La(s) Nueva(s) Derecha(s) y el movimiento identitario (I)


El GRECE (Groupement de recherches et d´études pour la civilisation européenne) nace en Mayo del 68 por la confluencia de varias organizaciones de la derecha radical francesa, motivada por la gran pregunta «¿Qué hacer?» de Dominique Venner.
Jesús J. Sebastián    


I. Orígenes

El GRECE (Groupement de recherches et d´études pour la civilisation européenne) nace en Mayo del 68[1] por la confluencia de varias organizaciones de la derecha radical francesa[2], motivada por la gran pregunta «¿Qué hacer?» de Dominique Venner.[3] Venner sólo formará parte de la Nouvelle Droite como inspirador en su fundación, sin ocupar cargos orgánicos ni integrarse en su activa militancia, pero colaborará con la misma, como historiador, en su condición de simpatizante.[4]
La agrupación GRECE, matriz de la Nueva Derecha (ND) francesa, hoy casi desaparecida, tuvo la virtud de reunir durante varias décadas a lo más granado y prometedor de la derecha nacional, radical y disidente francesa. Entre sus fundadores encontramos nombres conocidos que serán fundamentales en la constitución de la agrupación: Jacques Bruyas, Alain de Benoist (que por aquella época utiliza el seudónimo de Frabrice Laroche), Pierre Bérard, Vincent Decombis, Roger Lemoine, Giorgio Locchi, Jean-Yves Blochet, Jean-Jacques Mourreau, Jean-Claude Rivière, Maurice Rollet, Jean-Claude Valla, François d´Orcival, Alain Mallard, Philippe Millau, Roger Vétillard, entre otros. Posteriormente, se irán incorporando otros históricos de la ND: Pierre Vial, Jacques Marlaud, Xavier Marchand, Jean-Claude Bardet, Jean-Yves Le Gallou, Yvan Blot, Luc Pauwels, Robert Steuckers, Guillaume Faye, Michel Marmin, Jean Varenne, Jean Haudry, Jean Mabire, Pierre Le Vigan y un largo etcétera.
Si bien el GRECE no era el primer intento de renovación profunda del pensamiento de la derecha radical europea, sí que constituye, sin duda alguna, el movimiento más original y prolífico de los producidos después de la “guerra civil europea” (1914-1945), especialmente por su objetivo de arrebatar a la izquierda sus espacios políticos y doctrinales que la hacían dominar la hegemonía cultural según la teoría gramsciana. Incluso un izquierdista reverenciado como Norberto Bobbio cuestionaba la observación de Laponce de que revistas tales como New Left o Keep Left no tuvieran réplica en la derecha, pues esta afirmación quedaba desmentida por las diversas publicaciones de una luchadora y ambiciosa Nouvelle Droite.[5]
Lo que los “medios” denominaron, a partir de 1979, como “Nueva Derecha”[6] es, en realidad, una escuela de pensamiento. Un joven e idealista Alain de Benoist esperaba constituir una corriente de pensamiento equivalente a la primera Escuela de Frankfurt o al MAUSS de los antiutilitaristas, pero desde otros planteamientos teóricos e ideológicos. Según J.J. Esparza, «a la ND se la llamó así porque era una forma de pensar distinta a lo que entonces estaba en vigor, que era el monopolio ideológico de la izquierda. Y como tampoco encajaba en los moldes hasta entonces habituales de la derecha común –porque no era ni tradicionalista ni liberal–, se la llamó “nueva”».[7]
Así que la ND no nace como un movimiento político, sino que se concibe como una escuela de pensamiento, según declaraban Alain de Benoist y Charles Champetier en el célebre “Manifiesto de la Nueva Derecha del año 2000”.[8] Es decir, los integrantes del grupo neoderechista la consideran más que un club de opinión o un círculo de reflexión, más próxima a un laboratorio de ideas. Pero, en cualquier caso, nada parecido a una organización militante y activista en el terreno político. Ésta va a ser la primera causa del disenso interno.
