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NACIÓN
La carga de los tres reyes

Augusto Ferrer-Dalmau, "La carga de los tres reyes" (detalle)

La situación empezaba a ser crítica para los nuestros —porque sintiéndolo mucho, señor presidente, allí los cristianos eran los nuestros—. Viendo lo cual Alfonso VII de Castilla cabalgó hacia el enemigo. Los reyes de Aragón y Navarra, con sus soldados aragoneses, catalanes y navarros, hicieron lo mismo.
Arturo Pérez-Reverte

17 de julio de 2017
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ARTURO PÉREZ-REVERTE


Ya ni siquiera se estudia en los colegios, creo. Moros y
 cristianos degollándose, nada menos. Carnicería sangrienta. Ese medioevo fascista, etcétera. Pero es posible que, gracias a aquello, mi hija no lleve hoy velo cuando sale a la calle. Ocurrió hace ocho siglos, cuando tres reyes españoles dieron, hombro con hombro, una carga de caballería que cambió la historia de Europa. El 16 de julio se es el aniversario de aquel lunes del año 1212 en que el ejército almohade del Miramamolín Al Nasir, un ultrarradical islámico que había jurado plantar la media luna en Roma, fue destrozado por los cristianos cerca de Despeñaperros. Tras proclamar la yihad —seguro que el término les suena— contra los infieles, Al Nasir había cruzado con su ejército el estrecho de Gibraltar, resuelto a reconquistar para el Islam la España cristiana e invadir una Europa —también esto les suena, imagino— debilitada e indecisa. 

Los paró un rey castellano, Alfonso VIII. Consciente de que en España al enemigo pocas veces lo tienes enfrente, hizo que el papa de Roma proclamase aquello cruzada contra los sarracenos, para evitar que, mientras guerreaba contra el moro, los reyes de Navarra y de León, adversarios suyos, le jugaran la del chino, atacándolo por la espalda. Resumiendo mucho la cosa, diremos que Alfonso de Castilla consiguió reunir en el campo de batalla a unos 27.000 hombres, entre los que se contaban algunos voluntarios extranjeros, sobre todo franceses, y los duros monjes soldados de las órdenes militares españolas. Núcleo principal eran las milicias concejiles castellanas —tropas populares, para entendernos— y 8.500 catalanes y aragoneses traídos por el rey Pedro II de Aragón; que, como gentil caballero que era, acudió a socorrer a su vecino y colega. A última hora, a regañadientes y por no quedar mal, Sancho VII de Navarra se presentó con una reducida peña de doscientos jinetes —Alfonso IX de León se quedó en casa—. Por su parte, Al Nasir alineó casi 60.000 guerreros entre soldados norteafricanos, tropas andalusíes y un nutrido contingente de voluntarios fanáticos de poco valor militar y escasa disciplina: chusma a la que el rey moro, resuelto a facilitar su viaje al anhelado paraíso de las huríes, colocó en primera fila para que se comiera el primer marrón, haciendo allí de carne de lanza. 

La escabechina, muy propia de aquel tiempo feroz, hizo época. En el cerro de los Olivares, cerca de Santa Elena, los cristianos dieron el asalto ladera arriba bajo una lluvia de flechas de los temibles arcos almohades, intentando alcanzar el palenque fortificado donde Al Nasir, que sentado sobre un escudo leía el Corán, o hacía el paripé de leerlo —imagino que tendría otras cosas en la cabeza—, había plantado su famosa tienda roja. La vanguardia cristiana, mandada por el vasco Diego López de Haro, con jinetes e infantes castellanos, aragoneses y navarros, deshizo la primera línea enemiga y quedó frenada en sangriento combate con la segunda. Milicias como la de Madrid fueron casi aniquiladas tras luchar igual que leones de la Metro Goldwyn Mayer. Atacó entonces la segunda oleada, con los veteranos caballeros de las órdenes militares como núcleo duro, sin lograr romper tampoco la resistencia moruna. La situación empezaba a ser crítica para los nuestros —porque sintiéndolo mucho, señor presidente, allí los cristianos eran los nuestros—; que, imposibilitados de maniobrar, ya no peleaban por la victoria, sino por la vida. Junto a López de Haro, a quien sólo quedaban cuarenta jinetes de sus quinientos, los caballeros templarios, calatravos y santiaguistas, revueltos con amigos y enemigos, se batían como gato panza arriba. Fue entonces cuando Alfonso VII, visto el panorama, desenvainó la espada, hizo ondear su pendón, se puso al frente de la línea de reserva, tragó saliva y volviéndose al arzobispo Jiménez de Rada gritó: «Aquí, señor obispo, morimos todos». Luego, picando espuelas, cabalgó hacia el enemigo. Los reyes de Aragón y de Navarra, viendo a su colega, hicieron lo mismo. Con vergüenza torera y un par de huevos, ondearon sus pendones y fueron a la carga espada en mano. El resto es Historia: tres reyes españoles cabalgando juntos por las lomas de Las Navas, con la exhausta infantería gritando de entusiasmo mientras abría sus filas para dejarles paso. Y el combate final en torno al palenque, con la huida de Al Nasir, el degüello y la victoria. 

