''¿Le interesa este artículo?
¡A sus amigos también!
Mándeselo. (Click aquí.)''

Cerrar
 
Este website utiliza cookies propias y de terceros. Alguna de estas cookies sirven para realizar analíticas de visitas, otras para gestionar la publicidad y otras son necesarias para el correcto funcionamiento del sitio. Si continúa navegando o pulsa en aceptar, consideramos que acepta su uso. Puede obtener más información, o bien conocer cómo cambiar la configuración, en nuestra Política de cookies?
 Háganos su página de inicio

 Añadir a favoritos
  

    El Manifiesto. Periódico política y socialmente incorrecto

Hemeroteca 

Quiénes somos 

Contactar 
Viernes, 21 de septiembre de 2018 
  SECCIONES     REVISTA EN PAPEL El Manifiesto: Todos los números   Director: Javier R. Portella  
La detención del jefe de los golpistas
Ver más
Lo que somos. Lo que nos mueve

Javier R. Portella


ADRIANO ERRIGUEL
Deconstrucción de la izquierda posmoderna (I)

ANTONIO MARTÍNEZ
Una madre contra Mortadelo

FERNANDO SÁNCHEZ DRAGÓ
´Magistra vitæ´

SERTORIO
Social-apátridas

JESÚS J. SEBASTIÁN
La falacia de una Europa de las «pequeñas patrias»
Hazte amigo de elmanifiesto.com en Facebook
 Editar un libro
 Autoedición de libros
 Revistas Baratas
 Quiero publicar un libro
Una larga enfermedad

José Vicente Pascual

16 de agosto de 2018
Comparte esta noticia en FacebookComparte esta noticia en TwitterAñadir a YahooRSS Imprimir esta noticia
Enviar a amigos
 Aumentar tamaño Disminuir tamaño Reestablecer tamaño  

JOSÉ VICENTE PASCUAL

Ya no se odia como antes. En los buenos viejos tiempos, el odio era un sentimiento arraigado con espartana solidez en el corazón del rencoroso, sedimentado con paciencia de años, lustros de hervor en la endiablada cocina que las víctimas del mal tienen encastrada en el alma. Se odiaba incondicionalmente, sin calendario ni tregua, sin reparar en medios. El poseso por el odio soñaba con que el objeto de su enfermiza pasión acabara colgándose de un olivo después de haberse arruinado por completo y padecido la ignominia del desprecio público. No envidiaba el coche del vecino: quería que el vecino se quedara sin coche. Además, se odiaba a personas concretas y por motivos concretos. Se odiaba al prójimo por vivir en domicilio mejor acomodado, por estar casado con mujer hermosa y no con un trostio enfangado en michelines como el que se tenía en casa; se odiaba al compañero de facultad que arrebató novia y mieles al infeliz pasmarote, al jefe que alimonaba la vida de sus subalternos en la oficina siniestra, al compañero de profesión que alcanzaba éxito en tanto el codicioso amargado se anclaba en la absoluta mediocridad. Se odiaba con razón —sin lógica ni provecho, pero con razón—, y con mantenida intensidad. Con la debida constancia. El odio era una experiencia para toda la vida, como el primer amor o la irrenunciable torería. 

Hoy, no. Ni de lejos. 

Hoy el odio ni siquiera aspira a la categoría de sentimiento. Con ser emoción le basta y sobra. Se odia a cualquiera, de súbito, en cualquier momento de cualquier paseo por ese invento nefando que llamamos “redes sociales”. Se odia a un desconocido sólo con ver su careto y su foto de portada, y se instala esa imagen-representación en la tropa de los odiados en menos de lo que tarda en santiguarse un cura loco. Ya no se odia a personas señaladas, sino a “gente” en general: los que no votan lo mismo que otros votan, los que no piensan lo mismo que otros piensan, los que no comulgan con lo mismo que otros comulgan, los que claman a destiempo o protestan por causa inconveniente, los que callan demasiado o no guardan puntual el minuto de silencio. La tecnología en medios de comunicación, con ser tan compleja, ha tenido la virtud y el pecado de simplificar las relaciones, afinidades y aversiones hasta lo escandalosamente pueril: si odio a alguien en particular, es mi problema; si odio a muchos al mismo tiempo, evidentemente es por su culpa. Se lo merecen. 

