''¿Le interesa este artículo?
¡A sus amigos también!
Mándeselo. (Click aquí.)''

Cerrar
 
Este website utiliza cookies propias y de terceros. Alguna de estas cookies sirven para realizar analíticas de visitas, otras para gestionar la publicidad y otras son necesarias para el correcto funcionamiento del sitio. Si continúa navegando o pulsa en aceptar, consideramos que acepta su uso. Puede obtener más información, o bien conocer cómo cambiar la configuración, en nuestra Política de cookies?
 Háganos su página de inicio

 Añadir a favoritos
  

    El Manifiesto. Periódico política y socialmente incorrecto

Hemeroteca 

Quiénes somos 

Contactar 
Miércoles, 20 de septiembre de 2017 
  SECCIONES     REVISTA EN PAPEL El Manifiesto: Todos los números   Director: Javier R. Portella  
Desventuras sufridas por un progre solidario
Ver más
Lo que somos. Lo que nos mueve

Javier Ruiz Portella


SERTORIO
A degüello


JOSÉ JAVIER ESPARZA
Nunca hubo genocidio español en América

FRANCISCO NÚÑEZ ROLDÁN
Elogio de Polonia
Hazte amigo de elmanifiesto.com en Facebook
 Editar un libro
 Autoedición de libros
 Revistas Baratas
 Quiero publicar un libro
TRIBUNA
También hay ejemplos de héroes no-europeos

Mishima o la redención por la muerte

Jesús J. Sebastián

19 de noviembre de 2010
Comparte esta noticia en FacebookComparte esta noticia en TwitterAñadir a YahooRSS Imprimir esta noticia
Enviar a amigos

JESÚS J. SEBASTIÁN

Hace 40 años. Aquel día, 25 de noviembre de 1970, cuando en España las turbulencias desatadas por el proceso de Burgos apenas dejaban espacio para noticias de otro tipo que no fueran las relacionadas con el orden público, Yukio Mishima, el último samurai, se suicidaba, por el ritual del harakiri (exactamente el sepukku), en la base militar de Ichigaya (Tokio), tras dirigir un inflamado discurso identitario a la desconcertada tropa. Sirva este breve artículo en su homenaje, al tiempo que recordamos la colaboración de Juan Pablo Vitali titulada “Mishima, o el trágico heroísmo de la antimodernidad “ en este periódico digital.
 
Mishima era un tipo sumamente extravagante de cara al exterior, famoso escritor, candidato al Premio Nobel de Literatura, consumado atleta, exhicionista empedernido, director teatral, actor de cine, teatro, televisión y cabaret, estudios de la tradición imperial nipona, coleccionista de espadas samurais, lo mismo besaba a un travesti en un conocido tugurio como demanda a una revista por publicar una foto en la que parecía menos hercúleo, para acto seguido cumplir perfectamente con sus deberes de padre de familia. Compartía una mezcla explosiva: participaba en la vida cotidiana repleta de excentricidades, manteniendo una sólida y tradicional visión del mundo. Algo que parece imposible. Y su obra, como siempre, sigue siendo, en gran parte, desconocida en nuestro país.
 
Pero una duda asalta nuestra mente. ¿Fue el suicidio de Mishima un acto casual de demencia, de fanatismo japonés, de exhibicionismo ególatra, o fue la conclusión lógica de una línea vital que sólo podía obtener la redención por el honor, la sangre y la muerte? Recordemos cómo un buen número de intelectuales alemanes tomó la vía del suicidio durante la República de Weimar en el período de entreguerras.
 
La primera tentativa de suicidio se remonta a los últimos años de la segunda guerra mundial, cuando era totalmente desconocido, enrolado voluntario en las escuadrillas de kamikazes. El virus de la gripe evitó que Mishima se estrellase contra algún navío de guerra americano, para morir por el emperador. Aquel hecho frustró su fervor nipón-imperial de tal forma que, a partir de ese momento, su vida y su obra van a estar repletas de evocaciones a la muerte.
 
Obsesionado por recuperar la tradición nipona en base a un romántico imperialismo, creó el Take-no-kai (Sociedad del Escudo) para proteger a Japón y a su emperador de la embestida occidental. Mishima pensó en sacrificar a su medio centenar de hombres luchando contra el Zenkaguren (movimiento ultraizquierdista), pero la disolución en 1969 de una violenta manifestación por la policía sin producir una sola víctima le hicieron cambiar de idea. El acto final heroico-trágico debía ser necesariamente otro.
 
 Ya en su primer libro (“Confesiones de una máscara”), expresaba su atracción por la muerte: “La idea de mi propia muerte me estremecía con extraño deletite. Me sentía dueño del mundo”. Varios de los protagonistas de sus novelas acaban haciéndose el harakiri. El mismo Mishima interpretó su propia muerte en la película “El rito del amor y de la muerte”, en una escenificación perfecta de lo que luego sería su suicidio ritual. Dos semanas antes del trágico final, Mishima organizó una exposición en homenaje a sus obras, sus fotografías, y en un puesto central y privilegiado … su espada de samurai, la misma que después penetraría en su cuerpo oriental.
 
La vida y personalidad de Mishima sigue levantando odios y pasiones entre críticos, intelectuales y políticos. De cualquier forma, el último samurai inspiró a toda una joven generación (ya no tan joven, próxima a la edad media), no sólo de japoneses, sino también de europeos. No puede pedírsele más a un hombre que “tuvo el placer de morir”.

¿Te ha gustado el artículo?
¡Dilo en tus redes sociales! ¡Ayuda a promover El Manifiesto!

