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    El Manifiesto. Periódico política y socialmente incorrecto

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Así fue en los siglos XVI y XVII

Hubo más europeos esclavizados por los musulmanes que esclavos negros enviados a América


"¿Hay moros en la costa?", decimos todavía hoy para significar la presencia de alguien no particularmente grato. ¿Saben por qué? Agárrense bien, lean este artículo y lo sabrán.
elmanifiesto.com

29 de junio de 2016
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¡Quién lo había de decir! La trata de esclavos, esa infamia que, según musulmanes, africanos y europeos etnomasoquistas, constituye la mayor lacra de Europa, ahora resulta que fue ampliamente superada, al menos en los siglos XVI y XVII, por la cometida contra los nuestros por parte del islam. Es cierto, es cierto: el “tú más” no justifica nada. La trata de esclavos negros fue una indignidad tan aborrecible como injustificable. Pero hay una pequeña diferencia: nosotros la reconocemos y deploramos (hoy en día hasta exagerando los zurriagazos). Ellos, en cambio —el mundo musulmán—, no reconoce ni deplora nada. Hay otra diferencia además: cuando nos querían arrebatar a los nuestros, los europeos combatimos todo lo que pudimos al enemigo (y así se produjo la victoria de Lepanto, y así tuvo lugar la expulsión de los moriscos, que colaboraban en las razias). Y cuando capturaban a los blancos, los padres terciarios y mercedarios intentaban rescatarlos. Nada de todo ello existió nunca en África.
Pero pasemos a ver lo que nos cuenta el profesor norteamericano Robert C. Davis.
Los historiadores estadounidenses han estudiado todos los aspectos de la esclavización de los africanos por parte de los blancos, pero han ignorado en gran medida la esclavitud de los blancos por parte de los africanos del Norte. Christian Slaves, Muslim Masters [Esclavos cristianos, amos musulmanes][1] es un libro cuidadosamente documentado y escrito con claridad sobre lo que el profesor Davis denomina "la otra esclavitud", que floreció durante aproximadamente la misma época que el tráfico transatlántico de esclavos y que devastó a cientos de comunidades costeras europeas. En la mente de los blancos de hoy, la esclavitud no juega en absoluto el papel central que tiene entre los negros. Y, sin embargo, no se trató ni de un problema de corta duración ni de algo carente de importancia. La historia de la esclavitud en el Mediterráneo es, de hecho, tan siniestra como las descripciones más tendenciosas de la esclavitud americana.
Un comercio al por mayor
La costa de Berbería, que se extiende desde Marruecos hasta la actual Libia, fue el hogar de una próspera industria del secuestro de seres humanos desde 1500 hasta aproximadamente 1800. Las principales capitales esclavistas eran Salé (en Marruecos), Túnez, Argel y Trípoli, habiendo sido las armadas europeas demasiado débiles durante la mayor parte de este período para efectuar algo más que una resistencia meramente simbólica.
El tráfico trasatlántico de negros era estrictamente comercial, pero para los árabes los recuerdos de las Cruzadas y la rabia por haber sido expulsados de España en 1492 parecen haber motivado una campaña de secuestro de cristianos que casi parecía una yihad.
"Fue quizás este aguijón de la venganza, frente a los amables regateos en la plaza del mercado, lo que hizo que los traficantes islámicos de esclavos fueran mucho más agresivos y en un principio  mucho más prósperos (por así decirlo) que sus homólogos cristianos", escribe el profesor Davis.
Durante los siglos XVI y XVII fueron más numerosos los esclavos conducidos al sur a través del Mediterráneo que al oeste a través del Atlántico. Algunos fueron devueltos a sus familias contra pago de un rescate, otros fueron utilizados para realizar trabajos forzados en África del Norte, y los menos afortunados murieron trabajando como esclavos en las galeras.