Los inicios del grupo son espectaculares y prometedores. Pero la ausencia de consenso ideológico en torno a todas las líneas de pensamiento investigadas por la llamada “facción benoistiana” pronto provocaría diversas fugas y escisiones, huidas y divisiones, así como el nacimiento de distintos movimientos identitarios y neopopulistas. El desacuerdo en algunos temas fundamentales será el detonante: la estrategia metapolítica (es decir, la primacía del combate cultural en detrimento del combate político), el paganismo (con su crítica del cristianismo y, su inevitable corolario, de todas las ideologías igualitaristas y universalistas), el antiliberalismo (incluyendo la crítica del capitalismo y del mercantilismo –a veces incluso utilizando recursos marxianos–, y su antiamericanismo) y el comunitarismo (versión angloamericana de un pluriculturalismo con matices, aristotélico y crítico del multiculturalismo liberal).
Uno de los principales críticos y disidentes del núcleo neoderechista como Guillaume Faye, exponía en su obra “El Arqueofuturismo”[9] las causas de la decadencia del GRECE: 1) El nacimiento competitivo del Front National y de otros movimientos neopopulistas e identitarios, unido a una mala comprensión, por parte de la ND, del pensamiento de Antonio Gramsci; 2) La acentuación de la censura por el black-out y la prohibición del acceso a los mass-media, así como la acentuación de la represión ideológica frente a todo pensamiento alternativo: la ND se habría sometido a estos diktats sin atreverse a combatirlos mediante una respuesta creadora y provocadora; 3) La profunda inadecuación de las publicaciones de la ND frente a las estrategias actuales de prensa y de comunicación, unida a una táctica editorial poco eficiente; 4) El mantenimiento de una “lógica de aparato” anticuada, de estilo partitocrático, fundamentalmente inadecuada para un movimiento o una escuela de pensamiento y una huida de los cuadros hacia otras organizaciones; 5) Una esclerosis del corpus ideológico, unida a la permanencia de un “pasadismo cultural derechista” y de una renuncia, en muchos dominios, al “pensamiento radical”, el único susceptible de crear un electroshock suficiente para romper el black-out mediático, además de una serie de contradicciones entre las referencias imperial-europeas implícitas y un discurso explícitamente etnopluralista, incluso inmigracionista; 6) Una ausencia doctrinal sobre los temas económicos y científicos y una hipertrofia del discurso literario; y. 7) Una prioridad de la crítica (el famoso discurso “antitodo”) sobre las propuestas positivas, de la reacción sobre la acción.
No ocultaré aquí que el autor de este breve ensayo se considera parte de esa “facción benoistiana” (aunque sería mejor calificarla de “corriente”). Personalmente, siempre he considerado a Alain de Benoist como un maestro, un maestro del pensamiento. Y, ciertamente, añoro aquellas épocas en las que su pensamiento era, por decirlo de alguna manera, más estable, aunque nunca exento de evoluciones innovadoras y, a veces, incluso sorprendentes, pero, sobre todo, más radical y más respetuoso con sus orígenes. Por ello, la evolución de la corriente ideológica liderada por Alain de Benoist debe ser objeto de un sereno análisis y, por qué no, de una crítica retrospectiva. Al mismo tiempo, las otras facciones o corrientes neoderechistas deben ser estudiadas y situadas en su contexto, extrayendo de las mismas interesantes reflexiones y argumentaciones para la formación de un “cuerpo ideológico” que comprenda en su seno las distintas tendencias nacidas de la primigenia Nouvelle Droite. En consecuencia, estamos obligados moralmente (en su acepción política) a una lectura de las principales obras de referencia de estos “disidentes neoderechistas” -lo que hace imprescindible una ambiciosa labor editorial, hasta ahora prácticamente inédita y limitada a los libros de Alain de Benoist, para su publicación y difusión en España.[10]
El caso es que el movimiento (o mouvance)[11] conocida como Nueva Derecha, bajo el patrocinio y liderazgo indiscutibles de Alain de Benoist, concilió cierto consenso ideológico hasta mediados de la década de los años 80 del pasado siglo (fecha en la que, según Pierre-André Taguieff, comienza su “desderechización”), acuñando múltiples microrrelatos que han constituido el denominador común para diversos movimientos políticos y culturales, de rasgos identitarios y/o neopopulistas, que se extienden por toda Europa. A partir de esa época, sin embargo, la Nueva Derecha liderada por Alain de Benoist comienza a vislumbrarse e interpretarse más como un proyecto personal intelectual del autor francés que como una escuela de pensamiento diferencialista. Pero el resultado de su elaboración ideológica durante los primeros lustros de existencia será fundamental para el nacimiento de esas corrientes posmodernas, como son el populismo (de derecha) y el identitarismo.

