''¿Le interesa este artículo?
¡A sus amigos también!
Mándeselo. (Click aquí.)''

Cerrar
 
Este website utiliza cookies propias y de terceros. Alguna de estas cookies sirven para realizar analíticas de visitas, otras para gestionar la publicidad y otras son necesarias para el correcto funcionamiento del sitio. Si continúa navegando o pulsa en aceptar, consideramos que acepta su uso. Puede obtener más información, o bien conocer cómo cambiar la configuración, en nuestra Política de cookies?
 Háganos su página de inicio

 Añadir a favoritos
  

    El Manifiesto. Periódico política y socialmente incorrecto

Hemeroteca 

Quiénes somos 

Contactar 
Viernes, 15 de diciembre de 2017 
  SECCIONES     REVISTA EN PAPEL El Manifiesto: Todos los números   Director: Javier R. Portella  
"Durante los próximos 1.700 años todo Occidente pensará y vivirá según la manera catalana"
Ver más
Lo que somos. Lo que nos mueve

Javier R. Portella

SERTORIO
La nueva desigualdad

FERNANDO SÁNCHEZ DRAGÓ
Tuiteo y tuteo
Hazte amigo de elmanifiesto.com en Facebook
 Editar un libro
 Autoedición de libros
 Revistas Baratas
 Quiero publicar un libro
TRIBUNA
Banderita, tú eres roja. Banderita, tú eres gualda

Una señorita (manifiestamente sometida al dominio machista y heteropatriarcal) jura la Bandera. Arturo Pérez-Reverte lo comenta ensalzando su patriotismo y su belleza.

"¿Son para un partido de fútbol sus banderas? Es curioso, pero hay mucha gente que nos está comprando banderas estos días. ¿Juega la Roja?" "No, la Roja no —le contesté—. Pero los rojos sí juegan en Cataluña. Y si el Gobierno no detiene a unos cuantos sediciosos, el domingo van a ganar".
Javier R. Portella

26 de septiembre de 2017
Comparte esta noticia en FacebookComparte esta noticia en TwitterAñadir a YahooRSS Imprimir esta noticia
Enviar a amigos

JAVIER R. PORTELLA


He ido esta tarde a comprar tres banderas para colgarlas en el balcón de mi casa y en el de la oficina. Ya tenía la intención de hacerlo, pero me he decidido definitivamente al ver que, por primera vez en los cuarenta años del Régimen, los balcones y ventanas de Madrid empiezan a cubrirse —tímidamente, como miedosos ante tanto atrevimiento— con el símbolo de la Nación. Hasta diez he contado en un trayecto en cuyo equivalente barcelonés, es cierto, habría descubierto al menos veinte “estrelladas” de la secesión. Pero por algo se empieza.

No ha sido fácil adquirirlas. Primero me he dirigido al “Chino” del barrio. Me ha costado un poco darle a entender al buen hombre lo que quería, tanto más cuanto que al final ha resultado que no tenía ninguna “bandela”, decía él. De modo que no me ha tocado más remedio que ir a donde uno acaba yendo siempre en tales casos: a El Corte Inglés. Ahí el sudamericano de chaqueta roja que informa en la puerta a los despistados clientes, no sabía demasiado a dónde dirigirme. “Pruebe a ver en la sección de Souvenirs, a lo mejor ahí tienen banderas para los turistas”, me dijo. Y efectivamente, entre estatuillas de toros bravos y bailaoras de flamenco, ahí encontré… las tres últimas banderas que les quedaban.

“¿Es para un partido de fútbol?”, me preguntó el mozalbete que me atendía. “Es curioso —añadió—, pero hay mucha gente que nos está pidiendo banderas estos días. ¿Juega la Roja?” “No, la Roja no —le contesté—. Pero los rojos sí juegan en Cataluña. Y si el Gobierno no detiene a unos cuantos sediciosos, el domingo van a ganar”. Me puso de cara de pasmo. ¡Criatura!... En la vida había oído semejante vocabulario. Y aún menos el que siguió. Normalmente soy poco dado a hablar con extraños, pero ayer me solté. Casi sin darme cuenta salían de mi boca palabras inauditas —literalmente: nunca oídas— que hablaban de la patria en peligro, de su unidad, del destino de nuestra nación, de la secesión separatista en Cataluña…