Lo que más llama la atención de las razias esclavistas contra las poblaciones europeas es su escala y alcance. Los piratas secuestraron a la mayoría de sus esclavos interceptando barcos, pero también organizaron grandes asaltos anfibios que prácticamente dejaron despobladas partes enteras de la costa italiana. Italia fue el país que más sufrió, en parte debido a que Sicilia está a sólo 200 km de Túnez, pero también porque no tenía un gobierno central fuerte que pudiese resistir a la invasión.
Las grandes razias a menudo no encontraron resistencia
Cuando los piratas saquearon, por ejemplo, Vieste en el sur de Italia en 1554, se hicieron con el alucinante número de 6.000 presos. Los argelinos secuestraron 7.000 esclavos en la bahía de Nápoles en 1544, una incursión que hizo caer tanto el precio de los esclavos que se decía poder "intercambiar a un cristiano por una cebolla".
España también sufrió ataques a gran escala. Después de una razia en Granada en 1556 que se llevó a 4.000 hombres, mujeres y niños, se decía que "llovían cristianos en Argel". Y por cada gran razia de este tipo, había docenas más pequeñas.
La aparición de una gran flota podía hacer huir a toda la población al interior, vaciando las zonas costeras.
En 1566, un grupo de 6.000 turcos y corsarios cruzó el Adriático para desembarcar en Francavilla al Mare. Las autoridades no podían hacer nada, y recomendaron la evacuación completa, dejando a los turcos el control de más de 1.300 kilómetros cuadrados de pueblos abandonados hasta Serracapriola.
Cuando aparecían los piratas, la gente a menudo huía de la costa hacia la ciudad más cercana, pero el profesor Davis explica que hacer tal cosa no siempre fue una buena estrategia: "Más de una ciudad de tamaño medio, llena de refugiados, fue incapaz de resistir un ataque frontal de cientos de asaltantes. El capitán de los piratas, que de lo contrario tendría que buscar unas pocas docenas de esclavos a lo largo de las playas y en las colinas, ahora podía encontrar mil o más cautivos convenientemente reunidos en un mismo lugar a los que tomar."
Los piratas volvían una y otra vez para saquear el mismo territorio. Además de un número mucho mayor de pequeñas incursiones, la costa de Calabria sufrió las siguientes depredaciones graves en menos de diez años: 700 personas capturadas en una sola razia en 1636, 1.000 en 1639 y 4.000 en 1644.
Durante los siglos XVI y XVII, los piratas establecieron bases semipermanentes en las islas de Isquia y Procida, cerca de la desembocadura de la Bahía de Nápoles, elegida por su tráfico comercial.
Al desembarcar, los piratas musulmanes no dejaban de profanar las iglesias. A menudo robaban las campanas, no sólo porque el metal fuese valioso, sino también para silenciar la voz distintiva del cristianismo.
En las pequeñas y más frecuentes incursiones, un pequeño número de barcos operaba furtivamente y se dejaba caer con sigilo sobre los asentamientos costeros en mitad de la noche, con el fin de atrapar a las gentes "mansas y todavía desnudas en la cama". Esta práctica dio origen al dicho siciliano "pigliato dai turchi" ("tomado por los turcos"), y se emplea cuando se coge a alguien por sorpresa o por estar dormido o distraído.
Las mujeres eran más fáciles de atrapar que los hombres, y las zonas costeras podían perder rápidamente todas las mujeres en edad de tener hijos. Los pescadores tenían miedo de salir, y no se hacían a la mar más que en convoyes. Finalmente, los italianos abandonaron gran parte de sus costas. Como explica el profesor Davis, a finales del siglo XVII, "la península italiana fue saqueada por corsarios berberiscos durante dos siglos o más, y las poblaciones costeras se retiraron en gran medida a pueblos fortificados en las colinas, o a ciudades más grandes como Rimini, abandonando kilómetros de costa, ahora pobladas de vagabundos y filibusteros".
No fue hasta alrededor de 1700 cuando los italianos estuvieron en condiciones de prevenir las razias, aunque la piratería en los mares pudo continuar sin obstáculos.
La piratería llevó a España y sobre todo a Italia a alejarse del mar y a perder con efectos devastadores sus tradiciones de comercio y navegación: "Por lo menos para España e Italia, el siglo XVII representó un período oscuro en el que las sociedades española e italiana fueron meras sombras de lo que habían sido durante las anteriores épocas doradas".
