''¿Le interesa este artículo?
¡A sus amigos también!
Mándeselo. (Click aquí.)''

Cerrar
 
Este website utiliza cookies propias y de terceros. Alguna de estas cookies sirven para realizar analíticas de visitas, otras para gestionar la publicidad y otras son necesarias para el correcto funcionamiento del sitio. Si continúa navegando o pulsa en aceptar, consideramos que acepta su uso. Puede obtener más información, o bien conocer cómo cambiar la configuración, en nuestra Política de cookies?
 Háganos su página de inicio

 Añadir a favoritos
  

    El Manifiesto. Periódico política y socialmente incorrecto

Hemeroteca 

Quiénes somos 

Contactar 
Lunes, 23 de octubre de 2017 
  SECCIONES     REVISTA EN PAPEL El Manifiesto: Todos los números   Director: Javier R. Portella  
Desventuras sufridas por un progre solidario
Ver más
Lo que somos. Lo que nos mueve

Javier Ruiz Portella

SERTORIO
Sacar los tanques

JAVIER R. PORTELLA
En España empieza a amanecer

JESÚS J. SEBASTIÁN
Liquidar el «régimen del 78»

JESÚS LAÍNZ
No hay nada que negociar con Cataluña

JOSÉ JAVIER ESPARZA
Cataluña: cada vez se ve más clara la trama

PERE SERRAT
El poderío ciudadano frente al golpe de Estado secesionista

JOSÉ VICENTE PASCUAL
¡Ja soc aquí!
Hazte amigo de elmanifiesto.com en Facebook
 Editar un libro
 Autoedición de libros
 Revistas Baratas
 Quiero publicar un libro
TRIBUNA
La aventura de lavarse el culo en Cuba


Desventuras higiénicas en la Cuba revolucionaria, socialista e igualitaria.
José Vicente Pascual

4 de agosto de 2017
Comparte esta noticia en FacebookComparte esta noticia en TwitterAñadir a YahooRSS Imprimir esta noticia
Enviar a amigos

JOSÉ VICENTE PASCUAL


Atendiendo a la autoridad, para mí incontestable, del gran Néstor Luján, tendremos noticia de que ya a principios del siglo XVIII (1710), en Francia, se conocían los beneficios higiénicos del bidé. Fue por esas fechas cuando madame de Prie recibió en audiencia (suponemos que privada) al marqués de Argenson, sentada ella en su bidé, tan glamourosa y repulida en sus remotas provincias. Es de razón, por tanto, impetrar el derecho de todo ciudadano al uso de este mueble auxiliar que tantísimos años lleva inventado y que tantas satisfacciones y ventajas deparó a la humanidad, siendo la principal de ellas, naturalmente, llevar el sieso en perfecto estado de revista. El mismo Charles Bukowski, en el capítulo 65 de su inmortal obra Factotum, clama por el derecho a la higiene íntima con semejantes sentidas palabras: “Hasta el más despreciable ser humano de la tierra necesita limpiarse el culo”.

Siendo pues que aceptamos como establecida la necesidad y el derecho humano (tan humano), a lavarse correctamente la zona sugerida y aledaños tras una deposición a mayores, encontramos el inconveniente de que en algunos países poco desarrollados, menos aún civilizados, el uso del bidé no es práctica común, ni siquiera excepcional; sencillamente, no se estila. No hay. Y uno de esos países resultó para mi desgracia ser Cuba, bendita tierra donde cayeron mis huesos en próximo pasado. En mi humilde ingenuidad, pensaba que siendo como es aquella nación la patria fulgente de la liberación y el bienestar del pueblo, la presencia del bidé en cada domicilio (no digamos en los hoteles) sería algo común. Craso error. No hay ni uno, al menos yo no he tenido la suerte de dar con él. Gran decepción.

Total, que una vez instalado y ya comprobada la carencia crónica de tan fundamental artefacto, decidí que lo más práctico sería buscar una tienda, comprar una esponja de baño y practicar las abluciones correspondientes bajo la ducha (duchas sí hay, un poco raras pero las hay). Lo que no sospechaba era que encontrar y adquirir la necesaria esponja iba a constituir una gran aventura tropical. En seguida me explico.

