''¿Le interesa este artículo?
¡A sus amigos también!
Mándeselo. (Click aquí.)''

Cerrar
 
Este website utiliza cookies propias y de terceros. Alguna de estas cookies sirven para realizar analíticas de visitas, otras para gestionar la publicidad y otras son necesarias para el correcto funcionamiento del sitio. Si continúa navegando o pulsa en aceptar, consideramos que acepta su uso. Puede obtener más información, o bien conocer cómo cambiar la configuración, en nuestra Política de cookies?
 Háganos su página de inicio

 Añadir a favoritos
  

    El Manifiesto. Periódico política y socialmente incorrecto

Hemeroteca 

Quiénes somos 

Contactar 
Lunes, 20 de noviembre de 2017 
  SECCIONES     REVISTA EN PAPEL El Manifiesto: Todos los números   Director: Javier R. Portella  
Encuentro de Puigdemont con los flamencos de Bruselas
Ver más
Lo que somos. Lo que nos mueve

Javier R. Portella


JAVIER R. PORTELLA
El Homo festivus se casa (consigo mismo)

SERTORIO
La era Trump

ALAIN DE BENOIST
¡Sí a la autonomía, no al independentismo!

JESÚS LAÍNZ
¿Está Carles? Que se ponga

JOSÉ VICENTE PASCUAL
¿Cultura? ¿Eso qué es?
Hazte amigo de elmanifiesto.com en Facebook
 Editar un libro
 Autoedición de libros
 Revistas Baratas
 Quiero publicar un libro
NACIÓN
Cataluña es más grande


El proceso estaba calculado en detalle, con seriedad y solvencia. Y sin embargo...
Francisco José Soler Gil

18 de octubre de 2017
Comparte esta noticia en FacebookComparte esta noticia en TwitterAñadir a YahooRSS Imprimir esta noticia
Enviar a amigos

FRANCISCO JOSÉ SOLER GIL

Habían hecho muchos cálculos los ingenieros del «procès». Contaban con factores evidentes, como la apatía política del español medio, la acreditada imposibilidad de los partidos nacionales para actuar en equipo, la consiguiente debilidad crónica del gobierno central, los mil complejos de inferioridad, de culpa, y de deuda impagable que determinan la acción (o más bien la inacción) de las instituciones del Estado frente a las autonomías, etc., etc.

Nadie intervendría. Nadie haría nada en serio por frenar la secesión. A nadie le iría nada en el tema, ni nadie estaría dispuesto a una resistencia, que parecería ridícula en un contexto así. Al final, no quedaría sino rendirse ante los hechos consumados: el referéndum, las leyes de desconexión, la proclamación de la República Catalana... Todo paso a paso, muy bien medido, y refrendado por la mayoría actual en la generalitat. Imparable.

El proceso estaba calculado en detalle, con seriedad y solvencia. Y sin embargo...

Y sin embargo el escenario más probable, en estos momentos, es que el «procès» desemboque en una suspensión temporal de la autonomía catalana, y en un proceso de otro tipo ―penal, por un delito de rebelión― contra los principales líderes implicados en los acontencimientos catalanes de los últimos meses.

¿Qué ha fallado, pues, en los cálculos de los ingenieros de la independencia? Varias cuentas. Pero me gustaría llamar aquí la atención especialmente sobre una de ellas: Cataluña es incomparablemente más grande de lo que los independentistas creen.

Y es que, en un alarde pasmoso de estrechez de miras, los ideólogos del independentismo consideran que una fuerza política de dos millones de votos expresa la voluntad general de Cataluña. ¡Dos millones!

Pero no. Cataluña es incomparablemente más grande que eso. Cataluña abarca también, para empezar, a los bastantes más de dos millones de votantes que no han querido participar en la farsa del referendum del 1-O. Pero no sólo a ellos. Cataluña es también la tierra de los muchos catalanes que se han marchado de allí. No pocos de ellos hartos de la atmósfera asfixiante que el nacionalismo ha creado desde hace décadas en esta región ―tantas veces con la aquiescencia, doloroso es decirlo, de las instituciones estatales que hubieran debido impedirlo hace mucho tiempo―. Otros simplemente por negocios, o por trabajo, o por motivos familiares. No viven ahora en Cataluña, pero es tan suya como pueda serlo de Puigdemont, o de Junqueras.

Más aún, Cataluña es la tierra madre de todos los que llevamos con orgullo un apellido catalán. Aunque nuestras familias dejaran ese suelo hace ya varias generaciones. Y lo que los nacionalistas pretenden, en el fondo, es declararnos extranjeros en el país de nuestros antepasados.

Más aún, tienen título sobre esta tierra cuantos vinieron a trabajar a ella, siquiera temporalmente, desde las demás regiones de España, y contribuyeron con su esfuerzo a hacerla grande. Y todos los habitantes de las regiones que fomentaron su prosperidad, mediante la aplicación de múltiples legislaciones del Estado español, ventajosas hacia las industrias catalanas ―legislaciones que a veces perjudicaban a las empresas de otras partes del país―.

Pero es que, además, existe una Cataluña espiritual, que abarca, por ejemplo, a los lectores y admiradores de gigantes como Josep Pla, que han aprendido, de su mano, a amar y hacer suya la dulce tierra ampurdanesa. Que abarca a los oyentes de Albéniz, de Granados, de Pedrell ―¡qué enorme porción de la música más española ha sido compuesta por catalanes!―. A los admiradores de Dalí. A los numerosísimos donantes españoles que están contribuyendo, orgullosos y fascinados, a la edificación de la Sagrada Familia... ¡Qué grande es Cataluña, realmente!