Algunos piratas árabes eran avezados navegantes de alta mar, y aterrorizaban a los cristianos hasta una distancia de 1.600 kilometros. Una espectacular razia en Islandia en 1627 dejó cerca de 400 prisioneros.
Existe la creencia de que Inglaterra era una potencia naval formidable desde la época de Francis Drake, pero a lo largo del siglo XVII los piratas árabes operaron libremente en aguas británicas, penetrando incluso en el estuario del Támesis para capturar y asolar las ciudades costeras. En sólo tres años, desde 1606 hasta 1609, la armada británica reconoció haber perdido, por culpa de los corsarios argelinos, no menos de 466 buques mercantes británicos y escoceses. A mediados de la década de 1600, los británicos se dedicaron a un activo tráfico de negros entre ambos lados del Atlántico, pero muchas de las tripulaciones británicas pasaron a ser propiedad de los piratas árabes.
La vida bajo el látigo
Los ataques terrestres podían ser muy exitosos, pero eran más arriesgados que los marítimos. Los navíos eran por lo tanto la principal fuente de esclavos blancos. A diferencia de sus víctimas, los buques piratas tenían dos modos de propulsión: además de las velas, los galeotes. Llevaban muchas banderas diferentes, por lo que cuando navegaban podían enarbolar el pabellón que tuviera más posibilidades de engañar a sus presas.
Un buen barco mercante de gran tamaño podía llevar unos 20 marinos en buen estado de salud, preparados para durar algunos años en galeras. Los pasajeros en cambio para servían obtener un rescate. Los nobles y ricos comerciantes se convirtieron en piezas atractivas, así como los judios, que a menudo podían significar un suculento rescate pagado por sus correligionarios. Los dignatarios del clero también eran valiosos porque el Vaticano solía pagar cualquier precio para arrancarlos de las manos de los infieles.
Cuando llegaban los piratas, a menudo los pasajeros se quitaban sus buenos ropajes y trataban de vestirse tan mal como fuese posible, con la esperanza de que sus captores les restituyeran a sus familias a cambio de un modesto rescate. Este esfuerzo resultaba inútil si los piratas torturaban al capitán para sonsacarle información sobre los pasajeros. También era común hacer que los hombres se desnudaran, para buscar objetos de valor cosidos en la ropa, y ver si los circuncidados judíos no estaban disfrazados de cristianos.
Si los piratas iban cortos de esclavos en galeras, podían poner algunos de sus cautivos a trabajar de inmediato, pero a los presos los colocaban generalmente en la bodega para el viaje de regreso. Iban  apiñados, apenas podían moverse entre la suciedad, el mal olor y los parásitos, y muchos morían antes de llegar a puerto.
A su llegada al norte de África, era tradición que los cristianos recientemente capturados desfilaran por las calles para que la gente pudiera hacer burla de ellos y los niños cubrirlos de basura.
En el mercado de esclavos, los hombres estaban obligados a brincar para demostrar que no eran cojos, y los compradores a menudo querían desnudarlos para ver si estaban sanos, lo cual también permitía evaluar el valor sexual de hombres y mujeres; las concubinas blancas tenían un gran valor, y todas las capitales esclavistas poseían una floreciente red homosexual. Los compradores que esperaban hacer dinero rápido con un gran rescate examinaban los lóbulos de las orejas para encontrar marcas de perforación, lo cual era indicio de riqueza. También era habitual examinar los dientes de un cautivo para ver si podía sobrevivir a un régimen esclavista duro.
El pachá o soberano de la región recibía un cierto porcentaje de los esclavos como forma de impuesto sobre la renta. Estos eran casi siempre hombres, y se convertían en propiedad del gobierno en lugar de ser propiedad privada. A diferencia de los esclavos privados, que por lo general embarcaban con sus amos, aquéllos vivían en bagnos, que es como se llamaba a los almacenes de esclavos del pachá. Era común afeitar la cabeza y la barba de los esclavos públicos como humillación adicional, en un momento en que la cabeza y el vello facial eran una parte importante de la identidad masculina.
