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    El Manifiesto. Periódico política y socialmente incorrecto

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NACIÓN
España es culpable


Pase lo que pase en octubre, el daño es irreparable y el mal es colectivo, pues todos somos culpables. Por estúpidos. Por indiferentes y por cobardes.
Arturo Pérez-Reverte

12 de septiembre de 2017
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ARTURO PÉREZ-REVERTE

No sé qué ocurrirá en Cataluña en octubre. Estaré de viaje, con la dosis de vergüenza añadida de quien está en el extranjero y comprueba que lo miran a uno con lástima, como súbdito de un país de fantoches, surrealista hasta el disparate. Por eso, el mal rato que ese día voy a pasar quiero agradecérselo a tres grupos de compatriotas, catalanes y no catalanes: los oportunistas, los cobardes y los sinvergüenzas. Hay un cuarto grupo que incluye desde ingenuos manipulables a analfabetos de buena voluntad, pero voy a dejarlos fuera porque esta página tiene capacidad de aforo limitada. Así que me centraré en los otros. Los que harán posible que a mi edad, y con la mili que llevo, un editor norteamericano, un amigo escritor francés, un periodista cultural alemán, me acompañen en el sentimiento.

Cuando miro atrás sobre cómo hemos llegado a esto, a que una democracia de cuarenta años en uno de los países con más larga historia en Europa se vea en la que nos vemos, me llevan los diablos con la podredumbre moral de una clase política capaz de prevaricar de todo, de demolerlo todo con tal de mantenerse en el poder aunque sea con respiración asistida. De esa panda de charlatanes, fanáticos, catetos y a veces ladrones –con corbata o sin ella–, dueña de una España estupefacta, clientelar o cómplice. De una feria de pícaros y cortabolsas que las nuevas formaciones políticas no regeneran, sino alientan.

El disparate catalán tiene como autor principal a esa clase dirigente catalana de toda la vida, alta burguesía cuya arrogante ansia de lucro e impunidad abrieron, de tanto forzarla, la caja de los truenos. Pero no están solos. Por la tapa se coló el interés de los empresarios calladitos y cómplices, así como esa demagogia estólida, facilona, oportunista, encarnada por los Rufiancitos de turno, aliada para la ocasión con el fanatismo más analfabeto, intransigente, agresivo e incontrolable. Y en esa pinza siniestra, en ese ambiente de chantaje social facilitado por la dejación que el Estado español ha hecho de sus obligaciones –cualquier acto de legítima autoridad democrática se considera ya un acto fascista–, crece y se educa desde hace años la sociedad joven de Cataluña, con efectos dramáticos en la actualidad y devastadores, irreversibles, a corto y medio plazo. En esa fábrica de desprecio, cuando no de odio visceral, a todo cuanto se relaciona con la palabra España.

Pero ojo. Si esas responsabilidades corresponden a la sociedad catalana, el resto de España es tan culpable como ella. Lo fueron quienes, aun conscientes de dónde estaban los más peligrosos cánceres históricos españoles, trocearon en diecisiete porciones competencias fundamentales como educación y fuerzas de seguridad. Lo es esa izquierda que permitió que la bandera y la palabra España pareciesen propiedad exclusiva de la derecha, y lo es la derecha que no vaciló en arropar con tales símbolos sus turbios negocios. Lo son los presidentes desde González a Rajoy, sin excepción, que durante tres décadas permitieron que el nacionalismo despreciara, primero, e insultara, luego, los símbolos del Estado, convirtiendo en apestados a quienes con toda legitimidad los defendían por creer en ellos. Son culpables los ministros de Educación y los políticos que permitieron la contumaz falsedad en los libros de texto que forman generaciones para el futuro. Es responsable la Real Academia Española, que para no meterse en problemas negó siempre su amparo a los profesores, empresarios y padres de familia que acudían a ella denunciando chantajes lingüísticos. Es responsable un país que permite a una horda miserable silbar su himno nacional y a su rey. Son responsables los periodistas y tertulianos que ahora despiertan indignados tras guardar prudente cautela durante décadas, mientras a sus compañeros que pronosticaban lo que iba a ocurrir –no era preciso ser futurólogo– los llamaban exagerados y alarmistas.

Porque no les quepa duda: culpables somos ustedes y yo, que ahora exigimos sentido común a una sociedad civil catalana a la que dejamos indefensa en manos de manipuladores, sinvergüenzas y delincuentes. Una sociedad que, en buena parte, no ha tenido otra que agachar la cabeza y permitir que sus hijos se mimeticen con el paisaje para sobrevivir. Unos españoles desvalidos a quienes ahora exigimos, desde lejos, la heroicidad de que se mantengan firmes, cuando hemos permitido que los aplasten y silencien. Por eso, pase lo que pase en octubre, el daño es irreparable y el mal es colectivo, pues todos somos culpables. Por estúpidos. Por indiferentes y por cobardes.

© XL Semanal


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martes, 12 de septiembre de 2017

Reconquista

Si no hay vuelta atrás en Cataluña, caben dos posturas: la de Boabdil, llorar la pérdida, o la de Pelayo, comenzar la reconquista de suelo español de manos secesionistas.

# Publicado por: Paulino (Madrid)
martes, 12 de septiembre de 2017

OLIGARQUÍA DE PARTIDOS

´´Los grandes bandidajes solamente pueden darse en naciones que van dedemocráticas en las que el gobierno está concentrado en pocas manos´´.
Alexis de Tocqueville

Con la iglesia me quedé en sin pecado concebida.

# Publicado por: el Blues (Madriz)
martes, 12 de septiembre de 2017

España o es católica o no es

Seguimos sin querer entenderlo y sin querer bajar hasta el fondo de la cuestión, porque las implicaciones que eso tendría, a saber, el reconocer el error propio (de apostar por el liberalismo generalmente entendido, que es lo que tenemos) y sobre todo a nivel tanto individual como social, y es que España o es católica o no es. Quizás ya sea demasiado tarde, o quizás no, pero la causa verdadera de la destrucción de España entera (no solo de Cataluña y otras partes de España) fue renunciar a su catolicidad (confesionalidad) tanto formal como materialmente. Sin embargo los intelectuales de pro, tanto liberales como ´´patriotas a secas´´, eruditos que en realidad no saben lo que es España, seguirán pegando palos de ciego, cualquier cosa menos poner el dedo en la llaga y reclamar la catolicidad de España, pasando por supuesto por encima de la iglesia conciliar (materialmente apóstata).

# Publicado por: Tradición Digital (España)
martes, 12 de septiembre de 2017

¿Culpable?....

El pueblo español, todos los que siguen votando en este régimen de partidos estatales totalitario. No tiene la culpa el cerdo (el político), sino quien le da de comer, quien le vota.

# Publicado por: Pedro (Cirauqui)
martes, 12 de septiembre de 2017

FALTA DE PATRIOTISMO

Yo, que llevo en mi mochila el sentir patriótico como algo que atesoro desde que tengo uso de razón, que he defendido ante desaliñados ideólogos y tibios contertulios la condición de sentirme español, me lleno de estupor y vergenza ate la dejadez, omisión de la obligación de defender nuestra identidad y el desprecio instituido de la imagen de España.
´´Este país´´, como titulan los que no se sienten españoles, o les importa muy poco, no se merece un trato como está recibiendo y me atrevo a decir que la única institución que defiende, o defendería España, es la Legión. Voto por ellos, porque en las actuales circunstancias, saben mantener el tipo. El resto son bloques que tratan de sacar partido a sus ideas para beneficio propio.
Es una gran pena...

# Publicado por: ROBOLMO (Alceda)
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