandeses, el Partido Suizo, Nueva Eslovaquia, etc. En España, como es habitual, no existe partido ni organización similar, salvo que incluyamos a VOX y a PxC con todas las reservas. Y en Estados Unidos, el triunfo electoral de Donald Trump ha revelado el protagonismo de la Alt-Right, cuyos líderes dicen inspirarse, entre otras corrientes, en el pensamiento de la Nueva Derecha francesa.[12]
Las organizaciones neopopulistas europeas -que han consolidado sus respectivos espacios electorales y están prestas, en algunos países para el asalto al poder-, han sido bien estudiadas en sus vertientes sociológicas, organizativas e ideológicas por autores como Roger Griffin, Pascal Perrineau y Joan Antón Mellón[13], todos ellos, por descontado, desde una postura abiertamente contraria, calificando las propuestas neopopulistas como un “movimiento etnocrático” (incluso como un “liberalismo etnocrático”) que constituiría una inteligente reconversión adaptativa (en una época de hegemonía de los valores liberales y/o liberal-libertarios) de los clásicos idearios de la derecha radical francesa. Sin embargo, todavía resulta bastante inexplorado el terreno de los referentes filosófico-ideológicos de estas organizaciones. Pues bien, para los autores citados no hay duda: son los ideólogos de la ND los que han actualizado los caducos discursos ultraderechistas del primer tercio del siglo XX, son los revolucionarios conservadores del siglo XXI, y proporcionan la legitimidad ideológica a las “nuevas derechas populistas” en Europa.
Joan Antón Mellón señala cómo el antiuniversalismo y el diferencialismo de la ND, y sus propuestas para realizar un mundo heterogéneo formado por comunidades homogéneas, se han concretado en los programas de las organizaciones neopopulistas en la forma de un antiinmigracionismo (particularmente islamófobo) que se traduce en consignas como la “preferencia nacional” o la “remigración”. En este caso, la elegancia discursiva de la ND se transforma en pura demagogia populista: Alain de Benoist, por ejemplo, ha rechazado el vínculo automático entre inmigración y pérdida de la identidad europea, proponiendo un modelo convivencia interétnico desde el “comunitarismo” anglosajón y el “federalismo” de tradición europea (una suerte de “comunidad de comunidades”), mientras que los neopopulistas hacen un llamamiento a la “guerra civil étnica” como única condición de la supervivencia de las naciones europeas. Pero habría también, en el origen de estas organizaciones, serias discrepancias ideológicas con la ND, especialmente con su antiliberalismo y su neopaganismo, deficientemente interpretados como un ataque a los valores -morales y jurídicos- de libertad e igualdad esgrimidos por el conservadurismo y el militantismo cristiano. Sin embargo, los movimientos identitario-populistas han adoptado la reflexión benoistiana sobre la esencia de lo sagrado, el retorno a las raíces, la defensa de la soberanía popular, la crítica de la democracia representativa, la recuperación de una sociedad orgánica y jerárquica, la reivindicación de las demandas sociales, etc., que se manifiestan explícitamente en los programas neopopulistas, si bien forzando la “pureza doctrinal” de la Nueva Derecha y sacrificándola en beneficio de las exigencias del mercado electoral.