La mayoría de estos esclavos públicos pasaban el resto de sus vidas como esclavos en galeras. Resulta difícil imaginar una existencia más miserable. Los hombres eran encadenados tres, cuatro o cinco a cada remo, y sus tobillos quedaban encadenados también juntos. Los remeros nunca dejaban su bancada, y cuando se les permitía dormir, lo hacían en ella. Los esclavos podían empujarse para llegar a hacer sus necesidades en un agujero en el casco, pero a menudo estaban demasiado cansados ​​o desanimados para moverse y descargaban ahí donde estaban sentados. No tenían ninguna protección contra el ardiente sol mediterráneo, y sus amos les despellejaban las espaldas con el instrumento favorito del negrero: el látigo. No había casi ninguna posibilidad de escape o rescate, el trabajo de un galeote era el de matarse a trabajar —sobre todo en las razias para capturar más miserables como él—, siendo arrojados por la borda a la primera señal de enfermedad grave.
Cuando la flota pirata estaba en puerto, los galeotes vivían en el bagno y hacían todo el trabajo sucio, peligroso o agotador que el Pachá les ordenara hacer. Solían cortar y arrastrar piedras, dragar el puerto o encargarse de las labores más penosas. Los esclavos que se encontraban en la flota del sultán ruco ni siquiera tenían esa opción. A menudo estaban en el mar durante meses seguidos y permanecían encadenados a los remos incluso en el puerto. Sus barcos eran prisiones de por vida.
Otros esclavos en la costa bereber tenían un trabajo más variado. A menudo hacían el trabajo agrícola que asociamos a la esclavitud en Estados Unidos, pero los que tenían habilidades eran alquilados por sus dueños. Algunos de éstos simplemente aflojaban a sus esclavos durante la jornada con orden de regresar con una cierta cantidad de dinero por la noche, bajo la amenaza de ser golpeados brutalmente en caso de no hacerlo. Los dueños esperaban normalmente una ganancia de un 20% sobre el precio de compra. Hicieran lo que hiciesen, en Túnez y Trípoli los esclavos llevaban un anillo de hierro alrededor de un tobillo y arrastraban una pesada cadena de entre 11 y 14 kg.
Algunos dueños ponían a sus esclavos blancos a trabajar las tierras muy lejos, donde todavía se enfrentan a otra amenaza: una nueva captura y una nueva esclavitud más en el interior. Estos desgraciados probablemente no verían ya más a otro europeo en el resto de su corta vida.
El profesor Davis señala que no existía ningún obstáculo a la crueldad: "No había fuerza que pudiese proteger al esclavo de la violencia de su amo, no existían leyes locales en contra de la crueldad, ni una opinión pública benevolente, y raramente existía una presión efectiva por parte de los Estados extranjeros".
Los esclavos blancos no sólo eran mercancías, sino también infieles, y merecían todo el sufrimiento infligido por sus dueños.
El profesor Davis señala que "todos los esclavos que, habiendo vivido en bagnos, sobrevivieron para contar sus experiencias destacaban la crueldad y la violencia endémica ahí practicada". El castigo favorito era el azotamiento. Un esclavo podía recibir hasta 150 o 200 golpes, lo cual podía dejarlo lisiado. La violencia sistemática convirtió a muchos hombres en autómatas.
Los esclavos cristianos eran a menudo tan abundantes y tan baratos que no había ningún incentivo para cuidarlos. Muchos dueños les hacían trabajar hasta morir y compraban otros para remplazarlos.
Los esclavos públicos también contribuían  a un fondo para mantener a los sacerdotes en el bagno. Era una época muy religiosa, e incluso en las condiciones más terribles los hombres querían tener la oportunidad de confesarse, y, lo más importante, de recibir la extremaunción. Había casi siempre un sacerdote cautivo o dos en los bagnos, pero para estar disponible para sus deberes religiosos, otros esclavos debían contribuir y comprarle su tiempo al Pachá, por lo que a algunos esclavos en las galeras no les quedaba nada para comprar comida o ropa. Sin embargo, durante ciertos períodos, los europeos que vivían libres en las ciudades bereberes contribuían a los gastos de mantenimiento de los sacerdotes de los bagnos.