Lo extraordinario —fui yo quien puso entonces cara de pasmo— es que aquellas palabras calaron. Tanto el jovencito pasmado como la dependienta que me había acompañado a la sección de Souvenirs, como ulteriormente la cajera que me cobró, toda aquella gente sencilla que lo máximo que habían oído en su vida eran hueros sonsonetes sobre la Constitución y la democracia, la democracia y la Constitución, todos ellos, sin aspavientos, con tanta timidez como la de las banderas en los balcones, pero con claridad, me expresaban su acuerdo. “Sí, ya está bien, es cierto, eso no puede seguir así, por quiénes nos toman”, decían.

“Todo —ya lo sabemos, pero ahora aún más— se juega en los medios y en las escuelas —me decía saliendo de los Grandes Almacenes, como se les llamaba antes—. Nunca nadie les había hablado así a esa gente. Con sólo tener una gran cadena de televisión durante un año…, y ya todo empezaría a cambiar”. En ésas estaba cuando me llegó el mensaje de un buen amigo mío a quien le había preguntado si ya había colgado la bandera en su casa. “Sí, vale, muy bien —me respondía—. Pero oye, tampoco vamos a caer ahora en la vulgar simbología franquistoide”.

No, te equivocas, amigo. La simbología, los símbolos, las imágenes… Ahí se juega todo. En los símbolos y en las palabras. En esas palabras fuertes que esa gente oía esa tarde por primera… y quizá última vez en su vida. Y en los símbolos que tampoco nadie les ha enseñado jamás. Porque no los hay, porque no existen. Porque el reino de la democracia líquida en que vivimos carece de símbolos. Los detestan, les parecen “antidemocráticos”, “rancios”, “casposos”. Y así les luce el pelo. No hablo de los secesionistas, que vaya si tienen símbolos, e ideales, y palabras llenas de savia. Savia rezumante de odio, desde luego, pero savia: no el vacío. Hablo de los otros, de los “constitucionalistas”, de los demócratas y liberales, incluidos los mejores, incluidos los que han combatido desde el primer día a los “nacionalistas”, sin darse cuenta, ¡merluzos!, de que la guerra se ha perdido desde el momento mismo en que la palabra “nacionalista” ha servido para designar al enemigo. Si la nación es lo que resuena en el nombre que das a quien combates, ¿cómo diablos quieres invocar, defender a la nación: a la verdadera, a la agredida, a la nación española?

¿Símbolos… franquistas? Símbolos coincidentes, en todo caso, con lo más salvable, con lo mejor de esa cosa sumamente compleja que fue el franquismo. No, el problema del franquismo no fueron en absoluto sus símbolos: ni la noble, aguerrida águila de san Juan (procedente, por lo demás, del estandarte de los Reyes Católicos), ni un lema como “Una, Grande y Libre” (salvo, por supuesto, si se detesta la unidad, la grandeza y la libertad). El problema del franquismo fue lo que había detrás de sus símbolos: por un lado, el tufo clerical de aquel nacionalcatolicismo que lo echó todo a perder; por otro, el vacío de un tecnocratismo desarrollista que, convirtiendo lemas y símbolos en un sonsonete tan huero como el de la democracia, prefiguraba todo lo que iba a venir después.

Por cierto, hablando de símbolos: ¿ya todos habéis puesto el símbolo de la patria en vuestros balcones y ventanas?


Y puesto que de símbolos se trata, aquí van algunos, bien rancios y casposos.

 

Y por si los anteriores no bastaron, aquí van otros símbolos, que además de casposos son profundamente machistas y heteropatriarcales. Todo sea para el mayor regocijo y placer de progres, feministas e izquierdistas.
 


¿Te ha gustado el artículo?
¡Dilo en tus redes sociales! ¡Ayuda a promover El Manifiesto!

Comparte esta noticia en Facebook  Comparte esta noticia en Twitter  
  Enviar a Meneamé


COMENTARIOS
Esta noticia aún no tiene comentarios publicados.

Puedes ser el primero en darnos tu opinión. ¿Te ha gustado? ¿Qué destacarías? ¿Qué opinión te merece si lo comparas con otros similares?

