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CULTURA
Además de moderno y pagano

Thibault Isabel: un "anarquista conservador"


O la conjunción de contrarios llevada, en todos los planos, a su plenitud.
elmanifiesto.com

23 de julio de 2015
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Thibault Isabel nació en 1978 en Roubaix (Francia). Doctorado en estética, se especializó inicialmente en psicología del arte, antes de dedicarse a la filosofía general, la historia y la antropología cultural. Es autor de cinco libros de humanidades y numerosos ensayos publicados en revistas académicas. Desde 2003 es redactor-jefe de la revista Krisis, cuyo director es Alain de Benoist. Si Charles Champetier, nacido en 1968, fue considerado como el representante de la “segunda generación” de la Nueva Derecha, no cabe duda de que Thibault Isabel representa “otra generación” en el seno de esta corriente de pensamiento, centrando su discurso en la recuperación de “lo sagrado” (el paganismo, el politeísmo) y de “lo bello” (el arte, la estética) en la decadente civilización europea, y reivindicando una “revuelta contra el mundo moderno” a través de fórmulas y pensadores recuperados de la órbita anarco-conservadora (o revolucionario-conservadora).

Es autor de una recopilación de ensayos titulada Le champ du possible (El campo de lo posible), publicado en 2005 por Ediciones de La Meduse, en el que trata de descubrir las características ideológicas, culturales, psicológicas y existenciales de la era moderna, a través de textos sobre la sociología, la historia de las ideas, el arte, la filosofía y la política.
También ha publicado un estudio sobre La fin de siècle du cinéma américain (El final de siglo del cine americano), en 2006, con el fin de establecer en paralelo la evolución de las temáticas y de las formas privilegiadas por el cine hollywoodiense con la evolución de la cambiante mentalidad americana entre los años 1970 y 2000.
En La paradoxe de la civilisation (La paradoja de la civilización), publicado en 2010 y reeditado en 2015 en una versión revisada, actualizada y ampliada, Thibault Isabel se interroga sobre la naturaleza del proceso de la civilización y su relación con el problema de la violencia. ¿Por qué medios un pueblo se las arregla para ser civilizado? ¿En qué momento se lleva a término este proceso? ¿Cómo llega el inevitable declive que amenaza a todas las sociedades? ¿Qué es la barbarie? Estas preguntas son indisociables del tema de la violencia, ya que es sólo mediante la serena regulación de las tensiones interindividuales e intercomunitarias como los Estados pueden instaurar una civilización armoniosa y satisfactoria.
En 2012, Thibault Isabel publica una recopilación de ensayos y entrevistas titulada A bout de soufflé (Sin aliento), en la que aborda el tema de la melancolía y el dolor de la vida en las sociedades industrializadas modernas. El suicidio está creciendo de una manera alarmante en los países occidentales, y la depresión es la principal causa de mortalidad. ¿Por qué tal desdicha se desarrolla precisamente en el momento en que las grandes naciones acceden a un grado sin precedentes de comodidad y riqueza material? ¿Esto no significará que en el mundo ultraliberal del materialismo mercantil, la virtualización de los contactos humanos y la ruptura de los vínculos de confianza entre las personas, derivan absolutamente en una soledad existencial de nuevo género?
Por último, Le parti de la tolérance (El partido de la tolerancia), publicado en 2014, examina la idea del pluralismo en un mundo globalizado, donde la creciente heterogeneidad moral y cultural entre las naciones lleva a un endurecimiento de las actitudes y mentalidades, así como a una tentación asimilacionista más reafirmada. Frente a este culto al “monologuismo”, expresado tanto a la izquierda como a la derecha –aunque bajo diferentes formas–, el libro aboga por un retorno a una ética del diálogo, fundado sobre la base de las nociones tradicionales de la dialéctica y el justo equilibrio. ¡Esta es la contradicción de la que surge la más bella armonía, según la fórmula de Heráclito!
En España, el autor es totalmente desconocido, si exceptuamos el breve artículo publicado en estas páginas de El Manifiesto y titulado El fondo simbólico del paganismo. No obstante, la editorial Fides tiene previsto publicar un libro de Thibault Isabel, preparado a tal efecto por él mismo, titulado Manual de lucha contra el mundo moderno, que contiene el núcleo principal de su principal obra La paradoja de la civilización en el que nos deleitará con las experiencias de un grupo de pensadores que se rebelaron contra la modernidad: Slavoj Zizek, Christopher Lasch, Pierre Joseph Proudhon, los socialistas franceses del siglo XIX, Georges Sorel y Jacob Burckhardt.
 