II. Evoluciones del pensamiento
Quizás resulte productivo realizar un breve recorrido por la evolución de las concepciones nucleares (ideas-fuerza) de la ND.[12] No se trata aquí de efectuar un análisis profundo, ni siquiera una síntesis, de la ingente producción teórica de Alain de Benoist y la Nouvelle Droite original; se trata, más bien, de intentar situar sus coordenadas ideológicas esenciales dentro del contexto de la “crisis de las ideologías” que ha caracterizado la posmodernidad. Cuáles son los ejes o vectores principales sobre los que ha desplegado esta corriente de pensamiento una ambiciosa reflexión política, para así poder realizar posteriormente un análisis comparativo con las otras “Nuevas Derechas” surgidas por escisión, prolongación o simple confrontación. Nos limitaremos aquí, por razones obvias, al análisis de las Nuevas Derechas surgidas en Francia, y no sólo por su trascendencia, sino también porque los otros movimientos ideológicos surgidos (por contagio o imitación) en otros países europeos (Italia, especialmente, pero también en Bélgica, Holanda, Alemania, Inglaterra, España y Rusia), o han experimentado una evolución divergente (como en la mayoría de ellos) o su existencia es prácticamente irrelevante (como en el caso español).
Según Esparza[13], la aportación de la ND puede resumirse en una crítica muy extensa e intensa de la civilización contemporánea, pero desde una amplia base filosófica (desde la Escuela de Frankfurt hasta los grandes reaccionarios franceses y desde los místicos de la Alemania medieval hasta los sociólogos posmodernos) y con una proyección propiamente multidisciplinar (lo mismo se aplica a la economía que a la psicología, a la biología que a la política).
El propio Alain de Benoist, en un intercambio de ideas con Alain Caillé, describía así su posición ideológica: «Mi filiación, si es preciso dibujar una, sería más bien la siguiente: Rousseau, la Comuna, el Socialismo francés (Georges Sorel y Pierre Leroux), los No-conformistas de las años treinta, la Revolución conservadora alemana, el Sindicalismo revolucionario italiano y el Situacionismo. Extraiga usted las conclusiones oportunas». Valores de derecha e ideas de izquierda.