Las redes sociales son como la vida del grandísimo Leopardi, según propia confesión: “una larga enfermedad”. Larga por lo extensa y lo multitudinario de sus posibilidades, no por el tiempo que llevan estos engendros parasitando nuestras vidas. En poco más de una década hemos alcanzado el privilegio de poder odiar, en la misma mañana, a un señor de Asturias, a un chino de Macao y a un argentino afincado en Estocolmo. Es un odio a la ligera, orvallante y sin sustancia: una porquería de odio. Y todo gracias a las ya muy citadas redes sociales, unos lugares donde quien no odia no se distrae y donde todo lo que no es inquina y bilis negra es publicidad o peloteo. Aunque tampoco quiero exagerar… Es cierto que en dichos sitios de Internet es posible mantener contacto con amigos verdaderos e incluso hacer nuevos agradables conocimientos. Pero, ay… Debe considerarse también que estos sanos usos del medio se producen en un entorno en el cual, literalmente, Australia no existe, la Tierra es plana, Franco está vivo, Trump y Hillary Clinton son alielígenas, Paulo Coelho un gran filósofo y un tal Garrido el no va más de la fineza poética. Es como disfrutar del waterpolo en una piscina de lava. 

Por qué, a la vista de lo visto, mantengo abierto perfil en una de las redes sociales más populares, es una pregunta interesante. Cualquier día me plantearé seriamente el asunto. De momento, sólo me consuela saber que cada vez que abro la página de Facebook me odio a mí mismo. O casi.


¿Te ha gustado el artículo?
Su publicación ha sido posible gracias a la contribución generosa de nuestros lectores. Súmate también a ellos. ¡Une tu voz a El Manifiesto! Tu contribución, por mínima que sea, dará alas a la libertad.
Aportar
¿Te ha gustado el artículo?
¡Dilo en tus redes sociales! ¡Ayuda a promover El Manifiesto!

Comparte esta noticia en Facebook  Comparte esta noticia en Twitter  
  Enviar a Meneamé


COMENTARIOS
martes, 28 de agosto de 2018

Twiteros

Esta es una peticion para elmanifiesto.com: Poned un icono de twiter para poder seguir facilmente al escritor. Twitter es una gran leccion de filosofía, cuando te resbalen las criticas es que ya estás alcanzando el nirvana. La mayoría escribe calculadamente para que no se le echen encima, ese permanecerá en el fango.

# Publicado por: ZorbaElCosmologo (Cabrera)
  AÑADIR UN COMENTARIO  
  Nombre:  
  Localidad:  
  E-mail (*):  
  Clave (*):
Para mandar comentarios, es necesario estar registrado, si no lo está pulse aquí
Si ha olvidado su clave, pulse aquí
 
  Titulo:  
  Comentario:
* La extensión máxima de los comentarios es de 1.500 caracteres. La página está destinada a efectuar comentarios puntuales y no a desarrollar largos artículos que nadie ha solicitado.
 
 
Por favor rellene el siguiente campo con las letras y números que aparecen en la imagen de su izquierda
 
  * El e-mail nunca será visible  
      
  CLÁUSULA DE EXENCIÓN DE RESPONSABILIDAD
Los comentarios del website Elmanifiesto.com tienen caracter divulgativo e informativo y pretenden poner a disposición de cualquier persona la posibilidad de dar su opinión sobre las noticias y los reportajes publicados. No obstante, es preciso puntualizar lo siguiente:
Todos los comentarios publicados pueden ser revisados por el equipo de redacción de Elmanifiesto.com y podrán ser modificados, entre otros, errores gramaticales y ortográficos. Todos los comentarios inapropiados, obscenos o insultantes serán eliminados.
Elmanifiesto.com declina toda responsabilidad respecto a los comentarios publicados.
 
Otros artículos de Lejos de Itaca
Al servicio del imperio
Piketty y el capitalismo en el siglo XXI
Razón sentimental y política de los sentimientos
El ciego de Delos
El sitio de Baler
Nosotros, que fuimos tan felices
Un país raro
La Corona de los Tres Reinos
¿Madre no hay más que una?
Del azul nacen los caballos
Heterodoxia
Control mental - El arma oculta de las élites
Cervantes, inventor del doctor Watson
Cicatriz
La dependencia de Cataluña
Un país imaginario
Muerte o muerte
Capitalismo, mentira, mito y realidad
"Rebeldes", la seducción de la aventura
La fantasía de la razón en el universo holmesiano
Darse de baja del boletín
Ir a Portada
Páginas culturales
1 COSME DE LAS HERAS
La Gran Transformación
2 FERNANDO SÁNCHEZ DRAGÓ
´Magistra vitæ´
3 JULIO ANGUITA, MANUEL MONEREO Y HÉCTOR ILLUECA
¿Fascismo en Italia? Decreto dignidad
4 ANTONIO MARTÍNEZ
Una madre contra Mortadelo
5 ADRIANO ERRIGUEL
Deconstrucción de la izquierda posmoderna (I)



Revistas Baratas


http://www.elmanifiesto.com | Aviso Legal | Política de Privacidad | Política de Cookies | Quiénes somos | Contactar |