''¿Le interesa este artículo?
¡A sus amigos también!
Mándeselo. (Click aquí.)''

Cerrar
 
Este website utiliza cookies propias y de terceros. Alguna de estas cookies sirven para realizar analíticas de visitas, otras para gestionar la publicidad y otras son necesarias para el correcto funcionamiento del sitio. Si continúa navegando o pulsa en aceptar, consideramos que acepta su uso. Puede obtener más información, o bien conocer cómo cambiar la configuración, en nuestra Política de cookies?
 Háganos su página de inicio

 Añadir a favoritos
  

    El Manifiesto. Periódico política y socialmente incorrecto

Hemeroteca 

Quiénes somos 

Contactar 
Viernes, 17 de noviembre de 2017 
  SECCIONES     REVISTA EN PAPEL El Manifiesto: Todos los números   Director: Javier R. Portella  
Encuentro de Puigdemont con los flamencos de Bruselas
Ver más
Lo que somos. Lo que nos mueve

Javier R. Portella


SERTORIO
La era Trump

JAVIER R. PORTELLA
¿Perder las próximas elecciones? Nada perderían Rajoy y los suyos

ALAIN DE BENOIST
¡Sí a la autonomía, no al independentismo!

JESÚS LAÍNZ
¿Está Carles? Que se ponga

JOSÉ VICENTE PASCUAL
¿Cultura? ¿Eso qué es?
Hazte amigo de elmanifiesto.com en Facebook
 Editar un libro
 Autoedición de libros
 Revistas Baratas
 Quiero publicar un libro
TRIBUNA
Las garras del Anticristo

Aquilino Duque

17 de septiembre de 2007
Comparte esta noticia en FacebookComparte esta noticia en TwitterAñadir a YahooRSS Imprimir esta noticia
Enviar a amigos

Una de las consecuencias del Concilio Vaticano II fue la condena por la Iglesia de la confesionalidad del Estado. No sabría decir si esa condena fue tácita o explícita; lo que sí me consta es que la Iglesia daría en sentirse tan culpable de ella que en más de una ocasión daría a entender que Constantino con su conversión le había hecho más daño que Nerón y Diocleciano con sus persecuciones.
 
En épocas menos remotas históricamente, la Iglesia no tenía más remedio que reconocer que dos dictadores como Mussolini y Franco se habían portado con ella algo mejor que los liberales del Risorgimento o los demócratas de la segunda República.   Sin embargo, en los tiempos que corrían, los beneficios recibidos de esos regímenes autoritarios habían llegado a ser para la Iglesia un fardo insoportable. Hay en El Gatopardo del Príncipe de Lampedusa un diálogo bastante esclarecedor a este respecto entre el Príncipe de Salina y su capellán el P. Pirrone a propósito del cambio de régimen que sigue en Sicilia al desembarco de Garibaldi. Por fortuna, en nuestro tiempo tuvo que ser un Papa “venido del frío” y que tenía del totalitarismo una idea más real que la llamada intelligentsia, el que empezó a poner coto a un ambiente eclesial que por lo pronto daba vía libre, por no decir que coadyuvaba, a la descristianización de las masas.
 
No falta algún teólogo que, tras deplorar de boquillas las buenas relaciones con Franco de la Iglesia preconciliar, haga con toda precisión el diagnóstico de esa descristianización, de ese alejamiento, de esa enajenación del pueblo de Dios, paralelo de su desnacionalización, de su extrañamiento de la patria. Al concluir la segunda Guerra Mundial, Croce nada menos llegó a decir que quien había ganado la guerra era el Anticristo. En nuestra patria, los jesuitas harían bueno el remoquete que les aplicara el dominico Melchor Cano de “las garras del Anticristo”, hasta el punto de acoger al sagrado de Loyola en más de una ocasión a los peores enemigos de Dios y de España. Nunca en cambio llegaría a esos extremos el P. Theilhard de Chardin, pero sus obras serían las que en unión de las de Marx y las de Rahner, otro jesuita, permitirían a las mentes más ávidas de renovación y aggiornamento la apertura de la Iglesia a la Modernidad. De hecho fueron algunas obras de Rahner, y en particular su Lexikon für Theologie und Kirche, la fuente doctrinal más importante del Concilio, una de cuyas consecuencias fue el llamado “diálogo de cristianos y marxistas”, correlato intelectual de la Ostpolitik y de la Coexistencia Pacífica.
 