Comparte esta noticia en Facebook  Comparte esta noticia en Twitter  
  Enviar a Meneamé


COMENTARIOS
jueves, 25 de noviembre de 2010

El sol y el acero

Gracias estimado Jesús por recordar aquel artículo mío sobre Mishima.
Sólo comprende el acero, quien no sólo abraza los símbolos de la acción sino la acción misma. Finalmente el símbolo y la acción se confundieron en la sangre creadora de Mishima. Un día esa sangre volverá por sus fueros. Sepukku no es suicidio, sino disolverse en el viento divino de una tradición inmortal.

# Publicado por: Juan Pablo Vitali (Buenos Aires)
sábado, 20 de noviembre de 2010

¿Y su cabeza?

Lo supe algún día pero no lo recuerdo: ¿Quien fue la persona que le cortó la cabeza como final del ritual ´´sepukku´´, y qué relación le unía a Mishima?.
Es inútil, en mi opinión, tratar de comprender en su compleja totalidad, desde fuera de la cultura japonesa, el fenómeno Mishima. En la excepcional semblanza que hace Jesús J. Sebastián en su texto breve y preciso, vemos muy bien al ´´personaje´´. A él seguramente le bastaría en cuanto narcisista de exhibición. A uno no tanto, porque sin duda Mishima, en su extraordinaria calidad literaria, sobrepasa de lejos el muñeco de feria que fue payaso y ultranacionalista delirante. Honremos su memoria en toda la espectacular grandeza y miseria de la persona que fue en vida.

# Publicado por: Pedro María Górriz (Berango, Vizcaya)
  AÑADIR UN COMENTARIO  
  Nombre:  
  Localidad:  
  E-mail (*):  
  Clave (*):
Para mandar comentarios, es necesario estar registrado, si no lo está pulse aquí
Si ha olvidado su clave, pulse aquí
 
  Titulo:  
  Comentario:
* La extensión máxima de los comentarios es de 1.500 caracteres. La página está destinada a efectuar comentarios puntuales y no a desarrollar largos artículos que nadie ha solicitado.
 
 
Por favor rellene el siguiente campo con las letras y números que aparecen en la imagen de su izquierda
 
  * El e-mail nunca será visible  
      
  CLÁUSULA DE EXENCIÓN DE RESPONSABILIDAD
Los comentarios del website Elmanifiesto.com tienen caracter divulgativo e informativo y pretenden poner a disposición de cualquier persona la posibilidad de dar su opinión sobre las noticias y los reportajes publicados. No obstante, es preciso puntualizar lo siguiente:
Todos los comentarios publicados pueden ser revisados por el equipo de redacción de Elmanifiesto.com y podrán ser modificados, entre otros, errores gramaticales y ortográficos. Todos los comentarios inapropiados, obscenos o insultantes serán eliminados.
Elmanifiesto.com declina toda responsabilidad respecto a los comentarios publicados.
 
Otros artículos de Jesús J. Sebastián
Contra "Occidente"
Liberalismo: las cuatro caras del enemigo (y II)
Liberalismo: las cuatro caras del enemigo (I)
La agenda oculta de la globalización
La(s) Nueva(s) Derecha(s) y el movimiento identitario (y II)
La(s) Nueva(s) Derecha(s) y el movimiento identitario (I)
El laberinto de la identidad europea
El enigma Georges Sorel
El «pensamiento ambidiestro»
Hacia el Imperio interior
La revolución biotecnológica
Arqueología del fascismo
El enemigo americano
El Mito Indoeuropeo
El reverso del comunitarismo
¿Ciudadanos o átomos?
Contra el mundialismo neoliberal
¿Un antirracismo diferencialista?
¿Qué Nación?
¿Demos contra Aristos?
Homo agonalis
El sexo de los ángeles
Elogio de la disidencia
¿Para cuándo una economía alternativa?
El dilema igualitarismo / anti-igualitarismo
El TTIP: amenaza neoliberal
La soberanía digital
El fin de la soberanía
Verstrynge: o la misteriosa deriva de un náufrago político
Contra Occidente
Ortega y la catástrofe regeneradora del 14
Un relato sobre la «Nouvelle Droite» y el «Front National»
¿Una Europa alemana?
Ramiro de Maeztu
Alain de Benoist en español
España, ¿federación o autodeterminación?
Carl Schmitt, ¿otra corriente de la Revolución Conservadora?
La fascinante experiencia de la Revolución Conservadora alemana (1919-1932)
La crisis de la modernidad en España
El principio aristocrático en Ortega y Gasset
El eterno retorno al mito nacional europeo
Pío Baroja, una antropología del dolor
El Manifiesto de Unamuno contra las dos Españas
Ortega: Europa y la Revolución Conservadora alemana
Los gitanos, ¿un problema hindu-europeo?
El inasible concepto de raza (y II)
El inasible concepto de raza (I)
Darwin: evolucionismo o creacionismo
Conservadurismo revolucionario
frente a neoconservadurismo
El orden de las castas
Darse de baja del boletín
Ir a Portada
Páginas culturales
1 SERTORIO
Palabras
2 JAVIER R. PORTELLA
La paradoja de la Cataluña identitaria y… nihilista
3 Retorno sentimental de un catalán a Gerona
4 JESÚS J. SEBASTIÁN
Contra "Occidente"
5 El pueblo moral



Revistas Baratas


http://www.elmanifiesto.com | Aviso Legal | Política de Privacidad | Quiénes somos | Contactar |