''¿Le interesa este artículo?
¡A sus amigos también!
Mándeselo. (Click aquí.)''

Cerrar
 
Este website utiliza cookies propias y de terceros. Alguna de estas cookies sirven para realizar analíticas de visitas, otras para gestionar la publicidad y otras son necesarias para el correcto funcionamiento del sitio. Si continúa navegando o pulsa en aceptar, consideramos que acepta su uso. Puede obtener más información, o bien conocer cómo cambiar la configuración, en nuestra Política de cookies?
 Háganos su página de inicio

 Añadir a favoritos
  

    El Manifiesto. Periódico política y socialmente incorrecto

Hemeroteca 

Quiénes somos 

Contactar 
Martes, 23 de octubre de 2018 
  SECCIONES     REVISTA EN PAPEL El Manifiesto: Todos los números   Director: Javier R. Portella  
La idiotez del «lenguaje "inclusive"»
Ver más
Lo que somos. Lo que nos mueve

Javier R. Portella


SERTORIO
Los retos de VOX

ADRIANO ERRIGUEL
Deconstrucción de la izquierda posmoderna (V)

JAVIER R. PORTELLA
VOX, la voz y el huracán
Hazte amigo de elmanifiesto.com en Facebook
 Editar un libro
 Autoedición de libros
 Revistas Baratas
 Quiero publicar un libro
TRIBUNA
Popper, Soros y el nuevo orden mundial


George Soros ha llegado a la conclusión de que la sociedad abierta hoy debe ser entendida como sociedad amorfa. Carente de forma, carente de tradiciones, carente de identidad.
Antonio Martínez

1 de octubre de 2018
Comparte esta noticia en FacebookComparte esta noticia en TwitterAñadir a YahooRSS Imprimir esta noticia
Enviar a amigos
 Aumentar tamaño Disminuir tamaño Reestablecer tamaño  

ANTONIO MARTÍNEZ


El mundo está lleno de paradojas que nos dejan perplejos y muchas de las cuales se mueven en el ámbito intelectual. He aquí una que planteamos gustosos al lector: ¿Cómo puede ser que Karl Popper y su teoría de la sociedad abierta gocen de un respeto general, mientras que su discípulo George Soros, creador de la Open Society Foundation y que se gasta miles de millones de su bolsillo para impulsar esa sociedad abierta popperiana, se halle hoy tan denostado como astuto urdidor en la sombra de las más variadas tramas conspiranoicas?

La explicación se encuentra, desde luego, en las propias circunstancias históricas y personales de uno y otro. Popper nos inspira simpatía como defensor de la democracia, el pensamiento crítico y el liberalismo en los oscuros tiempos de la amenaza nazi (recordemos que La sociedad abierta y sus enemigos se escribió durante la Segunda Guerra Mundial y fue publicada en 1945). En cambio, el multimillonario Soros se hizo conocido por sus arriesgadas apuestas especulativas y provoca en el sujeto medio los mismos recelos que todos los capitalistas de casino y lobos de Wall Street en general. Por supuesto que ya esto solo resulta sumamente revelador.

Sin embargo, debe de haber también algo más, y para comprender qué es debemos sumergirnos en las corrientes milenarias de la filosofía occidental. Y es que, en realidad, lo que hizo el austríaco Karl Popper en 1945 fue reaccionar –contra Platón, contra Hegel, contra Marx– oponiéndose a todas las formas de sociedad cerrada, es decir, tribal, irracional, totalitaria, colectivista y articulada en torno al pensamiento mítico-mágico; en consecuencia, defendió la democracia liberal de Occidente y el examen crítico de todas las cuestiones –políticas, sociales, científicas–, tomando como modelo de racionalidad el ágora de la Atenas de Pericles. Lo que interesaba a Popper era encontrar, igual que una falsación –no ninguna “verificación”– de las teorías científicas, métodos de control democrático que impidiesen a los malos gobernantes hacer demasiado daño. La sociedad abierta que preconizaba se fijaba como meta preservar para los individuos, frente a las tentaciones organicistas de cualquier Estado autoritario, esa garantía racional y democrática que es condición sine qua non para salvaguardar su libertad.

