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NACIÓN
No quitéis las banderas


Dejadlas ahí, al menos hasta que el otoño las decolore o el viento de la Historia las convierta en un noble guiñapo.
Ignacio Camacho

3 de noviembre de 2017
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IGNACIO CAMACHO


No descuelgues aún esa bandera de tu balcón porque el aliento moral que expresas con ella va a continuar siendo necesario. Porque el Estado al que querías defender con ese gesto sigue pendiente, acaso más que nunca, de tu respaldo. Porque el debate cívico y patriótico en el que decidiste participar con ella va para largo. Porque los sentimientos y la convicción que pretendías expresar no han caducado. Porque el orgullo que te movió a ponerla debe permanecer intacto. Y porque ahora no puedes ni debes conformarte con lo que has logrado.

¿Sabes? A los políticos nunca les acabó de gustar ese caudal de energía colectiva, esa oleada de vigor ciudadano. Acostumbrados a formular consignas, a dirigir opiniones, a establecer criterios, desconfían de cualquier movimiento espontáneo. El de las banderas les sorprendió, les creó inquietud porque no sabían bien quién podía aprovecharlo; se sintieron incómodos, desasosegados de no poder controlar ese pálpito. Y sin embargo tuvo consecuencias porque, les gustase o no, expresaba una conciencia, una determinación, un estado de ánimo que buscaba, que exigía, que necesitaba un liderazgo.

Quizá sin las banderas no se hubiese producido esta reacción de firmeza. Quizá el poder se habría dejado llevar por el impulso de su propia inercia. Quizá los partidos constitucionalistas, en vez de aproximar voluntades, se hubieran dedicado a profundizar en sus diferencias. Quizá todavía seguirían indecisos, apocados, calculando rentabilidades electorales y afinando estrategias. Quizá los “catalanes invisibles”, los discrepantes arrinconados por la hegemonía nacionalista, se mantendrían en el silencio que al fin decidieron romper en un multitudinario arrebato de coraje y entereza. Quizá la insurrección contra los fundamentos de la democracia aún no hubiese encontrado respuesta.

Todo eso, y el discurso del Rey, y el rearme moral del Gobierno, y la sensación de que la derrota presentida tenía vuelta, sucedió porque cientos de miles de españoles prendisteis en la ventana una enseña. Una expresión que no era de protesta –o sí: contra el encogimiento, contra el desdén, contra la pusilanimidad, contra la propia vergüenza–, sino de confianza en vuestro país, en vuestros valores, en vuestro sistema de convivencia. Porque os sentisteis fuertes, dignos, incólumes, resueltos a reclamar que se os tuviera en cuenta.

Por eso hoy más que nunca es menester que la política sienta el hálito de una nación dispuesta a acompañarla en el difícil camino que al fin ha tomado. Porque el riesgo de ruptura persiste y hay una posibilidad cierta de fracaso. Por eso en tu balcón debe mantenerse esa bandera que colgaste el día en que una fuerza invisible te empujó a sacar tu autoestima del armario. Déjala ahí, cabal, honorable, bizarra, al menos hasta que el sol y la lluvia de otoño la decoloren o el viento de la Historia la convierta en un noble guiñapo.

© ABC

 


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COMENTARIOS
domingo, 05 de noviembre de 2017

Yo las veo en todos los barrios

Estuve en Madrid a principios de noviembre. Solo fue un dia y desde luego no patee todos los barrios. Pero yo vi banderas por todas las zonas donde pasé. Y si cuento por mi experiencia, en la ciudad donde vivo las hay en todo tipo de barrios, mas acomodados y mas humildes. Si me apuras, casi diría que hay más en los barrios mas humildes.

# Publicado por: Carlos Caballero Jurado (Alicante)
sábado, 04 de noviembre de 2017

Depende

Colocar una bandera de España en Cataluña tiene mucho mérito, pero colocarla en el barrio de Salamanca de Madrid, pues no sé es como una comunión barata. Quizá si se coloca en Lavapiés o en Malasaña (zonas podemitas) tiene mucho mérito, también.

# Publicado por: Derechón (Aranjuez)
viernes, 03 de noviembre de 2017

cada casa, una bandera

Yo no se si alguien lanzó la idea de las banderas. Simplemente vi que iban apareciendo y yo puse la mía. Y como cada día hago el mismo recorrido, veo que cada día hay más. Menos de las que yo quisiera. Pero muchas más de las que yo hubiera imaginado. Y todo de manera espontanea, casi diría que instintiva. No se si es buena idea que una campaña de colocar banderas la proponga un patido. Me parece que no. Pero ya podían los periódicos, las TV, instituciones que no sean partidistas, lanzar esa campaña. Que se vea que los españoles no nos humillamos, que no nos rendimos, que nos en canta España. Ojala hubiera una bandera en cada casa... ¡que gran lección dariamos a nuestros políticos y al mundo!


# Publicado por: Carlos Caballero Jurado (Alicante)
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