IV. Perspectivas de futuro
Parece ser el fin –al menos, el principio del fin- de la influencia intelectual de la ND en partidos nacionales como el FN o el MNR, así como en los diversos movimientos identitarios y populistas de derecha. El GRECE, ya por entonces, había sufrido una lamentable pérdida de seguidores, fieles, lectores y productores ideológicos. Negándose a reconocerse en las familias derechistas tradicionales, ni en el neoliberalismo al uso, ni en el nacional-populismo de ciertos movimientos identitarios, el movimiento grecista habría muerto de “metapoliticismo”, viendo menoscabado el ascendiente sobre su familia política de origen y “sin haber sido capaz de ganarse a unos contestatarios que, desde la otra orilla, lo observan con una suspicacia más que justificada”. La agrupación néodroitier habría quedado arrinconada en un divagante intelectualismo que no dejará de ser denunciado por los neoderechistas disidentes, como en el balance descrito por Guillaume Faye en el que reprochaba a la ND su excesivo culturalismo y una peligrosa tendencia hacia el aburguesamiento. Faye, después de seguir los pasos de Pierre Vial y de su reencuentro con exgrecistas asimilados por el FN, en el que probará sin éxito vincular su propuesta de “arqueofuturismo”, intentará reincorporarse a la dinámica del GRECE, pero el grupo afecto a Alain de Benoist acabará por excluirlo definitivamente en el año 2000.
Las formaciones examinadas anteriormente serán las causantes no sólo de una irreparable sangría de neoderechistas, sino que también implicarán el momento propicio para que algunos de los militantes de primera hora del GRECEpasados a las filas de otros partidos y organizaciones sometan a una crítica severa los excesos de la metapolítica y reflexionen sobre los motivos de su fracaso estratégico. Bien es verdad que, para entonces, los grecistas habían ido retirándose de las posiciones de vanguardia que habían ocupado anteriormente, pero el comienzo del ascenso electoral del FN supuso además una suerte de retorno a la política incluso de muchos de aquellos que habían dudado de la eficacia de la política real.
La Nouvelle Droite seguirá siendo una escuela de pensamiento antisistema, radical y dinámica pero, como diría Faye, “había sido relegada a la periferia del debate”. Parecía que los únicos candidatos dignos a la sucesión eran Robert Steuckers y Pierre Vial. O el propio FN favorecido por la fuga y el trasvase de “cerebros” desde la ND. La estrategia cultural y “metapolítica” de la ND había fracasado frente a la más mediática batalla de la “incorrección política” del FNy de sus sucursales identitarias. A partir de ese momento, según Guillaume Faye, se hace necesaria una revisión de las ideas originales de la ND. En primer lugar, una Europa etnopluralista y comunitarista, integradora del islam y de otras culturas alógenas, debe dejar paso a una Europa etnocéntrica e imperialista, aliada de Rusia para constituir Eurosiberia o Eurasia, contraria al antirracismo diferencialista y al relativismo cultural preconizado por Alain de Benoist; en segundo lugar, el abandono del falso tercermundismo, para subrayar que Europa constituye una civilización superior y que la “alianza de civilizaciones” forma parte de la hipocresía de izquierdas, oponiendo al antioccidentalismo originario un nuevo antiislamismo; en tercer lugar, una oposición a la hegemonía norteamericana, pero exclusivamente en el plano ideológico, no civilizatorio, pues el objetivo a largo plazo sería una solidaridad occidental contra la amenaza global: el gran peligro ya no procedería de la expansión del americanismo, sino del terrorismo y el inmigracionismo islámicos.
A pesar de que el corpus ideológico neoderechista ha contribuido a la renovación doctrinal de las formaciones políticas situadas en el contexto de la derecha radical, identitaria y neopopulista europea, el GRECE, según Stefano Vaj, se ha visto incapacitado no sólo para hacerse un hueco en las grandes antítesis que dominan el debate político, sino también, para imponer aquellas que, en sus propios términos, articularían la estructura de un nuevo paradigma de contornos aún difusos. Una posición neutralista que, según el propio Vaj, habría concluido por anular políticamente a la agrupación.[14] En definitiva, la ausencia de un discurso realmente pragmático –una utopía concreta y realizable-, la confusión de ideas divagantes entre derecha-izquierda, la falta de una síntesis real entre todos sus referentes ideológicos, serían los errores estratégicos que habrían derivado en su incapacidad manifiesta para ofrecer una respuesta radical y completa al sistema.
