Claros, al menos, lo son.
Reconocen odiar lo grande, lo heroico

"Sin heroísmos, por favor", titulan una... lo que sea

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Hace unos días, echando un vistazo a las páginas "culturales" del diario "El País" mis ojos tropezaron abruptamente con las siguientes palabras: "Urge desmitificar el acto de crear". Quien tan campanudamente lanzaba este mensaje era una tal Tania Pardo, comisaría ¿política? de la exposición "Sin heroísmos, por favor" en el Centro de arte Dos de Mayo en la madrileña población de Móstoles. (¿No podrían haber encontrado algún sitio más adecuado? ¿O lo han hecho expresamente? En Móstoles, precisamente en Móstoles, y en el Centro "Dos de Mayo" es donde se les ocurre maldecir a los héroes doscientos años después... ¡Pobre alcalde de Móstoles!)
 
El pasmo inicial desembocó inopinadamente en una indignación mayúscula.
 
Es precisamente en el “acto creativo” cuando el hombre se encuentra más cerca de lo sagrado, de lo prodigioso. Por medio de ese acto se produce la elevación de nuestro espíritu hacia lo sublime. No es, en ningún caso, un hecho cotidiano. Al contrario, es extraordinario y fabuloso. El arte se adentra, de forma dramática, en el ámbito de lo mítico.
 
Arte y cultura como ventanas hacia un “más allá”, hacia lo trascendente. El arte como reflejo del espíritu. Salvavidas al cual aferrarse para no perecer en la más tediosa de las rutinas, chapoteando entre la mediocridad más asfixiante.
 
Como atinadamente señala Spengler en su libro Los años decisivos editado por Áltera, nos hallamos inmersos en una auténtica “oclocracia”. Es decir, el gobierno de la muchedumbre y de la plebe, cuya meta es acabar, de una vez por todas, con nuestro espíritu; arrancando de cuajo “lo sagrado” de nuestros corazones. Persiguen el “ideal moderno” de convertir a los hombres en una masa amorfa de esclavos lobotomizados sin conciencia ni libertad. Un rebaño de autómatas programados por un “Gran Hermano” global.
 
Ya el gran escritor colombiano Nicolás Gómez Dávila nos avisaba con acertadas palabras: “Al hombre moderno le es indigente no hallar la libertad en su vida, sí la halla ensalzada en los discursos de quienes los oprimen”.

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