Entrevista con Thibault Isabel
Se ha publicado la tercera edición (revisada y actualizada) de La paradoja de la civilización. Usted ha dicho que el libro era su obra más importante. ¿Qué hace que este libro sea tan importante para usted?
De todos los libros que he publicado hasta la fecha es, francamente, el que más me ha satisfecho. Creo que mis ideas centrales se encuentran allí expresadas en una forma particularmente original y definitiva. En el momento en que salió el libro, nadie estaba prestando atención a la dimensión política y religiosa. Sin embargo, es el único trabajo en el que creo que realmente revelé mis puntos de vista generales en estas dos áreas. Mis otros textos ofrecen principalmente el análisis crítico del mundo contemporáneo, así como la rehabilitación de algunas escuelas de pensamiento como el populismo agrario del siglo xix. Pero es en La paradoja de la civilización donde se describen específicamente los valores en los que yo creo.
¿Cómo resumiría el libro?
Estoy tratando de mostrar que, en el momento de la antigüedad pagana, la gente concibe el "proceso civilizador" de una manera muy diferente a la actual. Para mí, esta concepción antigua, directamente heredada del paganismo, resultó seriamente rehabilitada en el curso de los últimos siglos por la filosofía de Nietzsche y el anarquismo de Proudhon.
En La paradoja de la civilización, se habla mucho de Grecia y la antigua China. ¿Qué puede aprender hoy el hombre moderno del estudio de estas civilizaciones?
Los antiguos no mostraban horror por la violencia, como sucede en nuestra época. Esto no quiere decir que la gente de la antigüedad fuera desmesuradamente violenta. Las sagas consideran, por el contrario, que la violencia debía ser sublimada, es decir, que tenía que adoptar formas más sutiles y menos brutales que el estado natural: la deliberación política o la creatividad artística son dos ejemplos muy claros de sublimación de la violencia.
¿Qué tienen las civilizaciones antiguas que las distinguen de las civilizaciones modernas?
Las civilizaciones antiguas no tenían miedo de la violencia, si entendemos por ello la expresión de nuestros impulsos violentos de una manera espiritual y controlada. En la época moderna, sin embargo, la civilización trata simplemente de erradicar toda violencia a través del reforzamiento de una moral rígida y del totalitarismo del pensamiento: es por eso que vivimos en una sociedad cada vez más aséptica, condenada al conformismo, al higienismo y a la hipocresía. Hemos perdido toda franqueza en las relaciones humanas; ya no tenemos el gusto de la lucha y la camaradería, del combate por nuestras convicciones, del idealismo político, en suma; estamos resignados.
En La paradoja de la civilización, usted parece una especie de campeón del “anarquismo conservador”...
En efecto. La frase puede parecer sorprendente, pero creo que el anarquismo original no tenía nada de libertario. Era, por el contrario, una ideología conservadora.
¿En qué consisten entonces las ideas de un "anarquista conservador"?
Hoy, en los tiempos modernos, nosotros lo esperamos todo de un Estado omnipotente y omnisciente, en lugar de cuidar de nosotros mismos, de nuestro destino. Por lo tanto, yo concedo gran importancia a Pierre-Joseph Proudhon y Georges Sorel, dos grandes figuras del anarquismo francés. Estamos luchando por nuestra autonomía como seres humanos, tanto contra la alienación por el mercado como contra la alienación por parte del Estado; podemos recuperar nuestra dignidad, nuestra virtud y fervor espiritual. Pero hay que entender que el tema original del anarquismo siempre ha sido profundamente moral: fue precisamente en nombre de la moral (a menudo, una forma no-institucional de la religión), como los anarquistas se opusieron a las leyes y al estado policial. El anarquista, a través de los conflictos sociales, busca su propio enriquecimiento moral y la profundización de los vínculos con sus camaradas, en nombre del bien común.
¿La paradoja de la civilización es un libro pagano?
Es la religión pagana la que subyace en toda la visión del mundo de la antigüedad. Dedico muchas páginas de mi libro al estudio de estas antiguas religiones, ya sea en su forma ritual, mitológica o social (tanto a través de un ensayo sobre la relación entre el deporte y la religión durante siglos, o una larga evocación de uno de los más grandes sabios paganos chinos, el Maestro Xun). Las páginas que consagro al anarquismo francés evocan también la cuestión del paganismo. De alguna manera, creo que Proudhon era pagano, aun sin saberlo, aunque a veces se concibe a sí mismo como cristiano, sobre todo al final de su vida. También podría hablar de la figura de Louis Ménard, que fue, a la vez, un anarquista proudhoniano y uno de los grandes promotores en Francia de la recuperación del paganismo.
En definitiva, ¿qué es pues "la paradoja de la civilización"?
La paradoja de la civilización es el intento de instaurar la armonía a partir de un irreductible fondo conflictivo (incluso bélico). El hombre es un animal violento. Gracias a la civilización, nos dotamos de la violencia policial con el fin de vivir con nuestros semejantes; pero si eliminamos todo tipo de violencia dentro de nosotros mismos, dejamos de ser humanos. Nuestra violencia fundamental, sin duda, nos empuja a estar enojados, a “montar en cólera”, pero también hace que sintamos algo por los demás, es decir, “amor”. La civilización no debería erradicar nuestras emociones, sino mantenerlas bajo una forma de madurez adulta. De lo contrario, viviremos siempre bajo el reino del nihilismo y del último hombre.
Redacción y traducción a cargo de
nuestro colaborador Jesús J. Sebastián
 

 


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