Siguiendo este método se hace ineludible examinar cuáles son los principales referentes teóricos del pensador francés: 1) la filosofía de Nietzsche y Heidegger, especialmente la crítica metafísica de la subjetividad y la cuestión de la técnica del segundo, así como el giro hermenéutico de la fenomenología de Husserl; 2) los precedentes de autores franceses o francófonos: Jean Thiriart (nacional-comunitarismo europeo), Dominique Venner (estrategia metapolítica gramsciana), Georges Dumézil (indoeuropeísmo), Louis Dumont (holismo antiindividualista), Louis Rougier (crítica del cristianismo) y Arthur Koestler (contra el reduccionismo y el totalitarismo), hoy prácticamente abandonados; 3) las reflexiones de Carl Schmitt sobre el poder, la democracia y el Estado, así como su crítica del liberalismo, complementadas con la esencia de lo político y lo económico en Julien Freund; 4) la tradición espiritual y la concepción imperial de los italianos Julius Evola y Giorgio Locchi, hoy también archivados sin más trámite; 5) los descubrimientos de la sociobiología (Edward O. Wilson y Richard Dawkins), desde la etología (Konrad Lorenz) hasta la psicobiología (Hans J. Eysenck), olvidados e, incluso, desautorizados en la actualidad; 6) el nihilismo aristocrático de los autores de la Revolución Conservadora alemana (Ernst Jünger, Arthur Moeller van den Bruck, Oswald Spengler, Ernst von Salomon, Werner Sombart, Max Weber, etc.), con especial consideración de las facciones joven-conservadora, nacional-revolucionaria y nacional-bolchevique (Niekisch, Scheringer, Bronnen, Romer y Neumann); 7) la influencia del sindicalismo revolucionario (Georges Sorel); 8) el situacionismo radical sobre la alienación y aculturación de las sociedades contemporáneas (Guy Debord), así como la crítica de la sociedad de consumo (Jean Baudrillard); 8) los no-conformistas franceses (Thierry Maulnier) y el personalismo (Emmanuel Mounier); 9) el antiutilitarismo maussiano y la reciprocidad del “don” frente al economicismo y el mercantilismo (Alain Caillé); 10) el nuevo ecologismo (Edward Goldsmith, Arne Naess) y el decrecimiento frente al desarrollismo (Serge Latouche); 11) los elementos básicos de la teoría crítica de la primera Escuela de Frankfurt (Adorno, Benjamin, Horkheimer, etc.).
Tampoco ha olvidado Alain de Benoist, pese a su antiamericanismo, a una serie de escritores y pensadores de los países de habla inglesa. Son pocos en número, pero no sin importancia, como los teóricos del comunitarismo, comenzando por Michael Sandel, el canadiense Charles Taylor, el inglés Alasdair McIntyre y, especialmente, Cristopher Lasch, un teórico del “socialismo populista”, una expresión que nos trae a la memoria al gran George Orwell, reivindicado tanto por la Nueva Izquierda americana (Paul Piccone) como por la Nueva Derecha. Una escuela comunitarista cuya incorporación al acervo neoderechista ha causado innumerables problemas a su corriente matriz.
Esparza ha efectuado un gran esfuerzo de síntesis y simplificación sobre cuáles son las líneas maestras de la crítica de la ND, describiéndolas en tres vectores. El primero es una triple refutación: por un lado, «la reprobación de la cultura social impuesta desde los años sesenta por la intelligentsia de izquierdas, cultura social que se traducía en una singular mezcla de igualitarismo forzoso, materialismo ideológico, abdicación moral generalizada y odio infinito hacia la identidad histórica europea; por otro, «un hondo inconformismo hacia la civilización económica impuesta por el orden capitalista en Occidente»; y por último, «el hastío de una Europa sometida al despotismo de un mundo bipolar y la búsqueda afanosa de una vía propia». La crítica del modelo cultural de la izquierda llevó «a una disección del igualitarismo, a saber, ese dogma de la igualdad esencial de los seres humanos», pero apartándose de la clásica crítica liberal al igualitarismo (en términos económicos de ambición, progreso y eficacia), o mejor, subrayando los fundamentos antropológicos de la diferencia, tanto entre los hombres como entre los pueblos.
El segundo vector es «la crítica de la civilización económica –y de su corolario, la civilización técnica–», identificando al individualismo como origen del problema: «el individualismo, esto es, la convicción de que el horizonte último de toda reflexión y toda acción es el individuo, su autonomía identificada como su “mejor interés”, su búsqueda de una felicidad interpretada en términos de éxito material, según un patrón de conducta que de la vida económica se extiende a cualesquiera otros campos, desde la política hasta las relaciones familiares». La ND tiene la necesidad de plantear una sociedad alternativa a la que gira sobre el individualismo, bien desde el tribalismo sociológico de los posmodernos, el personalismo cristiano o las tesis de los comunitaristas anglosajones. Y el tercer vector «se desplegó bajo la forma de una crítica del universalismo –aunque habría sido más exacto hablar de “mundialismo”– que llevó a reprobar la idea de una convergencia planetaria en torno al modelo norteamericano y a proponer una Europa soberana en los planos militar, diplomático y económico, a defender las identidades culturales de todos los pueblos y a plantear una alianza de esa Europa soberana con el Tercer Mundo». El propio Esparza reconoce que sería prolijo entrar en mayores profundizaciones o derivaciones de estas tres líneas maestras, citando ejemplos como «la crítica del concepto de “humanismo”, la mirada desconfiada hacia la civilización técnica, la recuperación de elementos del discurso ecologista tradicional, el planteamiento de una concepción alternativa de la democracia y del Estado, la crítica del nacionalismo como “metafísica de la subjetividad”, etc.».