Para algunos, la esclavitud se convirtió en algo más que soportable. Ciertos oficios, en particular, el de constructor naval, eran tan codiciados que el dueño de un esclavo podía recompensarlo con una villa privada y amantes. Incluso algunos residentes del bagno lograron sacar partido de la hipocresía de la sociedad islámica y mejorar de tal modo su condición. La ley prohibía estrictamente a los musulmanes el comercio de alcohol, pero era más indulgente con los musulmanes que sólo lo consumían. Los esclavos emprendedores establecieron tabernas en los bagnos, y algunos llegaban a tener una buena vida al servicio de los musulmanes bebedores.
Una forma de aligerar la carga de la esclavitud era "tomar el turbante" y convertirse al islam. Esto eximia del servicio en galeras, de los trabajos más penosos y de alguna que otra faena impropia de un hijo del profeta, pero no de ser esclavo. Uno de los trabajos de los sacerdotes de los bagnos era evitar que los hombres desesperados se convirtieran, pero la mayoría de esclavos no parecían necesitar el tal consejo. Los cristianos creían que la conversión podría poner en peligro sus almas, además de requerirse también el desagradable ritual de la circuncisión de los adultos. Muchos esclavos parecían sufrir los horrores de la esclavitud tratándolos como un castigo por sus pecados y como una prueba a su fe. Los dueños les disuadían de la conversión, ya que éstas limitaban el uso de los malos tratos y bajaban el valor de reventa de un esclavo.
Para los esclavos, resultaba imposible escapar. Estaban muy lejos de casa, a menudo eran encadenados, y podían ser identificados de inmediato por sus rasgos europeos. La única esperanza era el rescate. A veces la suerte no tardaba en llegar. Si un grupo de piratas había capturado tantos hombres como para no tener ya espacio bajo el puente, podía hacer una incursión en una ciudad y luego regresar a los pocos días para vender los cautivos a sus familias. Por lo general, ello se hacía a un precio mucho menor que el de alguien que se rescataba desde África del Norte, pero con todo era mucho más de lo que los agricultores se podían permitir. Los agricultores generalmente no tenían liquidez, ni bienes al margen de la casa y la tierra. Un comerciante estaba por lo general preparado para comprarlos a un precio bajo, pero significaba que el cautivo regresaba a una familia completamente arruinada.
La mayoría de los esclavos dependían de La labor caritativa de los trinitarios (orden fundada en Italia en 1193) y de los mercedarios (fundada en España en 1203). Estas órdenes religiosas se establecieron para liberar a los cruzados en poder de los musulmanes, pero pronto cambiaron su trabajo por el de la liberación de los esclavos en poder de los piratas berberiscos, recaudando dinero específicamente para esta labor. A menudo ponían cajas de seguridad fuera de las iglesias con la inscripción "por la recuperación de los pobres esclavos", y el clero llamaba a los cristianos ricos a dejar dinero. Las dos órdenes se convirtieron en hábiles negociadoras, y por lo general lograron comprar esclavos a mejores precios que los obtenidos por libertadores sin experiencia. Sin embargo, nunca hubo suficiente dinero para liberar a muchos cautivos, y el profesor Davis estima que no más de un 3 o un 4% de los esclavos fueron rescatados en un solo año. Esto significa que la mayoría dejaron sus huesos en las tumbas anónimas de cristianos, fuera de las murallas de la ciudad.
Las órdenes religiosas llevaban cuentas exactas de los resultados obtenidos. En el siglo XVII, los trinitarios españoles, por ejemplo, llevaron a cabo 72 expediciones para el rescate de esclavos, con una media de 220 liberaciones por ​​cada una de dichas expediciones. Era costumbre llevarse con ellos los esclavos liberados y hacerlos caminar por las calles de la ciudad en las grandes celebraciones. Estas procesiones, que tenían una profunda connotación religiosa, se convirtieron en uno de los espectáculos urbanos más característicos de la época. A veces los esclavos marchaban en sus antiguos hábitos de esclavos para enfatizar los tormentos que sufrieron; otras veces llevaban trajes blancos especiales para simbolizar su renacimiento. Según los registros de la época, muchos esclavos liberados no se reinsertaron por completo después de sus vivencias, especialmente si habían pasado muchos años en cautiverio.
