La frontera sur de Europa

"La democracia traerá opresión; la ley islámica,
justicia", dicen las pancartas.

jesús laínz    

Siendo España la frontera sur de Europa, deberíamos estar especialmente interesados por las convulsiones sociales que agitan el norte de África, no sólo porque se trata de los populosos y crecientes vecinos que tenemos al otro lado de la piscina sino porque, desde que hace una década se abrieron las puertas a la inmigración masiva, buena parte de los que suelen llamarse “nuevos españoles” tienen allí su origen.

No hace falta ser un omnisciente teleopinador para advertir las tres fuerzas que están buscando su hueco en el futuro político de Egipto: en primer lugar, los partidarios del actual gobierno; en segundo, los que desean el establecimiento de un régimen inspirado en las democracias occidentales; y en tercero, los fundamentalistas islámicos.

Quizá no debiera pasarse por alto el significativo detalle de que los egipcios afincados en Londres que estos días han protestado ante la embajada de su país no han enarbolado pancartas reivindicando la implantación del sufragio universal, sino que sus lemas han sido bastante distintos: “Necesitamos la ley de Alá, no la ley de los hombres”, “El Islam es la solución para Egipto”, “La democracia traerá la opresión”, “La Shariah traerá la justicia”, “La democracia es el camino hacia el fuego del infierno”.

Teniendo en cuenta que estos argumentos provienen de musulmanes residentes en Occidente y dado que en en este país de maniqueos no se oyen otras voces que las de los islamófobos advenedizos de la derecha y los islamófilos irreflexivos de la izquierda, cabría hacerse un par de preguntas.


Primera pregunta, o la disyuntiva del huevo y la gallina: ¿les estamos intentando exportar el modelo occidental como consecuencia de sus ganas de
yihad, o sus ganas de yihad son la consecuencia de nuestro intento de exportarles el modelo occidental?

Segunda pregunta, o la disyuntiva de Troya: ante un enemigo potencialmente hostil tenemos cuatro posibilidades.

1- Le tratamos bien en su casa y no le facilitamos el acceso a la nuestra.

2- Le tratamos bien en su casa y le facilitamos el acceso a la nuestra.

3- Le maltratamos en su casa y no le facilitamos el acceso a la nuestra.

4- Le maltratamos en su casa y le facilitamos el acceso a la nuestra.

Si yo tuviera voz y voto en la gobernación de Occidente, optaría, sin la menor duda, por la primera, tanto por motivos morales como tácticos.

Por el contrario, Occidente lleva muchas décadas optando por la diametralmente opuesta, la cuarta.

Los resultados ya se están viendo, y con el tiempo irán a más.

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