Esparza, no obstante, centra sus últimas reflexiones críticas en una parte destacada del antiigualitarismo benoistiano, esto es, la crítica del cristianismo y la apuesta por un neopaganismo filosófico y simbólico que reclama la diversidad también en la posición del hombre en el orden de la naturaleza, motivos ambos por los que el escritor español exteriorizó públicamente su “ruptura oficial” con las tesis paganas de Alain de Benoist y los suyos, no obstante la existencia de numerosos cristianos confesos en las filas de cualquier familia de la ND.[14]
Otros autores, como José Andrés Fernández Leost[15], destacan la originalidad del pensamiento transversal y pluridisciplinar de la ND, mediante la lectura de tres ejes ideológicos: 1) una ontología pluralista, fundamentada en una visión heterogénea y abierta del mundo y del hombre, que pone el énfasis en la diversidad de nuestra existencia; 2) un enfoque antimoderno, a través de la demoledora crítica de la modernidad, pensamiento occidental hegemónico que ha instrumentalizado el proceso de individualización y uniformización y ha espiritualizado el “igualitarismo universalista” a través, principalmente, del cristianismo y del liberalismo; 3) un comunitarismo conservador, que implica no sólo la crítica del modelo liberal, sino también el modelo de integración republicano y el de alienación y descohesión del socialismo, reivindicando la cuestión de la “identidad cultural” sea étnica o personal.
Complementando lo anterior, distinguiremos tres fases (la intermedia como transición) en el desarrollo del pensamiento neoderechista. La evolución del itinerario político-intelectual de Alain de Benoist debe ser analizada, según Pierre-André Taguieff[16] como la de un “tránsfuga” político. En sus orígenes, su ideología política giraba en torno a un anticomunismo radical, a un nacionalismo maurrasiano con cierta visión europeísta, su defensa de Occidente y en una especie de racismo cientifista fundamentado en la biología genética y en la psicología diferencial de la inteligencia. A continuación, el pensador francés rompe con el biologismo y se distancia del anticomunismo, hasta el punto de señalar al liberalismo y al mercantilismo angloamericanos como los enemigos principales, todo ello en defensa de las comunidades e identidades orgánicas, étnicas y culturales. De Benoist formula, posteriormente, una crítica radical del nacionalismo y del fascismo, como formas del totalitarismo, atacando el culto al Estado-nación, y defendiendo una Europa, en su forma imperial, respetuosa con los particularismos y especificidades culturales que describen su etnopluralismo. Posteriormente, inicia la defensa de una democracia orgánica, directa y participativa y lanza una arriesgada definición del “tercermundismo de derecha”, una alianza Europa-Tercer Mundo contra el Imperio americano. El antiamericanismo, reforzado por su crítica del liberalismo y las formas capitalistas, como un rechazo de la hegemonía americana y el democratismo mundialista que se prefiguran como el único destino de la humanidad, así como el abandono de su inicial postura anticomunista, crearán el ambiente propicio para un encuentro entre un “disidente de la derecha” y algunos “comunistas heréticos y atípicos” que manifiestan su disposición al diálogo y al debate.
