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El error Kirchner: una derrota innecesaria

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ALBERTO BUELA/BUENOS AIRES
 
Es fácil hablar después que el sol se puso, pero la filosofía, como el búho de Minerva, sale a volar a esa hora. No es una actividad de adivinos ni de horoscoperos, sino siempre, en su uso sano, se ocupa de lo que es. Pero y sólo recién a partir de allí -de la realidad- intenta barruntar lo que puede ser.
 
La derrota, primero en las calles, creando un acto paralelo hace dos días, que le salió como la mona, pues la gente del campo lo triplicó en asistencia. Un acto lanzado como presidente del Partido Justicialista cuyo palco estaba cubierto con gente de saco y corbata, más propia del funcionario público que de peronista, mientras que "los descamisados" estaban en el palco del campo. Un acto sin alegría y donde los oradores previos a él hablaron por compromiso y sin convicción.
 
Y en segundo lugar, hoy por la madrugada, el Senado le votó en contra el proyecto de ley de retenciones móviles a las exportaciones de granos.
 
¿Cuál es la causa de esta derrota doble? Un error gravísimo de conducción política, más allá de las fallas morales como son la prepotencia, el mal carácter y el orgullo.
 
Kirchner se equivocó dos veces seguidas. Cometió, por un problema seguramente de falta de formación política (a Perón lo leen anecdóticamente), dos fallos garrafales. Primero: valoró o estimó mal las fuerzas del enemigo (la oligarquía ganadera ¿?), y segundo: estimó mal las fuerzas propias (los senadores, cuando no hay un proyecto político que los contenga, pertenecen a la Nación).
 
Fue una derrota innecesaria porque existieron varios momentos, en esta disputa de cuatro meses de duración, en donde Kirchner como conductor pudo haber mostrado cintura política y llegar a una solución negociada. No fue así, se encaprichó en una decisión inamovible que lo llevó a una derrota que bien se podría haber evitado.
 
Esto deja dos consecuencias principales:
 
a) Arrastra al gobierno de su mujer, Cristina Fernández, que para seguir vivo tiene que cambiar, o mejor aún, crear una estrategia propia y
b) profundiza el desprestigio del peronismo fabricando más gorilas en la sociedad.
 
Respecto del primer punto, lo más lógico es que Cristina Fernández reacomode su gabinete gubernamental y considere que los ministros heredados de su marido, siguen siendo de su marido y no de ella.
 
Y en cuanto al segundo punto, es dable notar que en este último mes, a partir de su asunción como presidente del Partido Justicialista, Kirchner ha producido más antiperonismo que conversos. Los otros 70 miembros del Consejo del Partido deberían tomar nota de este dato irrecusable, pues lo lleva a la ruina.

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