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TRIBUNA
Cogida y muerte de Iván Fandiño

Vuelve un héroe a morir. Vuelven los cerdos a gruñir

Iván Fandiño en una tarde de triunfo

Esta vez no ha sido en Teruel, sino en la tan taurina Francia sureña donde "Provechito", un toro de la ganadería de Baltasar Ibán, ha sacado provecho para, en una chicuelina dada por otro Iván —Fandiño de apellido y alta torería—, cornearlo y atravesarle el pecho.
Javier R. Portella

19 de junio de 2017
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JAVIER R. PORTELLA

Ha vuelto a suceder. Escasas semanas antes de cumplirse el primer aniversario de la muerte de Víctor Barrio, ha vuelto a ocurrir. Esta vez no ha sido en Teruel, sino en la tan taurina Francia sureña: en Aire-sur-l’Adour, cerca de Bayona, donde Provechito, un toro de la ganadería de Baltasar Ibán, ha sacado provecho para, en una chicuelina dada por otro Iván —Fandiño de apellido y de alta torería—, cornearlo y atravesarle el pecho.
Y como siempre lo mismo. Muere el héroe, y los cerdos, no sabiendo qué otra cosa hacer de sus vidas miserables, vuelven a agitarse, gruñendo y celebrando en los estercoleros de las redes sociales la cornada que mató al torero.

Tranquilícese la buenista piara. Si todo sigue así, si sigue prevaleciendo su culto de lo zafio y animal, su anteposición de la bestia al hombre, su odio por lo grande, arriesgado y heroico, dentro de algunos años dejará la sangre de correr por los ruedos. La sangre animal, quiero decir: la única que les inquieta. Sólo en industriales mataderos correrá entonces. Escondido y agazapado el sacrificio de reses (hoy también lo está), poco importará que el maltrato industrial se conjunte con la matanza sin aturdimiento propia del sistema halal que la mayoría musulmana de la población ya entonces habrá impuesto .

¿Cuándo? El siguiente texto lo prevé —y tal vez no se equivoque demasiado— para el año 2041. Se trata de una distopía que extraigo de mi novela El escritor que mató a Hitler y que en una nueva y próxima edición reaparecerá con el título de 2048: vuelve Hitler.

Así dice ese texto que reproduzco a mayor honra, tranquilidad y deleite de la piara animalista que hoy gruñe homenajeando a la Muerte.

 
En el año 2041, cautivo y derrotado el ejército taurino, alcanzaron las tropas animalistas sus últimos objetivos buenistas. «La guerra ha terminado», pudieron proclamar las asociaciones de defensa de los derechos humanos de los animales cuando cerró sus puertas el último reducto que aún quedaba: el coso de la Real Maestranza de Sevilla.
Prohibido a partir de entonces el sacrificio público de cualquier animal, la fiesta de los toros se reanudaría, sin embargo, en 2045, año en el que se consiguió desarrollar un prototipo de toro artificial que, moviéndose articuladamente gracias a un sofisticado sistema informático, reproduce casi a la perfección los movimientos de las bestias que antaño se criaban en dehesas y cuya raza ha quedado ya definitivamente extinguida.
Pese a su naturaleza mecánica, los movimientos y acometidas del morlaco son tan imprevisibles como lo eran los de sus hermanos naturales. Cada una de las reses es programada previamente por el mayoral de la ganadería (actualmente, un ingeniero informático). Dicha programación es, sin embargo, de carácter aleatorio, ignorando el mayoral si, como resultado de sus operaciones, saltará al ruedo un toro manso, bravo o encastado (terciados y astifinos, al salir de fábrica, lo son todos por igual).
También puede suceder que, pese al esmero aportado en la programación informática de la res, ésta resulte defectuosa. En tal caso, el presidente de la infocorrida ordenará que se devuelva el toro al corral, lidiándose en su lugar un sobrero. Para ello, el mayoral recurre a su mando a distancia, con el que le transmite al astado los impulsos necesarios para que regrese a toriles, sin que sea menester recurrir a los antiguos y también desaparecidos cabestros.
En el festejo propiamente dicho se reproducen todos y cada uno de los elementos constitutivos de una corrida a la antigua y cruel usanza. Suenan airosos pasodobles, los diestros y sus cuadrillas revisten vistosos trajes de luces, la lidia de cada toro se desarrolla en tres fases denominadas tercios, al término del último de los cuales el público premia la actuación del torero con una o dos orejas de material sintético, pudiendo también el respetable expresar su reprobación en forma de una sonora bronca.
Sólo los instrumentos utilizados en la lidia han experimentado un ligero cambio: capotes, muletas, banderillas, picas y estoques llevan microcámaras provistas de células fotovoltaicas cuyas radiaciones, al entrar en contacto con las que emite el burel, hacen que éste embista capotes y muletas, acometa a banderilleros y se precipite hacia los caballos (igualmente mecánicos) de los picadores.
Huelga decir que han desaparecido aquellos sanguinarios episodios en los que una pica, unas banderillas y un estoque herían o daban muerte al animal. No por ello, sin embargo, se han eliminado tales acciones. Sólo hay una diferencia: la habilidad del picador, la destreza de los banderilleros y el arte del matador consisten en que los antiguos instrumentos de tortura queden insertos con precisión en el orificio que les está asignado. Así, sólo cuando el picador introduce su pica en el agujero adecuado, se frena la embestida del toro y se expande por su lomo un reguero de líquido rojizo; sólo si los banderilleros insertan sus palitroques en alguno de los seis orificios que les corresponden, se mantienen las banderillas en su lugar; sólo si, practicando la suerte de recibir o la del volapié, el maestro logra que el acero penetre por el hoyo de las agujas, se activará el mecanismo gracias al cual, pasaportado el morlaco, rodará éste de forma fulminante por la arena.
Pero no sólo las reses bravas se han visto libradas de las torturas practicadas en los tiempos caducos. También han desaparecido los percances que sufrían los humanos y las humanas (cabe resaltar, por cierto, el gran incremento de toreras que se ha producido en esta nueva fase de la tauromaquia: ya son más numerosas en los ruedos que los diestros de género masculino). Puede suceder, en efecto, que el maestro o la maestra, no midiendo adecuadamente el impulso del burel, sean cogidos por sus astas. Nada hay, sin embargo, que temer: si se produce tal percance, el astado emite un pitido y se enciende una luz roja en su testuz, al tiempo que se frena en seco su acometida.
En tal caso (y con independencia del valor o del arte demostrados en el resto de la faena) el diestro o la diestra perderán la oreja del toro. Sin embargo, como las afiladas astas del cornúpeta se habrán replegado al entrar en contacto con el torero o la torera, no podrá ninguno de ellos o de ellas sufrir el menor menoscabo en su integridad física.