Tales eran, como decimos, los limitados objetivos perseguidos, en su filosofía política, por Karl Popper. Ahora bien: ¿es también esto lo que preconiza e impulsa la Open Society de George Soros? A todas luces, no. Y es que de Popper a Soros han pasado muchas cosas. Entre ellas, la llegada, desde la década de 1970, de una posmodernidad que ha trabajado concienzudamente para deconstruir y disolver al sujeto occidental, ese ente con fecha de caducidad, según Michel Foucault. George Soros ha comprendido muy bien que la sociedad abierta popperiana se ha elevado hoy a un nuevo nivel de significación. Ya no se trata sólo de proteger la democracia contra la dictadura, al individuo frente a la tribu, la tolerancia contra la intolerancia. En nuestro tiempo, la batalla se libra en un plano mucho más profundo; y, en ese plano, la mente a la vez lúcida e inquietante de Soros ha comprendido que se impone, como exigencia histórica de nuestro tiempo, una disolución universal de todas las rigideces, de todos los contornos nítidos, de todas las esencias y de cualquier rastro de identidad.

En la controversia milenaria entre Heráclito y Parménides, podríamos decir que el archicapitalista Soros ha optado, sin ambages y apostándolo todo, por el primero. Ya en la década de 1990, en la disputa entre el posmoderno Richard Rorty y Umberto Eco, Rorty defendía una visión totalmente heracliteana y sofística del mundo –todo se mueve, todo es interpretable, no existe ninguna esencia fija ni en las cosas ni en los individuos–, mientras que el agnóstico Eco, honrando por una vez su formación de medievalista, reclamaba con energía los fueros de Parménides –no toda interpretación es válida, hay líneas rojas que intelectualmente no es lícito cruzar–. Pues bien: George Soros, alineándose con Rorty y con Foucault, ha llegado a la conclusión de que la sociedad abierta hoy debe ser entendida como sociedad amorfa. Carente de forma, carente de tradiciones, carente de identidad. Con unos individuos desarraigados de su historia y de toda religión –de modo eminente, del cristianismo–. Y ello como condición necesaria para el advenimiento de la Utopía definitiva: la implantación del Estado Global y del Nuevo Orden Mundial bajo unas premisas absolutamente neoliberales. Y no tanto para que el sistema financiero y las nuevas megacorporaciones digitales ganen aún más dinero –que también– cuanto para implantar un nuevo modelo social y nada menos que una nueva forma de entender al ser humano y el mundo.

Entendido lo anterior, se comprende fácilmente que, en el fondo, Soros pretende ir mucho más allá que Popper y, en realidad, en una dirección –no muy sutilmente totalitaria– que el propio Popper deploraría. Como es bien sabido, la Open Society Foundation de Soros trabaja contra Putin y contra el gobierno del húngaro Viktor Orban, a la vez que, en Europa occidental, financia a las feministas radicales de Femen y a movimientos LGTB y apoya la legalización del cannabis, el aborto, el matrimonio homosexual, la inmigración musulmana y la acogida de refugiados, la ideología de género, el inglés como lengua global, el animalismo, la interacción –también sexual– entre hombre y robot, la renta básica universal y la supresión del dinero físico. Todo ello como parte de la agenda globalista del Nuevo Orden Mundial, que busca debilitar y fragmentar Europa (no en vano, las fundaciones de Soros apoyan la independencia de Cataluña, dentro de una más amplia estrategia de balcanización de Europa), igual que hace unos años impulsaron la llamada Primavera Árabe y el Euromaidán en Ucrania. Se trata de un ambicioso proyecto de ingeniería social cuya estrategia, paciente, consiste en un avance progresivo, paso a paso.

Ahora bien: para ser sinceros, lo que persigue Soros no se encuentra muy lejos de lo que considera lógico y razonable el ciudadano europeo medio progresista de nuestros días. Con lo cual, podríamos preguntarnos si George Soros, perejil de todas las salsas conspiranoicas –incluidas las de naturaleza reptiliana–, hace otra cosa que dar un enérgico empujón financiero a lo que, de todos modos, ya deseaba, consciente o inconscientemente, el Zeitgeist tanático del Occidente contemporáneo. Llegado el “fin de la historia” según el clásico diagnóstico de Francis Fukuyama, Occidente, para triunfar del todo, tiene que canibalizarse a sí mismo; dicho de otro modo, tiene que autodisolverse en un paradójico harakiri. Lo cual, por cierto, conecta de un modo muy significativo tanto con las políticas y la línea teológica del polémico papa Francisco dentro de la Iglesia Católica como con el actual éxito de un ensayo como Homo Deus, del ateo, homosexual, vegano, animalista y posthumanista autor israelí Yuval Noah Harari.