Por su parte, Esparza, siguiendo la reflexión de Taguieff, describe –con mayor amplitud– cuatro etapas: 1) La formación del corpus doctrinal originario, muy condicionada por un realismo biológico que ponía el énfasis en la desigualdad (interindividual e interétnica) y en el determinismo genético, señalando al marxismo y al comunismo como los principales enemigos. 2) La estabilización doctrinal, que implica la crítica del judeocristianismo, origen del igualitarismo, y la reivindicación de un neopaganismo europeo; la adopción de un neoaristocratismo nietzscheano inspirador del antirracismo diferencialista, culturalista e identitario; señalando al igualitarismo de origen monoteísta como el enemigo principal. 3) La readaptación doctrinal, consolidando un etnopluralismo que subraya las diferencias e identidades culturales frente el etnocida universalismo occidental, el rechazo del economicismo y del capitalismo liberal, la denuncia de todo totalitarismo y reduccionismo; mutando el enemigo principal que ahora es una conjunción de liberalismo, americanismo, occidentalismo, atlantismo y universalismo, en ese proceso que Taguieff califica de “desderechización ideológica” de la ND. 4) La segunda focalización doctrinal, con la asunción del tercermundismo diferencialista (una alianza Europa-Tercer Mundo contra la hegemonía americano-soviética, en aquella época), un posmodernismo “de derecha” y la recuperación de “lo sagrado” como fundamento del europeísmo, proponiendo la defensa de la identidad, el arraigo y la diversidad, en un proceso de convergencia entre la Nueva Derecha y las familias heréticas de la Nueva Izquierda.
Rodrigo Agulló[17], por su parte, distingue dos grandes etapas. La primera “etapa clásica” o de fijación doctrinal, desde su fundación en 1968 hasta 1979, se caracteriza por su estrategia metapolítica gramsciana que reivindica un “culturalismo de derecha” marcado por sus orígenes en el entorno de la derecha radical europea. Y una segunda “etapa transversal” o de nuevas convergencias, cuyos elementos centrales son el rechazo del economicismo, la crítica del capitalismo y la lucha contra la mundialización, buscando la formulación de “nuevas síntesis” que permitan superar la dicotomía derecha-izquierda, sea a través del europeísmo identitario, el tercermundismo, el neopaganismo, el antiindividualismo o el neoecologismo.[18]
 (Continuará)


[1] Con reuniones fundacionales en Niza y Lyon, aunque su constitución oficial se demora hasta 1969.
[2] Citaremos por su importancia a Europe-Action, la Fédération des étudiants nationalistes (FEN),vinculada a la militancia en Jeune Nation,el Mouvement national du progres y el Rassemblement européen pour la liberté.
[3] Miembro del movimiento “Jeune Nation”, Venner abogó desde el principio por la creación de una organización nacionalista europea y revolucionaria. En 1962 escribe su famoso ensayo “Pour une crítique positive” y se convierte en uno de los principales inspiradores de la “Féderation d´Etudiants Nationalistes” (FEN), organización en la que un joven Alain de Benoist publica sus primeros ensayos. En 1963 Venner funda el grupo “Europe Action” que Benoist empieza a frecuentar. El encuentro entre el veterano y la joven promesa será decisivo y se materializará en un nacionalismo europeísta, antiliberal y anticristiano. El manifiesto “Por una crítica positiva” ejerció, según Alain de Benoist, una influencia considerable: «Su principal interés fue el de proponer a la “derecha” hacer una autocrítica. Pero, sobre todo, encontramos por primera vez, en sus teorías y argumentos, una posición radical entre los “nacionalistas” y los “nacionales”.»
[4] Algunos analistas críticos de la Nueva Derecha, como Stephane François o Diego L. Sanromán, incluyen a Dominique Venner entre los fundadores de la agrupación neoderechista, bajo el seudónimo de Julien Lebel. Pero el propio Alain de Benoist ha dicho que «contrariamente a lo que se dice en ocasiones, Dominique Venner no formó parte de los primeros fundadores del GRECE. Tampoco fue miembro de la ND, lo que, evidentemente, no me impidió conservar con él las relaciones más amigables» (Alain de Benoist, Mémoire vive. Entretiens avec François Bousquet, Éditions de Fallois, París, 2012).
[5] Laponce, J.A. Left and Right. The Topography of Political Perceptions, University of Toronto Press, 1981.