El GRECE desaparece “oficiosamente” en 1999, dando comienzo a una nueva etapa, desligada ya de su pasado, con el citado “Manifiesto de la Nueva Derecha del año 2000”, rubricado por Alain de Benoist y Charles Champetier (este último, poco después, abandona “misteriosamente” su labor intelectual). Así que la “facción benoistiana” de la Nouvelle Droite, encabezada por el “maestro”, arropado por una “nueva generación de pensadores” (como Yves Christen, Jean-François Gautier, Christopher Gérard, Arnaud Guyot-Jeannin, entre los más veteranos, y como François Bousquet, Michel D'Urance, Thibault Isabel, Pascal Eysseric, Olivier François, Thibault Isabel, David Mata, Michel Thibault, Pierric Guittaut, Charles Robin, Eric Maulin, Xavier Eman, Remi Soulié, David L'Epée, entre los más jóvenes), se reduce en la actualidad a la labor protagonizada por el grupo editorial que publica la revista Éléments (y, en menor medida, Nouvelle École y Krisis, esta última un proyecto personal de Alain de Benoist) y a los libros publicados por su maestro.
Por el camino han quedado apartados -forzosa o voluntariamente- un gran número de neoderechistas: desde Guillaume Faye y Robert Steuckers a Jean-Claude Valla y Pierre Vial, desde Jean-Yves Le Gallou e Yvan Blot a Charles Champetier y Georges Feltin-Tracol. Rupturas a veces ideológicas, otras personales, fruto del transfuguismo político o de la constitución de círculos minoritarios. Por otra parte, todos los intentos de convergencia con agrupaciones situadas en el espectro ideológico de la izquierda, o en posiciones conservadoras en principio antagónicas, han fracasado: el intercambio con el CERES (thin-thank socialista) de Jean-Pierre Chevènement, el coqueteo con el MAUSS (movimiento antiutilitarista) de Alain Caillé, la colaboración con la Nouvelle Écologie (heredera de la ecología profunda) de Laurent Ozon, la proximidad (a cierta distancia) con el FN de su expresidente Jean-Marie Le Pen. Pero la desvertebración de la ND no acaba aquí: numerosos partidarios que colaboraban, activa y frecuentemente, en las revistas del grupo durante un determinado período de tiempo, desaparecen luego de sus columnas de forma misteriosa (pongamos como ejemplos a Gilbert Destrées y a Paul Masquelier, entre una lista interminable y que continúa creciendo). En cuando a las “filiales” neoderechistas, antiguos discípulos, como Marco Tarchi en Italia o Alexander Dugin en Rusia, han tomado su propio camino. La Nueva Derecha formó “escuela” pero ha dejado de ser una “escuela”, sólo permanece el “maestro” y un pequeño grupo de estrechos colaboradores. Ciertamente, mientras todos los demás protagonistas, o han desaparecido de la escena ideológica, o han pasado a ocupar posiciones marginales y residuales, Alain de Benoist continúa siendo uno de los intelectuales más dinámicos y más mediáticos del pensamiento francés. Una victoria, sin duda, pero una victoria pírrica donde las bajas no compensan los territorios conquistados.
