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Reflexiones cuaresmales

Aquilino Duque

11 de febrero de 2008
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Pocos son los personajes públicos que encarnen con tanta propiedad las figuras tradicionales de don Carnal y doña Cuaresma como los máximos dignatarios madrileños, don Alberto y doña Esperanza, en el castizo “entierro de la sardina”. No sé por qué se despide al Carnaval con el “entierro de la sardina”, cuando lo propio sería el “entierro del tocino”, ya que es la sardina precisamente lo que Doña Cuaresma, “la del gesto agrio y estricta conducta”, nos sirve al pueblo cristiano en los días de ayuno y abstinencia. La Cuaresma siempre se nos ha hecho larga en un país tan poco vegetariano como el nuestro. Incluso en Italia, que lo es algo más que nosotros, existe el dicho “lungo come la Quaresima” (largo como la Cuaresma), en la que el pueblo romano aguarda “la Pasquetta”, el Lunes de Resurrección, como los moros la puesta del sol durante el Ramadán.
 
Precisamente en los moros en cuanto inmigrantes ponen su pensamiento los candidatos a gobernantes y uno de ellos llega a proponerles que se adapten a las costumbres ibéricas, unas costumbres en las que Doña Cuaresma se bate en retirada ante Don Carnal. A dos ejemplos me remito, aducidos por esos clérigos de la modernidad que son los periodistas: uno de ellos, la costumbre ibérica de dormir sin temor a que lo despierte a las cinco de la mañana la llamada a la oración del almuédano de su barrio, y otro el derecho de la mujer ibérica de manifestarse en cueros contra las corridas de toros. No casa mucho eso de permitir mezquitas con la simultánea prohibición de algunos de sus ritos, y en cuanto al nudismo en la vía pública, no puede decirse que figure entre las costumbres tradicionales de cualquiera de las “tres culturas”. 
 
A los moros los hace madrugar el almuédano como a los ingleses el lechero, pero los españoles son como los poetas de Los intereses creados: saben más de ocasos que de auroras. La tendencia a la horizontalidad es tan acusada en Andalucía, por ejemplo, que de un tiempo a esta parte circula la consigna ¡Andaluces, levantaos! al tiempo que se edifican mezquitas sin duda para que los almuédanos la salmodien desde los alminares.
 
La Cuaresma es tiempo de penitencia y mortificación para todo buen cristiano, que en este año del Señor va a estar bien servido, porque ¿qué mayor penitencia y mortificación que una campaña electoral?

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