¿Cuántos esclavos?
El profesor Davis señala que las numerosas investigaciones efectuadas han logrado que se determine con la mayor precisión posible el número de negros traídos a través del Atlántico, pero no existe ningún esfuerzo similar para determinar la extensión de la esclavitud en el Mediterráneo. No es fácil conseguir cifras fiables. Los árabes no suelen conservar los archivos. Pero a lo largo de sus diez años de investigación, el profesor Davis ha logrado desarrollar un método de estimación.
Por ejemplo, el registro indica que desde 1580 hasta 1680 hubo un promedio de unos 35.000 esclavos en países berberiscos. Contando con la pérdida constante a través de la muerte y del rescate, si la población se mantuvo constante, entonces la tasa de captura de nuevos esclavos por los piratas era igual a la tasa de desgaste. Hay una buena base para la estimación de las tasas de mortalidad. Por ejemplo, sabemos que de los cerca de 400 islandeses capturados en 1627, sólo hubo 70 supervivientes ocho años después. Además de la desnutrición, el hacinamiento, el exceso de trabajo, y los castigos brutales, los esclavos sufrieron epidemias de peste, que por lo general eliminaban entre el 20 y el 30% de los esclavos blancos.
A través de diversas fuentes, el profesor Davis estima que la tasa de mortalidad fue de aproximadamente un 20% al año. Los esclavos no tenían acceso a las mujeres, por lo que la sustitución se realizaba exclusivamente a través de las capturas.
Su conclusión: entre 1530 y 1780 hubo, con casi total seguridad, un millón y tal vez hasta millón y cuarto de cristianos blancos europeos esclavizados por los musulmanes de la costa bereber. Esto supera con creces la cifra generalmente aceptada de 800.000 africanos transportados a las colonias de América del Norte y más tarde a los Estados Unidos.
El profesor Davis explica que, a finales de 1700, se controló mejor este comercio, pero hubo un renacimiento de la trata de esclavos blancos durante el caos de las guerras napoleónicas.
La flota norteamericana no quedó libre de la depredación. Fue sólo en 1815, después de dos guerras contra ellos, que los marinos estadounidenses se libraron de los piratas berberiscos. Estas guerras fueron importantes operaciones para la joven república; una campaña que se recuerda en las estrofas de "a las orillas de Trípoli", en el himno de la marina. Cuando los franceses tomaron Argel en 1830, todavía había 120 esclavos blancos en el bagno.
¿Por qué hay tan poco interés por la esclavitud del Mediterráneo, mientras que la erudición y la reflexión sobre la esclavitud negra nunca termina? Como explica el profesor Davis, los esclavos blancos con dueños no blancos simplemente no encajan en "la narrativa maestra del imperialismo europeo." Los patrones de victimización tan queridos por los intelectuales requieren de la maldad del blanco, no del sufrimiento del blanco.
El profesor Davis también señala que la experiencia europea de la esclavitud a gran escala muestra el engaño en que consiste otro tema favorito de la izquierda: que la esclavitud negra fue un paso crucial en la creación de los conceptos europeos de raza y jerarquía racial.
No es así. Desde hace siglos, los propios europeos han vivido con en el miedo del látigo, y un gran número asistieron a procesiones celebradas por el rescate de los esclavos liberados, todos los cuales eran blancos. La esclavitud era un destino más fácilmente imaginable para ellos mismos que para los lejanos africanos.
Concluida la lectura, les invitamos a hacer una pequeña constatación. Vayan a Google, pulsen en "Imágenes" y busquen términos tales como "europeos esclavizados", "esclavos blancos" o cualquier otra expresión parecida. Verán lo que les sale...