Existen momentos catárticos en los que la historia se acelera de una manera paroxística; y, sin duda alguna, hoy nos encontramos en uno de ellos. George Soros, de acuerdo con la mentalidad del occidental standard contemporáneo, nos aproxima al Estado Mundial y al mundo feliz profetizado en su día por Aldous Huxley. Todo ello, por cierto, contra la voluntad originaria de su maestro Karl Popper, que sólo proponía un sistema ilustrado de garantías democráticas frente a todas las formas de tribalismo. E incluso, seguramente, contra los deseos de Friedrich Hayek, colega de Popper en la London School of Economics que tanto celebró la idea popperiana de una sociedad abierta, basada en esa libertad del individuo que ahora Soros, llevando la pulsión individualista hasta sus últimos extremos, en realidad propone destruir.

Aunque, en el fondo, también Popper tiene su propio pecado original. Sobre todo, al oponer su sociedad abierta a las sociedades cerradas en una lógica dicotómica de aut-aut que ignora la sabiduría del término medio aristotélico. Y es que hay otro camino: Heráclito y Parménides fifty-fifty. Porque necesitamos libertad, pero también necesitamos vínculos y tradiciones. No es honrado presentarnos una oposición dramática e insuperable para luego endilgarnos una opción –la sociedad abierta– que termina implicando nuestro propio suicidio.

Atrevámonos a explorar, pues, otras vías. La Europa milenaria se lo merece.


¿Te ha gustado el artículo?
Su publicación ha sido posible gracias a la contribución generosa de nuestros lectores. Súmate también a ellos. ¡Une tu voz a El Manifiesto! Tu contribución, por mínima que sea, dará alas a la libertad.
Aportar
¿Te ha gustado el artículo?
¡Dilo en tus redes sociales! ¡Ayuda a promover El Manifiesto!

Comparte esta noticia en Facebook  Comparte esta noticia en Twitter  
  Enviar a Meneamé


COMENTARIOS
lunes, 1 de octubre de 2018

Ayn Rand contra Soros

Ni a los llamados ´´objetivistas´´ (los fans de Ayn Rand), les gusta mucho la Alt Right (vean a Ben Shapiro), ni a los altrighters les parece Ayn Rand muy compatible con su credo (vean a Richard Spencer) Sin embargo, la filósofa que le dio al capitalismo una ética, una estética y una épica, ¿dónde estaría hoy? ¿con Soros? Seguro que no.. El héroe randiano es individualista y procapitalista hasta la médula, pero es un hombre eminentemente europeo (o eurodescendiente). Es portador de valores eternos aristotélicos, lockeanos, byroneanos, emersonianos y nierzschanos. Es un héroe muy masculino (tan masculino como era la virago Rand), y está pleno del espíritu fáustico que describe Spengler. Por tanto, se encuentra en las antípodas del ´´homo amorphus´´ de Soros, y, por supuesto, del afeminado que enseña el culo en una carroza de la Cenicienta aguardando una subvención estatal. El hombre randiano es espartano-franciscano (como Gary Cooper en ´´El manantial´´) aunque el tipo de sociedad teóricamente más favorable a él es la ateniense-laica.
Ayn Rand hoy estaría en la AltRight y pondría en la picota a Soros y sus secuaces.

# Publicado por: Derechón (Madrid)
lunes, 1 de octubre de 2018

DEMOCRACIA FORMAL

El artículo da vueltas sobre todas las tonterías de moda. El objetivo es una democracia formal, unas reglas del juego, una constitución redactada por la sociedad civil a través de sus representantes elegidos uninominalmente en distrito único. Esto es, devolver a la nación lo que ha secuestrado el estado de partidos.