 

“Que se den prisa, que el cuerpo se me escapa, decía el torero mientras le llevaban en volandas a la enfermería.
Al producirse la muerte de Adrián, el chavalillo enfermo de cáncer que quería ser torero, un niño al que el mundo de los toros adoptó… y al que el de la piara también gruñó y escupió, Iván Fariño escribió lo que podría ser su propio epitafio: “Descansa en paz, Adrián. Las personas pasan, los hechos permanecen, y tu fuerza es un ejemplo.”
En otros mensajes —a toro pasado casi parecen premonitorios— dejó escrito:
“Nadie encuentra su camino sin haberse perdido varias veces.”
“A veces, no hay próxima vez o segundas oportunidades. A veces es ahora o nunca.”
Por cierto, ¿puede alguien imaginar a un Messi, a un Ronaldo o a cualquier “diestro” de esos de los pies y los cientos de millones escribiendo cosas parecidas?


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COMENTARIOS
miércoles, 21 de junio de 2017

Estimado Sertorio

Estimado Sertorio, ante todo respeto su opinión, pero en el mundo actual hay 194 países, no creo que 5 o 6 que permiten estas prácticas aberrantes sean el paradigma a seguir, no creo que el alma y la cultura de un gran País como España quede reducido a una expresión tan pobre basada en un espectáculo que emula en menor medida a un circo romano de hace 2000 años.
Cabe destacar que Álvaro Múnera (colombiano de nacimiento) fue un torero (apodado ´El Pilarico´) quien se retiró del mundo de los toros en 1984, pero no de forma voluntaria sino a causa de una grave cogida que sufrió en la plaza de toros de Albacete que le dejó tetrapléjico. Años después de su grave cogida, Álvaro Múnera se convirtió en un ferviente activista antitaurino. Fui a España varias veces casi toda mi familia vive en La Coruña y no necesito ir a un espectáculo taurino para apreciar la cultura y las maravillas que ofrece España, prefiero toda expresión que valore la vida en cualquiera de sus formas, y voy a rechazar todo tipo de crueldad.
Atentos saludos