[1] Robert C. Davis, Christian Slaves, Muslim Masters: White Slavery in the Mediterranean, the Barbary Coast, and Italy, 1500-1800, Palgrave Macmillan, 2003, 246 pp., 35 US$


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COMENTARIOS
miércoles, 29 de junio de 2016

MALDITOS CABRONES

La psicopatía humana del poder hegemónico en cada momento de la historia, de cualquiera de los FENOTIPOS (también llamados razas) humanos han aniquilado y explotado a su semejante con cualquier excusa, empezando por la jodida religión y terminando por el mediocre emperador de turno y sus palanganeros.
La cuestión es que trabaje el otro, lo etiqueto y lo humillo según el ´´trending topic´´ del momento y a dormir tranquilo. La esclavitud se acabó cuando el cabrón de turno se dio cuenta de que era mejor dejar al esclavo ´´libre´´ y que se buscara el pan y techo el mismo y se ahorraba mantenerlo y dolor de cabeza.

# Publicado por: el Blues (de Madrí claro que sí)
miércoles, 29 de junio de 2016

Unos reconocen, otros no

Para quienes deseen profundizar en este tema, les recomiendo el libro de Giles Milton ´´ White Gold ´´, en el que se describe la piratería que asoló el Mediterráneo, el sur de Inglaterra e incluso Islandia a lo largo de tres siglos, ocasionando la despoblación de extensa áreas costeras de Portugal, España, Italia, principalmente Sicilia, víctimas de las razias continuas de los esclavistas berberiscos. Hoy en día, las potencias europeas han reconocido sin duda el abuso y los crímenes que cometieron contra los nativos de otras culturas, pero el Islam jamás ha entonado el mea culpa. No hay más que ver la negación absoluta del genocidio armenio por parte de los turcos y, en general, el no reconocimiento de lo inmoral de las guerras de conquista emprendidas por ellos que esclavizaron, asesinaron y desnaturalizaron a pueblos que antes habían sido cristianos, Mientras las potencias colonialistas , después de siglos en unos casos y décadas en otros, se retiraban y con ello daban lugar a la independencia de esos pueblos colonizados, las conquistas árabes y musulmanas, a excepción de la Península Ibérica , los Balcanes y algunas islas y enclaves mediterráneos que se mantuvieron firmes en el rechazo de la islamización, estas conquistas impusieron una religión y unos modos de vida que eran ajenos a los pueblos que habían sido sometidos. Y nunca se han sentido culpables de haber acabado con otras culturas, esa es la diferencia

# Publicado por: Fernando (madrid)
miércoles, 29 de junio de 2016

Alizo

Alizo, no le eche usted la culpa a un navegante y explorador (Colón) de lo que hicieron los conquistadores.

# Publicado por: Progre descarriado (Madrid, La Mancha)
miércoles, 29 de junio de 2016

¿Esclavos blancos?

No sólo un buen cuento. Sobre todo, una pieza modelo de ´´propaganda de guerra´´. Al más puro estilo sionista. Para tergiversar la historia no se necesita ni llamarlos. Yo creo que concluida la lectura, lo que debe hacer quien tenga algo de materia gris, es ir a las fuentes históricas (de cronistas y viajeros) para enterarse sobre los millones de indígenas que asesinaron los ´´bárbaros ´´ que llegaron a la Española durante los viajes del marrano Colón, o la invasión de Cortez a México, o de Pizarro a Perú, para no hablar de lo que hicieron los invasores al territorio de los que invadieron lo que hoy se identifica como América del Norte, incluyendo a los bisabuelos del tal Davis. Todo mucho antes del comercio de negros que diezmó África.