9.30 am. Bajo un sol de chicharrones, con un calor de volverse locos los pájaros en los árboles, me dispongo a hacer cola, como corresponde, a la entrada de una tienda del Estado (cubano) donde me habían dicho que era posible (no seguro) encontrar la meritada esponja. Un negrazo ataviado con el uniforme civil de los empleados estatales (ver imagen superior) hace guardia ante la puerta del establecimiento. Los clientes sólo pueden entrar de uno en uno, por turnos, cuando el vigilante lo indique, lo cual suele acontecer más o menos en cuanto sale el anterior comprador.

Tras de mí, en la cola, un anciano muy parecido a Morgan Freeman suda la gota gorda, resopla, se lamenta en voz baja, se encorva y mueve la cabeza en gesto de negación y, supongo, desesperanza. Pregunto a otro mozo que aguarda turno en el puesto inmediatamente anterior al mío.

—¿Por qué hay que entrar de uno en uno? ¿Por qué nos hacen esperar en la calle, con este calor?

—Porque dicen que se pierden muchas cosas.

—¿En serio?

—Eso dicen…

Dentro del establecimiento (del Estado) (cubano), hay aire acondicionado. Mientras una turista rubicunda efectúa su compra, seis o siete Yazminas y Yureimas, todas vestiditas de uniforme, tan monas, sonríen y conversan, escriben notas en papelajos inventariales, reponen cada artículo retirado por la turista (la cual, por supuesto, pagará en moneda convertible; si acudes a estas tiendas con pesos cubanos compras lo mismo que Robinson en su isla); y como decía: mientras pasa la mañana, el anciano negro se consume en calores de venganza, las Yazminas y las Yureimas chascarrillean, la cola aumenta y el sudor empapa la ropa, me da por pensar en la imposibilidad de que se pierdan “muchas cosas” en una tienda donde no hay muchas cosas a la venta, sino muy pocas cosas. Me da por pensar, pues soy de natural malpensado, que la función del moreno-armario ante la puerta del colmadito, guardando el acceso con adustez leninista, es una forma sutil pero efectiva de visibilizar la dictadura del proletariado. Nos tienen en la calle (en la puta calle, con 32 grados y sensación térmica tropical) porque les da la gana, porque quieren, para que nos jodamos nosotros por no ser ellos, para que las Yazminas y las Yureimas, de uniforme, se sonrían y se cuenten el calor que pasaron la noche anterior, en su casa, mientras los aspirantes a usuarios de su tienda hervimos en la acera, frente a la puerta del Estado (cubano). Es su manera, sutil, brutal, de penalizar el consumo: en esa tienda no se venden artículos de primera necesidad sino otros de higiene, aseo, limpieza… Chorradas capitalistas, consumistas. Si quieres lujos, además de pagarlos en CUC’s[1] te vas a joder un buen rato, haciendo cola, sudando como un caballo. Así fue, bien lo recuerdo.

Bien… Ya pasó la hora y media de sauna al oreo, ya llegó la hora de entrar y disfrutar del aire acondicionado. Me sujeto al mostrador como un náufrago a su tabla redentora y espero a que una Yazmina (quizás una Yureima) acabe de platicar con su otro yo proletario. Es el momento decisivo, el de la verdad. La Yazmina (tal vez Yureima) se dirige a mí con ademanes displicentes:

—¿Qué desea?

—Una esponja de baño.

—No hay —sonríe, yo creo que con crueldad.

—No hace falta que sea esponja-esponja… Con algo que sirva de esponja me vale.

—Ya le he dicho que no hay.

Me mira como si pensase: "Sólo faltaba... Una esponja de baño, como si esto fuese Gomorra… Ah... debilidades crepusculares, decadencia imperialista…".

La dependienta (acaso Yadira o Yanara) hace un gesto al negro de la puerta. El guardián de las esencias abre y me indica que salga para, de este modo, permitir la entrada al próximo comprador (hay que ser solidarios). Me expulsan del paraíso del aire acondicionado.

Antes de consumarse la tragedia, la Yelena del mostrador, probablemente compadecida de mí y de mi culo, me advierte:

—A cuatro cuadras, en la calle 49, hay un centro comercial. Puede que allí encuentre usted la esponja.

De nuevo en la calle, observo la mirada ansiosa de Morgan Freeman: ya es el primero en la cola. En lo reservado de mi conciencia, rezo para que haya mucho de lo que desea comprar, y que no le apliquen el plan Mandioca: “Hay, pero no te toca”.

Tomo un coco-taxi (5 CUC’s) y vuelvo a mi alojamiento. Mañana, sí, mañana volveré a intentarlo en la calle 49. O no. Si en una sencilla tienda he padecido hora y media de asador, en un centro comercial puede que alcance la cadena perpetua. A lo mejor espero a volver a España para lavarme el culo como Dios manda. A lo mejor… El mundo es como es, nunca se sabe.