«¿Qué hacer?», se preguntaba Dominique Venner. «¿Habrá servido todo esto de algo?», se cuestionaba Michel Marmin. Parece más que probable la aparición de “nuevas” derechas e izquierdas, o bien de movimientos sociales que combinen elementos de ambas, tendencia en la que Alain de Benoist y “su” ND han sido auténticos “precursores”, porque «más que situarse en una posición de exclusión (ni de derechas ni de izquierdas) o de extrañamiento (más allá de la derecha o la izquierda), lo que ha hecho es adoptar un enfoque inclusivo (de derecha y de izquierda) y ensayar posibles fórmulas conciliatorias: ideas de izquierda más valores de derecha». El valor añadido y el mérito principal de Alain de Benoist «no ha sido tanto la originalidad o un despliegue de hallazgos novedosos, sino la voluntad de síntesis, la capacidad de ensamblaje en un sistema coherente, la ambición de proponer una visión global» durante las últimas décadas, con un espíritu enciclopédico, no exento de genialidad, pero, sobre todo, de buena fe. El autor le pone título: la disidencia perfecta.[15]
Pero algo parece estar cambiando en la mouvance neoderechista francesa. La constitución del Institut Iliade (pour la longue mémoire européenne) en junio de 2014, en homenaje a Dominique Venner, y presidida por Philippe Conrad, ha contribuido a la formación de un necesario espacio de encuentro entre las diversas facciones y líneas de pensamiento y actuación de estas “Nuevas Derechas”. En los actos y publicaciones de esta fundación, que cuenta con un importante mecenazgo económico y una militancia voluntaria inquebrantable, participan pensadores venidos de todos los ámbitos y facciones de la “derecha alternativa”, y no sólo francesa, también italiana, española, belga, suiza, alemana, rusa… , junto a personalidades como Renaud Camus, Bernard Lugan, Jean Yves Le Gallou, Henry de Lesquen, Guillaume de Tanouärn, Gianluca Iannone, Aymeric Chauprade, Slodoban Despot, Jean-François Gautier, Alain de Benoist y Javier R. Portella, que contribuyen a título particular, al margen de las líneas de fractura imperantes en este círculo de pensamiento, pero con una clara voluntad de convergencia ideológica. La Nouvelle Droite no ha muerto, sólo ha cambiado de aspecto.
También están cambiando las “relaciones peligrosas” entre la Nouvelle Droite y el Front National. La llegada de Marine Le Pen a la presidencia del FN ha supuesto un giro ideológico relevante que lleva la impronta de la ND: se ha distanciado del posicionamiento liberal-conservador (capitalista, anticomunista y proamericano) y ha dado a su agenda un marcado acento social, medioambiental, transversal, antieuropeo (contra la Europa del euro y de los mercados, no contra la Europa del imperio y de los pueblos) y antiglobalización. Según Jean-Yves Camus[16], los buenos resultados electorales provienen también del hecho constatable de que el FN ha meditado sobre las críticas que había expresado Alain de Benoist con anterioridad: «el futuro del FN dependerá de su capacidad para comprender que su “electorado natural” no es la gente de derecha, sino el pueblo llano. La alternativa no es encerrarse en el búnker de los “puros y duros”, ni tampoco buscar “banalizarse” o “desdiabolizarse”. La alternativa ante la cual se enfrenta es siempre la misma: querer encarnar todavía a la “derecha de la derecha” “o radicalizarse en la defensa de las clases trabajadoras». Pascal Perrineau[17], por su parte, concreta este cambio en la “introducción del juego de las referencias al discurso republicano (laicismo, patriotismo) y el reforzamiento del discurso identitario, cultural pero no exclusivamente étnico (denuncia de la islamización, rechazo del multiculturalismo y relativización de su antiinmigracionismo)”.
Desde este giro, las relaciones entre Marine Le Pen y Alain de Benoist parecen haber cambiado sustancialmente, al menos desde que aquella no descarta abrir un foro de debate y opinión con el líder neoderechista, aunque eso sí, con la oposición de Gollnisch, jefe del sector católico, que califica al pensador francés como el “Papa pagano de la extrema derecha”, y con la connivencia de su aliado Jacques Bonnard, que se encarga de cuidar la ortodoxia frentepopulista con sus guiños al bloque identitario y a la nueva derecha popular. Por su parte, Benoist no oculta su admiración por los alardes que Marine Le Pen despliega en el arte de la política. Insiste en que «es evidente que en el FN hay diversas sensibilidades, las cuales, sin embargo, están muy sobrevaloradas por los medios de comunicación. Estas tendencias son, de momento, tanto menos importantes en cuanto que Marine Le Pen agrupa sin dificultad a las diversas corrientes. Por lo demás, si se quiere descubrir absolutamente una división, no hay que buscarla entre los “nacional-republicanos” y los “identitarios” (Marion Maréchal Le Pen no es menos antiliberal que Florian Philippot), sino entre quienes todavía creen en la división derecha-izquierda (y apuestan por el inagotable mito de la “unión de las derechas”) y quienes han comprendido que la única gran separación es hoy la que enfrenta al pueblo con las élites mundializadas».