# Publicado por: el Blues (Madriz)
  AÑADIR UN COMENTARIO  
  Nombre:  
  Localidad:  
  E-mail (*):  
  Clave (*):
Para mandar comentarios, es necesario estar registrado, si no lo está pulse aquí
Si ha olvidado su clave, pulse aquí
 
  Titulo:  
  Comentario:
* La extensión máxima de los comentarios es de 1.500 caracteres. La página está destinada a efectuar comentarios puntuales y no a desarrollar largos artículos que nadie ha solicitado.
 
 
Por favor rellene el siguiente campo con las letras y números que aparecen en la imagen de su izquierda
 
  * El e-mail nunca será visible  
      
  CLÁUSULA DE EXENCIÓN DE RESPONSABILIDAD
Los comentarios del website Elmanifiesto.com tienen caracter divulgativo e informativo y pretenden poner a disposición de cualquier persona la posibilidad de dar su opinión sobre las noticias y los reportajes publicados. No obstante, es preciso puntualizar lo siguiente:
Todos los comentarios publicados pueden ser revisados por el equipo de redacción de Elmanifiesto.com y podrán ser modificados, entre otros, errores gramaticales y ortográficos. Todos los comentarios inapropiados, obscenos o insultantes serán eliminados.
Elmanifiesto.com declina toda responsabilidad respecto a los comentarios publicados.
 
Otros artículos de Antonio Martínez
Una madre contra Mortadelo
¿El Valle no se toca?
La Manada, nuestra piedra de toque
¿Tienen futuro los periódicos de papel?
El cine de mi niñez
¿Es posible un "Islam de Francia"?
España en el laberinto
Cataluña en el diván
El ajedrez en la escuela
Los desmanes del "pedagogismo"
El demonio de Piketty
El misterio de la entropía académica
¿Igualitarios nuestros tiempos? ¡Por favor!…
¿Tiene Albert Rivera una "eminencia gris"?
¿Por qué están tan mal nuestros alumnos?
¿Qué le queda a España?
Piropos en Nueva York
REQUIEM POR "INFORME SEMANAL"
¿Adiós a la Historia de la Filosofía?
¿Tienen futuro nuestras librerías?
Nuestro tiempo, los actos ejemplares y la muerte de Dominique Venner
¿Debe el mundo "hacerse más pequeño"?
Vivir en los árboles
Por qué la comunicación no basta
Un Bachillerato clásico del siglo XXI
¿A favor o en contra de Las Vegas?
¿Un nuevo horario en el instituto?
¿Neutrinos más rápidos que la luz?
¿Por qué la simpatía entre Franco y Dalí?
¿Qué está pasando realmente en Europa?
¿Necesita Europa un nuevo doctor Mabuse?
¿Deben las baloncestistas usar un atuendo "sexy"?
Lo que nuestros alumnos saben de Rusia
Viena fin de siglo, ¿paraíso perdido?
El mundo celta dentro de la Europa de las regiones
Europa, capital París
¡La hortografia no es kosa del puevlo!
¿Hay que volver a Stonehenge?
La Coca-Cola, ¿bebida sagrada de nuestro tiempo?
¿Sería mejor un mundo sin ovnis?
Zapatero, el orgullo infinito
¿Hay que volver a las viejas enciclopedias?
Empieza otro curso en el instituto
¿Hay demasiada gente sobre la Tierra?
¿Qué significa el mito de la Tierra Hueca?
René Guénon, ¿profeta de nuestro tiempo?
El toro, Cataluña y el alma de España
España en la hora de la verdad
¿Qué debemos hacer con el velo islámico?
¿Por qué nos fascina la interconexión global?
Darse de baja del boletín
Ir a Portada
Páginas culturales
Lejos de Itaca
Venezolanos
José Vicente Pascual
1 EMMA NOGUEIRO
Tenemos que hablar de muchas cosas: "Yo no quiero más luz que tu cuerpo ante el mío"
2 ADRIANO ERRIGUEL
Deconstrucción de la izquierda posmoderna (V)
3 JAVIER R. PORTELLA
Vuelve el alcalde de Móstoles
4 JOSÉ GARCÍA DOMÍNGUEZ
Los ´fachas´ de VOX y el Banco Mundial
5 PIERRE FOUQUES
Italia: el asombroso abrazo de dos populismos



Revistas Baratas


http://www.elmanifiesto.com | Aviso Legal | Política de Privacidad | Política de Cookies | Quiénes somos | Contactar |