Recuerda que las sugerencias pueden ser importantes para otros lectores.
  AÑADIR UN COMENTARIO  
  Nombre:  
  Localidad:  
  E-mail (*):  
  Clave (*):
Para mandar comentarios, es necesario estar registrado, si no lo está pulse aquí
Si ha olvidado su clave, pulse aquí
 
  Titulo:  
  Comentario:
* La extensión máxima de los comentarios es de 1.500 caracteres. La página está destinada a efectuar comentarios puntuales y no a desarrollar largos artículos que nadie ha solicitado.
 
 
Por favor rellene el siguiente campo con las letras y números que aparecen en la imagen de su izquierda
 
  * El e-mail nunca será visible  
      
  CLÁUSULA DE EXENCIÓN DE RESPONSABILIDAD
Los comentarios del website Elmanifiesto.com tienen caracter divulgativo e informativo y pretenden poner a disposición de cualquier persona la posibilidad de dar su opinión sobre las noticias y los reportajes publicados. No obstante, es preciso puntualizar lo siguiente:
Todos los comentarios publicados pueden ser revisados por el equipo de redacción de Elmanifiesto.com y podrán ser modificados, entre otros, errores gramaticales y ortográficos. Todos los comentarios inapropiados, obscenos o insultantes serán eliminados.
Elmanifiesto.com declina toda responsabilidad respecto a los comentarios publicados.
 
Otros artículos de Javier R. Portella
El Homo festivus se casa (consigo mismo)
¿Perder las próximas elecciones? Nada perderían Rajoy y los suyos
100 años: 100 millones de muertos. Y una paradoja de por medio
¿Qué demonios estuvieron (o están) trapicheando?
En España empieza a amanecer
Dos sediciosos al trullo
¿Nos vamos a tragar el sapo?
El timo del tocomocho
Resurrexit
¡Gracias sean dadas a los separatistas!
El felón promete pastelear con los golpistas
Mariano Kerensky no se entera
Cuando salta, incandescente, la Historia
Ya que tanto les gustan las leyes…
La paradoja de la Cataluña identitaria y… nihilista
La Cataluña sometida a la dhimmitud
¡A por los (verdaderos) culpables!
Los 300 de Ceuta
"¡Turistas fuera!" "Refugees Welcome!"
Vuelve un héroe a morir. Vuelven los cerdos a gruñir
Reflexiones después de la derrota
¿Y ahora qué?
De "Bienvenido, Mister Marshall" a "Bienvenido, Mister Trump"
Renace la identidad europea. Se espantan los apátridas
Un fantasma recorre Europa: el populismo identitario
El autobús, el pene y la vulva
¿Existe un populismo de izquierdas? El caso de Podemos
Las provocaciones a la Trump… y a la friki-facha
Los tiempos cambian
«Fidel Castro is dead!» (Donald Trump)
Napoleón, el comunismo y Donald Trump
Contra la plebe alta y la plebe baja
Las feministas islamistas
Los bonachones escupen sobre la muerte de un torero
Ganó el Brexit. Ganó Europa: la verdadera
La disidencia a través de la belleza
Europa: nuestra patria carnal
La gran biografía de Wiesenthal sobre Rilke
Ada Colau sigue combatiendo al monstruo turístico
El fascismo y la libertad
La papilla electoral
José Antonio Primo de Rivera: el político que amaba la poesía
La mayor de las Casualidades
¿Alcaldes rojos?
Asciende Podemos. ¿Peligra el Sistema?
El mayor delito de Rodrigo Rato no es el que se cree
Semana Santa: cuando se entremezcla lo pagano y lo cristiano
Nuestras «élites» alientan la infamia del «arte» oficial
«Dios ha muerto», pero los dioses renacen
El que dice "Patria" con orgullo también dice lo que dicen los pro etarras que con él están
Darse de baja del boletín
Ir a Portada
Páginas culturales
1 SERTORIO
Víctor Laínez, ¡Presente!
2 SERTORIO
La nueva desigualdad
3 Las golfas-monjas
4 Tórtolos...
5 Autocentrar el desarrollo para poner fin a la mundialización neoliberal



Revistas Baratas


http://www.elmanifiesto.com | Aviso Legal | Política de Privacidad | Quiénes somos | Contactar |