Un amigo mío, el poeta José Luis Tejada, solía decir que sí, que la filosofía era, como querían los escolásticos, la ancilla theologiae, la criada de la teología, pero una criada que había salido respondona, y yo me malicio que de tanto aguantar desplantes del servicio doméstico, la teología acabaría por degenerar en antropología. Yo tuve ocasión de tratar de cerca a los jesuitas de Innsbruck en una de las reuniones anuales de COV&R, sobre el tema de la violencia y la religión a la luz sobre todo del pensamiento de René Girard. Fue en Graz y sobre la violencia y la religión en el cine y yo llevé una ponencia más bien elegíaca de los valores humanos que se propugnaban en festivales como el de Valladolid en los tiempos en que el Estado era confesional. Cuál no sería mi sorpresa al comprobar en los coloquios subsiguientes que quienes más conformes estaban con mis tesis eran luteranos y metodistas y quienes más las rechazaban los jesuitas de Innsbruck. Uno de ellos me llegó a decir, al elogiar yo la película El festín de Babette, que él les recomendaba a sus alumnos como antídoto de esa cinta nada menos que Viridiana.
 
La evolución de la teología tenía por fuerza que repercutir en los planes de estudio de los seminarios. El propio Olegario González de Cardedal señala que en los primeros decenios del siglo XX el manual por el que se estudiaba en los seminarios era las Institutiones Theologiae Dogmaticae justamente de un profesor de Innsbruck, Ludwig Lercher S.J. A esta obra sucedería otra escrita por jesuitas españoles: la Sacrae Theologiae Summa. Estos manuales, más los de cada profesor de la Gregoriana, serían la base de formación del sacerdocio español hasta 1965. Desde ese momento, deja de estudiarse por esas obras, de las que parte Rahner en sus escritos, en los que “a ellas se refiere y con ellas se confronta”, y vienen las promociones de seminaristas “que vivieron a merced de apuntes, fotocopias, estudios particulares con pretensión de genialidad y capacidad revolucionaria bien de orientación piadoso-intimista, bien social-política. En ese momento – concluye Cardedal – comienza el desfondamiento intelectual de la Iglesia española.”  
 
No hay que asombrarse de que esa Iglesia intelectualmente desfondada se volviera ferozmente anticonstantiniana.

¿Te ha gustado el artículo?
¡Dilo en tus redes sociales! ¡Ayuda a promover El Manifiesto!

Comparte esta noticia en Facebook  Comparte esta noticia en Twitter  
  Enviar a Meneamé


Otros artículos de Aquilino Duque
Crisis general y mitología política
Se ipsa torquens
Una teoría de Castilla
Del imperio de la ley a la república de la trampa
El Trágala: los liberales y la derecha
Guitarra de mesón, música y letra
El Planeta de los Simios
Juan Luis Calleja, en las manos de Dios
Los vascos, la Hispanidad y el verdadero origen de la ikurriña
Una aventura militar

La abogada de Satanás

Demócrata-cristianos y martirologio
La derecha como abogada de Satanás
La política del sentido común
Tejero y Calvo Sotelo: dos personajes para René Girard
Género lírico contra política de género
Más sobre Romero Murube y la amistad
Romero Murube, I
Criminología
Carmen Gippini, la madre de Enrique Sotomayor
La jerarquía y el caos
Raíz y decoro del toreo
La defensión del pueblo
Regeneración y Constitución
Tanatofilia
Tensión electoral
Federicomplejines
Reflexiones cuaresmales
A golpe de comicios
Al hilo de los Mundiales de fútbol
Un terrestre en Marte
Los Cuadernos de Rusia de Dionisio Ridruejo
Los agujeros de la democracia
Obediencia o colaboración
Pemán en su tiempo y el nuestro
Poesía sefardita: Juan Gelman
"Tiempo de Manolete"
El placer
Maestros de juventudes: Dionisio, Aranguren, Rosales
Triunfalismo y derrotismo
Quince codazos: a propósito de un libro de Miguel D’Ors
Bienvenida andaluza a un hombre de Castilla: Delibes
Lenguajes
Con Z de Zorrapastro
“Corazón”, Marco y la Institución Libre de Enseñanza
España: burricie y xenofobia
Guerra de símbolos
Épica sevillista: el Ángel Volador
Liberalismo retroactivo
La historia virtual
Darse de baja del boletín
Ir a Portada
Páginas culturales
1 SERTORIO
Los hackers
2 MARÍA ELVIRA ROCA BAREA
Lo de Cataluña: una versión renovada de la Leyenda Negra
3 JAVIER R. PORTELLA
¿Perder las próximas elecciones? Nada perderían Rajoy y los suyos
4 SERTORIO
Gary Snyder: "La mente salvaje"
5 SERTORIO
La era Trump



Revistas Baratas


http://www.elmanifiesto.com | Aviso Legal | Política de Privacidad | Quiénes somos | Contactar |