En definitiva, el FN ha experimentado la evolución gradual de una derecha radical hacia un movimiento nacional-populista. Ahora, el FN no es sólo una fuerza creciente, que llega a todas las categorías de hombres y mujeres, cualquiera que sea su edad, profesión o situación social, sino que se está consolidando como el partido más grande de Francia. Quizás sea el momento del debate ideológico entre una Nouvelle Droite y un Front National que nunca tuvo lugar.
 


[1] Ver el epígrafe 2.4 del libro La Nueva derecha. Cuarenta años de agitación metapolítica, Diego Luis Sanromán, Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), Madrid, 2008.
[2] Como Voix des Français-Renaissance 95, SOS Identité y Mouvement associatif pour l’union de la droite (MAUD)
[3] Le Gallou, Jean-Yves (dir.) et le Club de l'Horloge, La Préférence nationale: Réponse à l'immigration, Éditions Albin Michel, París, 1985. Puede leerse en línea en la página web del club “clubdelhorloge.fr”.
[4] Otros manifiestos donde el club expone sus principios son los siguientes: La Politique du vivant, Identité et croissance de l'homme, Une conception de la société, Qu'est-ce que la Nation?, Une éthique républicaine y La Démocratie confisquée. Pueden consultarse en la página web del club “clubdelhorloge.fr”, junto a otros archivos y documentos.
[5] Pueden consultarse los archivos de la página web “polemia.com”.
[6] Ver mi artículo titulado Relaciones peligrosas: un relato sobre la Nouvelle Droite y el Front National, en la revista Nihil Obstat Nº 23, 2014. También en la revista digital El Manifiesto, 26 de mayo de 2014.
[7] Pueden consultarse artículos y documentos en la página web “euro-synergies.hautetfort.com”.
[8] Pueden consultarse diversos artículos y documentos en la página web “bloc-identitaire.com”.
[9] François, Stéphane. Réflexions sur le mouvement «Identitaire», en Temps présents, 3 de marzo de 2009.
[10] Taguieff, Pierre André, Sur la  Nouvelle Droite, Jalons d'une analyse critique. Descartes & Cie, París, 1994.
[11] Steuckers, Robert. Nouvelle Droite et mouvement identitaire, entrevista realizada por el prof. J.P. Zuquete. Fuente: fr.novopress.info. Novopress es la agencia de noticias de los Identitaires franceses.
[12] Yiannopoulos, Milo y Bokhari, Allum. El Manifiesto de la Alt-Right, en la revista digital El Manifiesto, 13-14 de diciembre de 2016.
[13] Mellón, Joan Antón. La teoría política de la Nueva Derecha europea, en Flujos migratorios y su (des)control, Roberto Bergalli (coordinador), Anthropos, 2006.
[14] En la revista L'Uomo Libero, nº 51, mayo de 2001.
[15] Agulló, Rodrigo. Disidencia perfecta. La Nueva Derecha y la batalla de las ideas. Editorial Áltera, Madrid, 2011.
[16] Le Front national et la Nouvelle droite, capítulo IV del libro Les faux-semblants du Front nacional, Presses de Sciences Po, 2015.
[17] Le Front national à découvert, junto a Nonna Mayer, Jean-Yves Camus, Pierre-André Taguieff y otros autores. Presses de Sciences Po, 1996.

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COMENTARIOS
miércoles, 26 de abril de 2017

Papa

Benpist un papa pagano... ¡es genial!

# Publicado por: Derechón (Ciempozuelos)
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