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CULTURA
Los peligros de la "sociedad abierta"

¿Marxismo cultural o popperismo en clave Soros?


Por popperismo hay que entender una estrategia cultural derivada de los escritos de Karl Popper, especialmente de su libro más importante, "La sociedad abierta".
ROBERT STEUCKERS

7 de septiembre de 2018
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ROBERT STEUCKERS


Respecto a lo que los norteamericanos llaman “marxismo cultural”, el polemista y publicista flamenco Edwin Truyens (Kort Manifest, nº. 244, julio–agosto de 2018) piensa que hoy esta expresión es inadecuada, incluso si el gramscismo de izquierda ha estado marcado indudablemente con sus puntos de vista en el transcurso de las pasadas décadas. Para Truyens, el desarrollo del “popperismo” en las sociedades occidentales es, claramente, más patente y más peligroso.

Por popperismo hay que entender una estrategia cultural derivada de los escritos de Karl Popper, especialmente de su libro más importante, La sociedad abierta (The Open Society). El libro-manifiesto de Georges Soros lleva, además, el mismo título: Open Society. El impacto de este libro de culto  en el liberalismo anglosajón, en el sentido más amplio del término, englobando el izquierdismo y el capitalismo neoliberales, es impresionante: demócrata-cristianos como Herman van Rompuy o liberal-thatcherianos como Guy Verhofstadt han sido contaminados, advierte Truyens, por esta ideología que rechaza todas las formas de pertenencia, de vínculos sociales, étnicos o de otro tipo. Y, en consecuencia, tiene como objetivo destruirlas mediante la manipulación de diversas estrategias. Soros fue lector de Popper y uno de sus discípulos más virulentos. Su fundación lleva el título de la obra principal de Popper: The Open Society Foundation. La obra de disolución de los vínculos orgánicos en las sociedades y en los pueblos pasa por la financiación de un considerable número de proyectos como el de las Femen, los grupos defensores de los “derechos” LGTB, el Istanbul Pride, los programas de aprendizaje del Globish (inglés global) por todo el mundo, etc. Truyens señala que una simple visita a la web de la Open Society Foundation nos permite descubrir, por ejemplo (con fecha 15 de julio de 2018), un artículo sobre la necesidad de acoger al máximo de refugiados posible y otro artículo sobre el grave peligro en que consiste la islamofobia. Todo esto no es un “marxismo cultural”, más o menos extraído de los confusos escritos de la Escuela de Frankfurt o, más particularmente, de las tesis de Herbert Marcuse, que teleguían todas las iniciativas que hoy arruinan a los pueblos y las sociedades europeas occidentales; es un liberalismo que aboga por la apertura de todas las sociedades, apertura que, tiene por obvio resultado hacerlas implosionar, llevarlas a un estado de delicuescencia total.

Truyens considera que la elección de Emmanuel Macron es, sin duda, un efecto de la estrategia popperiana de Georges Soros. Macron no tenía un partido detrás, sino un movimiento de muy reciente constitución, puesto en marcha rápidamente según las tácticas aprobadas por la fundación que Soros había aplicado en otras partes del mundo. Tanto si Soros ha financiado como si no el movimiento “En marcha” de Macron, la política de éste, como la de Merkel y otros supuestos “líderes” europeos sigue una lógica Popper-sorosiana de disolución de los pueblos, sociedades y Estados en mayor medida que la lógica sesentayochista derivada de la Escuela de Frankfurt, instrumento que ahora consideran inadecuado porque podría tener los efectos contrarios a los esperados.

Truyens constata que esta lógica Popper-sorosiana ha contaminado a ciertas asociaciones etnistas y populistas, que juzgan que ya no se necesita una acción coordinada con el fin de cohesionar la ideología y la política, pues forman parte de un “pasadismo” que conviene rechazar, según los códigos preconizados por los Popper-sorosianos. El poder corrosivo del popperismo es más eficaz que el del “marxismo cultural” de los sesentayochistas de antaño, con la excepción, sin duda, de Cohn-Bendit, nuevo amigo de Verhofstadt, alineado con el popperismo que combatían los antiguos izquierdistas y los teóricos de la Escuela de Frankfurt.

El problema debe ser examinado en profundidad mediante un retorno a la teoría: recordemos que un debate tuvo lugar en los años 70 del siglo pasado entre los partidarios de la Escuela de Frankfurt y los discípulos de las tesis de Karl Popper. Izquierdismo y liberalismo popperianos se combatían entonces para acabar fusionándose dos décadas más tarde, dándose actualmente una progresiva preeminencia del popperismo fundado en los éxitos de Soros, bendecidos, por supuesto, por los Estados Unidos.