# Publicado por: Silvia (Buenos Aires)
martes, 20 de junio de 2017

sádicos e inadaptados

Por lo visto, México, España, Colombia, Perú e incluso Francia están llenas de sádicos e inadaptados. Goya, Picasso, Ortega y Gasset, Ramón Pérez de Ayala, Hemingway, Orson Welles, Ava Gardner o el magnífico Henry de Montherlant también fueron sádicos e inadaptados (bueno, ser inadaptado en esta sociedad igualitaria y light es un título de honor).
No se comprende el alma y la cultura de España y sus naciones hermanas sin los toros: sus usos, sus mitos, su vocabulario tan rico y característico. España sin toros, sin encierros, sin el sol, la sangre y la arena ya no es España, es un descampado de Bélgica.
Querida Silvia, no sé porque entro al trapo, pero le recomiendo que vea las tauromaquias de Goya o de Picasso y los cuadros taurinos de Eugenio Lucas y de Zuloaga, o que lea a García Serrano y sus ´´Vacas de Olite´´, o a Montherlant y sus ´´Bestiarios´´, o a Chaves Nogales y su ´´Juan Belmonte, matador de toros´´. .
Véngase a Las Ventas o a la Maestranza una tarde de toros y disfrute de ese ambiente popular y festivo, de la arquitectura, del ritual, del color, de la emoción.
Los toreros no mueren, y sus familias se enorgullecen del héroe que murió en la plaza y es un ídolo de multitudes, como Joselito, como Manolete.
Un saludo.

# Publicado por: sertorio (cáceres)
martes, 20 de junio de 2017

Una vida joven desperdiciada

Que falta de respeto a los verdaderos heroes que dan su vida para salvar la vida de otros, esta es la pérdida de una vida joven desperdiciada y una familia quebrada solo para entretener en un espectaculo sangriento y cruel a un público de sadicos e inadaptados. QEPD

# Publicado por: Silvia (Buenos Aires)
martes, 20 de junio de 2017

No hay nada más europeo que la tauromaquia

Respecto a los ´´fumbolistas´´:
Antaño se les consideraba como lo que son: marmolillos. Hoy en día, gracias a los ´´mass mierda´´ se les ha elevado a la Apoteósis. Claro, que el efecto -para el que pueda verlo- no deja de ser hilarante.

Un torero es un artista, es un Teseo (como bien apunta Sertorio), es un Mitra, es un gladiador, es un Europa masculino, es un saltador cretense, es un émulo de Aquiles, el de los pies ligeros, es un émulo de Cristo con sus pies clavados a la arena...

Como bien dice Rivera Ordóñez: ´´La muerte de un torero en la plaza da gloria a la Fiesta´´.

# Publicado por: Derechón (Ciempozuelos)
lunes, 19 de junio de 2017

Tienen razón los antitaurinos

Tienen razón los animalistas, los podemitas, los ecologistas y demás cornúpetas:
Los toros son aristocráticos y populares, jerárquicos, viriles, antiguos, heroicos, artísticos y religiosos.
Los toros son la Tradición más antigua de Iberia, su rito ancestral, la expresión del alma guerrera de una casta. Los toros han permitido durante siglos que el hombre del pueblo se equipare al aristócrata de sangre. Los toros son el origen de grandes dinastías, tanto de animales como de hombres. El encaste que se lleva en la sangre, en la testosterona bravía de milenios de sabia crianza campera.
En el ruedo, frente al morlaco, un hombre sólo se juega la vida frente a una bestia furiosa y noble. Vida y muerte, sin eufemismos políticamente correctos. Dos guerreros, dos dioses: Teseo y el Minotauro.
No hay torero que no esté cosido a cicatrices. No hay torero que no atraiga a las mujeres. No hay torero que sacrifique la severa soledad del campo al bullicio idiota de la ciudad.
Quien se haya apenas acercado un poco al ambiente de los maestros quedará impresionado por su pathos de la distancia, por su sereno valor, por la jerarquía entre toreros de oro y de plata que desconoce la lucha de clases.
Podemitas, animalistas, pacifistas, ecologistas y demás astados, tenéis razón: esta sociedad no merece plazas de toros, sólo es digna del matadero industrial.
Descansa en compañía de los héroes, maestro Fandiño.

# Publicado por: sertorio (cáceres)
lunes, 19 de junio de 2017

Sangre y arena

A la piara habría que echarla a la arena del circo de Nimes y luego soltar a los leones.

# Publicado por: Derechón (Ciempozuelos)
lunes, 19 de junio de 2017

Solo si fuera Siniestro

Cabria la posibilidad.No sin antes o durante su Entrenamiento incluir alguna pequeña sugerencia, nimia e imperfecta acerca del ÁlgebraGramatical Circundante y otros menesteres.

# Publicado por: Manuel Godofredo Rodriguez Pacheco (Escuela de Arte Presidente General Augusto Pinochet Ugarte)
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