©De la fotografía: José Vicente Pascual

[1] Peso Cubano Convertible (Cuban Universal Currency), divisa figurada con valor aproximado a 1,19 €.


¿Te ha gustado el artículo?
¡Dilo en tus redes sociales! ¡Ayuda a promover El Manifiesto!

Comparte esta noticia en Facebook  Comparte esta noticia en Twitter  
  Enviar a Meneamé


COMENTARIOS
Esta noticia aún no tiene comentarios publicados.

Puedes ser el primero en darnos tu opinión. ¿Te ha gustado? ¿Qué destacarías? ¿Qué opinión te merece si lo comparas con otros similares?

Recuerda que las sugerencias pueden ser importantes para otros lectores.
  AÑADIR UN COMENTARIO  
  Nombre:  
  Localidad:  
  E-mail (*):  
  Clave (*):
Para mandar comentarios, es necesario estar registrado, si no lo está pulse aquí
Si ha olvidado su clave, pulse aquí
 
  Titulo:  
  Comentario:
* La extensión máxima de los comentarios es de 1.500 caracteres. La página está destinada a efectuar comentarios puntuales y no a desarrollar largos artículos que nadie ha solicitado.
 
 
Por favor rellene el siguiente campo con las letras y números que aparecen en la imagen de su izquierda
 
  * El e-mail nunca será visible  
      
  CLÁUSULA DE EXENCIÓN DE RESPONSABILIDAD
Los comentarios del website Elmanifiesto.com tienen caracter divulgativo e informativo y pretenden poner a disposición de cualquier persona la posibilidad de dar su opinión sobre las noticias y los reportajes publicados. No obstante, es preciso puntualizar lo siguiente:
Todos los comentarios publicados pueden ser revisados por el equipo de redacción de Elmanifiesto.com y podrán ser modificados, entre otros, errores gramaticales y ortográficos. Todos los comentarios inapropiados, obscenos o insultantes serán eliminados.
Elmanifiesto.com declina toda responsabilidad respecto a los comentarios publicados.
 
Otros artículos de José Vicente Pascual
¡Ja soc aquí!
Los separatistas no han entendido nada
A buenas horas...
De putas y de idiotas
La hegemonía cultural de los progres en España
Por qué Le Pen no ha ganado en Francia
De profesión, paridora
El Yunque
Cervantes, inventor del doctor Watson
Por un voto una petaca
"1984" revisitado (otra vez y las que hagan falta)
El político que amaba la poesía... y a su Princesa Roja
España al fin existe
A propósito de huesos
Una raya en una pizarra
Los peperos la emprenden contra los pobres. Los socialistas y comunistas, contra los moribundos
Los dientes del espíritu
Excalibur
Ahora no Podemos
¡Usted no es demócrata, oiga!
Creyentes
Ébola
¿Cuándo se jodió España, Zavalita?
Master Class
Ana María Matute, la última princesa
Los otros 364 días del libro
Proletarios del mundo
Rusia 1 - LosDemás 0
Derecho al propio cuerpo
Adiós a Facebook y todo eso
La estatua
Los nombres de la cosa
Retrato aproximado de un majadero contemporáneo
La salida a un callejón sin salida
Lo que nos une y lo que no nos separa
Navegando otra vez
Un rey para las porteras
Chapuzas en el Oasis
Rusia, los gays y todo lo demás
Por qué España será gobernada por Evo Morales o alguno que se le parezca
Demasiadas transiciones para una generación
Diez veces NO para un escritor principiante
Cataluña, cara y cruz de la radicalización
"1984" revisitado
Orwell y el "socialismo democrático"
Tiempos bizantinos
El hombre que compraba gigantes
Tecnoflautas
"El Pasmao" y los pasmados
La izquierda insostenible
Darse de baja del boletín
Ir a Portada
Páginas culturales
Lejos de Itaca
Un país raro
José Vicente Pascual
1 Cataluña es más grande
2 El catalán, dialecto del valenciano
3 SERTORIO
El dedo y la llaga
4 Anteproyecto de la nueva Constitución que preparan PP y PSOE
5 JAVIER R. PORTELLA
En España empieza a amanecer



Revistas Baratas


http://www.elmanifiesto.com | Aviso Legal | Política de Privacidad | Quiénes somos | Contactar |