[6] La expresión Nueva Derecha presenta además otras dificultades. Ya había “nuevas derechas” inglesa y americana (neoconservadores o “neocons”) pero, lejos de estar relacionadas con la ND francesa o europea, representaban justo lo contrario: combinando el fundamentalismo religioso, el atlantismo occidental, la defensa del capitalismo y el apoyo a la ideología de mercado, estas “nuevas derechas” representaban, de hecho, todo lo que la ND francesa había criticado radicalmente.
[7] Esparza, José Javier. La Nueva Derecha y la cuestión religiosa, en la revista El Manifiesto nº 9, 2008.
[8] Manifeste: la Nouvelle Droite de l’an 2000, de Alain de Benoist y Charles Champetier, en la revista Éléments Nº 94.
[9] Faye, Guillaume. L’Archéofuturisme, l’Æncre, París, 1998. Traducción al español: El Arqueofuturismo, Titania, Barcelona, 2008).
[10] Nos referimos, desde luego, a los libros de los ya desaparecidos Jean-Claude Valla y Jacques Marlaud, de los neoderechistas Cristopher Gérard, Michel d´Urance, François Bousquet, Arnaud Guyot-Jeannin y Jean-François Gautier, o de los “ausentes” Pierre Le Vigan, Charles Champetier y Georges Feltin-Tracol (alejados de la ND benoistiana), pero también, muy especialmente, a los de Jean-Yves Le Gallou e Yvan Blot, e incluso de los “nuevos reaccionarios” procedentes de la izquierda como Charles Robin y Jean-Claude Michéa, que colaboran en las revistas de la ND.
[11] Utilizamos aquí el término “mouvance” y no el de “mouvement”, ya que el primero hace referencia a un movimiento con influencia en un determinado dominio humano, en este caso, el del pensamiento.
[12] Ver mi artículo Alain de Benoist y el nuevo nomos de lo político, en el libro Alain de Benoist. Elogio de la disidencia, Ediciones Fides, Tarragona, 2015.
[13] Esparza, José Javier, La Nueva Derecha en su contexto, en la revista Hespérides 16/17, Año VI, primavera de 1998.
[14] Esparza, José Javier. La Nueva Derecha y la cuestión religiosa, en la revista El Manifiesto nº 9, 2008.
[15] Fernández Leost, José Andrés. La Nueva Derecha, ¿extrema derecha o derecha extravagante?, en El Catoblepas, revista crítica del presente, nº 73, marzo 2008 [nodulo.org].
[16] Taguieff, Pierre-André. ¿Discusión o inquisición? El caso Alain de Benoist, en la revista Hespérides 16-17, Año VI, primavera de 1998.
[17] Agulló, Rodrigo. Disidencia perfecta. La Nueva Derecha y la batalla de las ideas. Ediciones Áltera, Madrid, 2011.
[18] La descripción del pensamiento neoderechista-benoistiano utilizando ejes o situaciones antagónicas en lugar de posiciones protagónicas quizás no sea la más adecuada, pero destaca el método del intelectual francés, que se caracteriza por un continuo think-thank, como modo de expresión, adoptando constantemente una perspectiva crítica y alternativa en contra de las modas ideológicas de nuestro tiempo. Así: las coordenadas de este pensamiento siguiendo un esquema dicotómico: antiigualitarismo, antiuniversalismo, antiliberalismo, diferencialismo, antirracismo, politeísmo de los valores, pluralismo cultural, identitarismo, comunitarismo; antiindividualismo, holismo, socialismo no marxista, antiamericanismo, antioccidentalismo, antiatlantismo, europeísmo, tercermundismo; antitotalitarismo,  antiinmigracionismo, etnicismo, antiutilitarismo, eticismo, soberanismo, antiestatalismo, federalismo democrático, anticristianismo, neopaganismo, antieconomicismo,  anticapitalismo, antimercantilismo, anticonsumismo organicismo, corporativismo, distributismo, antiprogresismo, antidesarrollismo, decrecentismo [...].