¿Y qué esperaban entonces los independentistas? ¿Qué todos nosotros, ligados por múltiples vínculos de sangre, de descendencia, de trabajo, y de espíritu con la tierra catalana, asistiéramos con indiferencia al proceso de despojarnos de ella? ¿De declararnos extranjeros en ella, por la voluntad de unos pocos, que han decidido que ellos, y sólo ellos, son Cataluña?

Algunos se sorprenden aún de las múltiples banderas de España que están floreciendo estos días en los balcones de todo el país. Y se sorprenden de que los partidos nacionales, a pesar de los negros odios que los separan, se estén poniendo de acuerdo para hacer frente juntos al desafío secesionista. Y de que un pueblo que parecía dormido, e incapaz de luchar por nada, se esté despertando con la energía y la decisión con que lo está haciendo ahora.

No se sorprenderían tanto si supieran cuánto nos importa Cataluña a millones de españoles. Y qué sentimientos provoca el injusto despojo que se está intentando perpetrar. Catalanes somos todos los que nos sentimos familiar, ancestral, laboral y espiritualmente vinculados con Cataluña. A nosotros no nos han incluido los separatistas en su censo de votantes. Pero ese es su problema. Y en cualquier caso no deberían extrañarse de que, llegadas las circunstancias, estemos dispuestos a defender nuestro patrimonio.


¿Te ha gustado el artículo?
¡Dilo en tus redes sociales! ¡Ayuda a promover El Manifiesto!

Comparte esta noticia en Facebook  Comparte esta noticia en Twitter  
  Enviar a Meneamé


COMENTARIOS
miércoles, 18 de octubre de 2017

Certerísimo

Esta mañana decía Conchaa Velasco en la radio: ´´Cumplí 19 años trabajando en un teatro de Barcelona, amo a Cataluña, Barcelona forma parte de mi vida como de la de todos los españoles´´.
¿Quién en el resto de España no tiene vínculos familiares, laborales, espirituales, vitales, con Cataluña?
¿Y quién en Cataluña no los tiene con el resto de España? Empezando por Cocomocho.

# Publicado por: Derechón (Aranjuez)
miércoles, 18 de octubre de 2017

Muy optimista le veo

Seguramente, a no ser que quitemos del medio a los traidores de Madrid (del rey abajo, todos) y cambiemos el Sistema que propicia los separatismos, la independencia es cosa hecha.

# Publicado por: José María (ma)
  AÑADIR UN COMENTARIO  
  Nombre:  
  Localidad:  
  E-mail (*):  
  Clave (*):
Para mandar comentarios, es necesario estar registrado, si no lo está pulse aquí
Si ha olvidado su clave, pulse aquí
 
  Titulo:  
  Comentario:
* La extensión máxima de los comentarios es de 1.500 caracteres. La página está destinada a efectuar comentarios puntuales y no a desarrollar largos artículos que nadie ha solicitado.
 
 
Por favor rellene el siguiente campo con las letras y números que aparecen en la imagen de su izquierda
 
  * El e-mail nunca será visible  
      
  CLÁUSULA DE EXENCIÓN DE RESPONSABILIDAD
Los comentarios del website Elmanifiesto.com tienen caracter divulgativo e informativo y pretenden poner a disposición de cualquier persona la posibilidad de dar su opinión sobre las noticias y los reportajes publicados. No obstante, es preciso puntualizar lo siguiente:
Todos los comentarios publicados pueden ser revisados por el equipo de redacción de Elmanifiesto.com y podrán ser modificados, entre otros, errores gramaticales y ortográficos. Todos los comentarios inapropiados, obscenos o insultantes serán eliminados.
Elmanifiesto.com declina toda responsabilidad respecto a los comentarios publicados.
 
Otros artículos de Nación
"Catalunya" ya no existe
Encuentro de Puigdemont con los flamencos de Bruselas
No quitéis las banderas
Oigo, patria, tu aflicción
ANTE LA URGENCIA Y GRAVEDAD DE LA SITUACIÓN, EL MANIFIESTO INFORMA CONSTANTEMENTE EN SU PÁGINA FACEBOOK
Der Prozess
¿Del Vichy Catalán a los catalanes de Vichy? No, gracias
Los 10 mejores "memes" sobre la secesión catalana
Tabarnia: se quieren independizar de Cataluña y seguir con España
"Cañas por España": el video (ya viral) que se lo explica al mundo
El delirio independentista en un vídeo que se ha hecho viral
Los presos les hacen la vida imposible a los Jordis
El espíritu impera
D I U = Dispositivo Intra Uterino
Un youtuber negro, gringo y antiindependentista
No soportan que los presos les sigan gritando «¡Viva España!»
La tercera ola del secesionismo
Anteproyecto de la nueva Constitución que preparan PP y PSOE
"¡Viva España, traidores!", gritaron los presos a los dos Jordis
Toda España será TV3
Darse de baja del boletín
Ir a Portada
Páginas culturales
1 SERTORIO
La era Trump
2 JAVIER R. PORTELLA
¿Perder las próximas elecciones? Nada perderían Rajoy y los suyos
3 SERTORIO
Gary Snyder: "La mente salvaje"
4 JAVIER R. PORTELLA
El Homo festivus se casa (consigo mismo)



Revistas Baratas


http://www.elmanifiesto.com | Aviso Legal | Política de Privacidad | Quiénes somos | Contactar |