Las izquierdas y las derechas populistas deben forjar imperativamente, de forma común, un arsenal ideológico para combatir esta ideología dominante y opresiva. Las iniciativas de Chantal Mouffe, que se posiciona a la izquierda, pero que se refiere a Carl Schmitt, podrían servir de base a esta reconquista, lanzada a ambos lados del espectro político, los cuales ya no se opondrían ni en la lucha en las instituciones ni en el combate en las calles. A quien se opondrían sería al marasmo liberal, según una estrategia de convergencia elaborada en su tiempo por Roger Garaudy.

Traducción de Jesús Sebastián Lorente


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COMENTARIOS
lunes, 10 de septiembre de 2018

Popper y poppers.

Lo de la Open Society es como una ingesta de poppers.

# Publicado por: Derechón (Galapagar)
sábado, 8 de septiembre de 2018

error... o Verdad

Todas estas ideologías falsas: Marxismo, liberalismo, socialismo, modernismo, poperismo, etc, etc. Tienen en común que forman parte de una visión antropocéntrica del mundo. Difícil lo tenemos si queremos atacar el error, si no defendemos la verdad.

Para atacar los errores no hau de otra, o nos aferramos a la roca firme de las verdades católicas, o aceptamos el relativismo y todo vale, todas esas ideologías, que en el fondo sólo buscan esclavizar al hombre.


# Publicado por: Requiario (Madrid)
viernes, 7 de septiembre de 2018

Popper no es de fiar

Cuando al neoliberal Popper le preguntaron ´´¿Cómo una persona tan inteligente como usted pudo ser marxista alguna vez?´´ Contestó: ´´Pensaba que era obligatorio´´. Esto parece una respuesta ingeniosa, pero la verdad es que es una declaración de falta de pensamiento crítico, sobre todo si después se hizo neoliberal. Evolucionar del marxismo a la socialdemocracia o al corporativismo tiene sentido. Dar el salto del marxismo al neoliberalismo es una muestra de mentalidad papanatas (aunque hoy en día estamos viendo la conexión entre ambas ideologías) Él creía que ´´era obligatorio´´ ser marxista, y, sin duda, creyó que ´´era obligatoria´´ la ´´sociedad abierta´´. Por otro lado, después de su colaboración con el anglicano Nobel de Fisiología John C. Eccles, en un tocho como ´´El Yo y su cerebro´´ fue incapaz (al contrario que Eccles) de hacer una afirmación clara y valiente a favor de la existencia del alma y de Dios, manteniéndose siempre en un prudente agnosticismo.
Nadar y guardar la ropa.

# Publicado por: Derechón (Galapagar)
viernes, 7 de septiembre de 2018

Hay que ir más lejos

Ciertamente el duo Marx-Popper (ambos judíos) ha terminado por fusionarse en un magma propagandístico para mejor beneficio de magnates y ´´trans-todo´´ (transexualidad, transhumanismo, etc.). Sabemos ahora de la falsa y oscurantista pugna entre los de la Frankfurt y los ´´liberales popperianos´´. Eso era solo para despistar: un simulacro de vías alternativas en un sistema ´´pluralista´´. Pero a mi ver, hay que ir a los fundamentos de la Modernidad para hallar el origen de nuestros males, la falsa centralidad egoica, la arbitraria certeza, el desprecio por lo dado y creado y el voluntarismo desatado, están en la base de esta ´´noche sin fin´´ que vivimos.

# Publicado por: miguel (madrid)
viernes, 7 de septiembre de 2018

Comentario al texto de Steuckers

Difiero bastante con el autor con respecto a la iniciativa y la evaluación del popperismo como una alternativa contraria al marxismo cultural. Como ya lo han señalado muchos historiadores y biógrafos de Popper, a pesar de sus críticas al marxismo, en su juventud, Popper perteneció al partido comunista y militó en él antes de su desencanto antes de la Segunda Guerra Mundial. El liberalismo y el socialismo son en realidad dos brazos conjuntos de la revolución que buscan destruir la bella sociedad europea hasta sus cimientos. El liberalismo proclama el anarquismo, la sensualidad, el nihilismo puro y sin cortapisas que marcha en contra de la Naturaleza y de Dios. El socialismo se basa en el igualitarismo, el orgullo y la destrucción de las jerarquías, las diferencias y las culturas. Ambos aplanan el mundo y lo vuelven gris, feo y sin contenido. Intentar sacar del populismo, que Chantal Moffe hace un medio para instaurar el comunismo, me parece un grave error que corren todos estos movimientos identitarios y neopopulistas que terminaran favoreciendo a los amigos del sistema, como lo hicieron los descalabros políticos de los movimientos fascistas y nacional-socialistas del siglo XX.

# Publicado por: jgmail (Colombia)
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