¿Imaginan la película? ¿Imaginan ese material en manos de ingleses, o norteamericanos? Supongo que sí. Pero tengan la certeza de que, en este país imbécil, acomplejado de sí mismo, no la rodará ninguna televisión, ni la subvencionará jamás ningún ministerio de Educación, ni de Cultura.


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COMENTARIOS
jueves, 27 de julio de 2017

Se repetirá la historia?

No soy español. Pero sangre española corre por mis venas, lo que creo hace identificarme con esta nación desde el primero de mis múltiples viajes. La historia a bien o mal narrada por Perez Reverte independiente de las cifras y procedencia de quienes combatieron en esa historia batalla, claramente envía a los españoles y especialmente sus gobernantes, un mensaje al que deben bien interpretar. Pareciera que el Mediterráneo nunca ha sido obstáculo para ser invadido. Gibraltar es una espina que se los debe recordar perpetuamente. Ya Europa ha sido invadida solo falta la conflagracion.

# Publicado por: David Mendez (Panama)
miércoles, 19 de julio de 2017

Puntualizaciones.

Reverte, que se te ve tu tendenciosidad.
¿En el año 1212, el Rey de Aragón se llevo a 8.000 ¡Catalanes!, y aragoneses?
Se llevó a los Aragoneses, del reino de Aragón, Aragoneses, Valencianos y demás 2ralea´´

# Publicado por: ANTONIO MARTIN MORADILLO (ZARAGOZA)
lunes, 17 de julio de 2017

Bravo relato. Hecho irrepetible.

Cuando aun me impresiona la pelea inicial de ´´Gangs of New York´´ de treinta italianos contra treinta irlandeses a ´´armas blancas´´ pasar a 27.000 combatientes... me pierdo. Impresiomate descripción....pullas incluidas . Aunque dudo de lo de catalano-aragonesas.... Lo veo un ´´invento´´ de historiadores . y editores barceloneses (Enc. Dalmau Carles por ejemplo) En 1212, Cataluña aun serían unos condados ´´cap llunyá´´ (En el cabo lejano) Pero irían, seguro. .

# Publicado por: Puig (Valencia)
lunes, 17 de julio de 2017

En vísperas del contragolpe

Nos encontramos en vísperas del contragolpe de Estado que salvó a la República Española de una dictadura comunista. A partir de la liquidación de los elementos golpistas se inició un periodo constituyente que quizá no debería haberse extendido hasta más allá de 1950. Entonces, el general Franco debería haber convocado elecciones generales. Pero veamos las cosas con perspectiva: el régimen del Generalísimo era tan efectivo, con unas clases laboriosas cada vez más contentas, con una clase media cada vez más sólida, y con unos capitanes de empresa adecuadamente guiados por el gobierno para que su legítimo lucro repercutiera también en el bien público... que, honestamente ¿a quién le importaba la democracia parlamentaria en aquella época? a cuatro pelagatos. Sí es cierto que había otros cuatro pelagatos que no paraban de dar el coñazo pero no era la democracia parlamentaria precisamente lo que querían, sino la dictadura comunista. Hoy en día, sus descendientes tampoco paran de dar el coñazo. Son muy aburridos,

# Publicado por: Derechón (Madrid)
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