# Publicado por: alizo rojo (Bangladesh)
miércoles, 24 de febrero de 2016

EN PROPIAS CARNES

Entre el profesor Davis y Miguel de Cervantes me quedo con don Miguel. que fue esclavo del moro y lo contó de primera mano.

# Publicado por: Daniel (Aldeadavila de la Ribera (Salamanca))
domingo, 20 de septiembre de 2015

Saber más

Magnífico resumen y bienvenido sea todo intento de acabar con esta estúpida autoflagelación permanente que nos pretende imponer día sí y día también la izquierda progresista. Desde luego, el trato que dio el Islam a los infieles no fue precisamente amable, y el mundo de las galeras fue especialmente espeluznante en una época de por sí oscura y terrible, que me hace recordar invariablemente esa cantinela de los derechos humanos que algunos han terminado creyendo que es una especie de derecho natural que se ha de conseguir gratis. Como lectura complementaria, recomendaría un librito de André Zysber y René Burlet (Aguilar) titulado ´´Gloria y Miseria de las Galeras´´. Por cierto, que geleotes no solo hubo en el bando musulmán. Aunque en Occidente fueran generalmente condenados por la justicia, los que sufrieron tan terrible castigo.


# Publicado por: lobo estepario (Granada)
miércoles, 16 de septiembre de 2015

Esclavitud en América. (comentarios a comentarios)


.-La esclavitud del gaucho va en clave de ´´MARTIN FIERRO´´, poema mudialmente conocido, (de José Hernández). El gaucho es el desposeido, el desterrado en su propia tierra, un paria. Obligado a sufrir las leyes de la oligarquía imperante.o bien, a vivir huyendo: convirtiendose en un ´´fuera de la ley´´ (un ´´outlaw´´).-
-En cuanto a España : la controversia de Valladolid (Sepúlveda - Las Casas) 1550, es un hito en la materia. (debate textos de Aristóteles sobre la esclavitud).
-´´el norte de USA era entiesclavista´´. Pues se olvida que el segragación racial es un asunto histórico y nacional ,vigente, tanto como las logias oligarcas que son dueñas de ese país, a pesar de la población que los soporta.
(tengo familia en USA)
La figura de M.L.King es emblemática.
-El islam tiene una potencia petrolera como Arabia Saudita para difundir sus ´´libertades coránicas´´ . Aliado estratégico de USA. (entre oligarcas se entienden¡.).-

# Publicado por: oscar ghiso (buenos aires)
martes, 15 de septiembre de 2015

Alianza de conveniencia con el Islám

Este artículo es muy interesante. Pero el pasado pasado está. Ahora debemos unir fuerzas con el Islám para ponerle freno al gran vampiro de la cultura europea: el judaísmo.
En la lucha contra el judío debemos guiarnos con la sabiduría de un gran pensador judío y antisemita al mismo tiempo: Otto Weininger. Es necesario constatar que Weininger no tenía nada en contra del judaísmo como etnia o raza o religión o cultura sino del judaísmo como idea platónica: un monstruo de arrogancia y victimismo al mismo tiempo. El judaísmo está detrás del plan de multiculturizar Europa. Siempre ha habido ciudades muy cosmopolitas en Europa-Mediterráneo (Odessa, Estambul, París, Berlín, Londres, Tánger, Marsella, Córdoba, Toledo, Madrid, Barcelona, Alejandría...) y eso está bien, pero el plan judío es cosmopolitizar todos los tejidos nacionales, sin dejar resquicio a lo autóctono. Y eso está mal. No se puede tolerar.

# Publicado por: Zurdito Herético (Madrid (España))
martes, 15 de septiembre de 2015

Tiene razón Vitali

Aunque no eran solo irlandeses.

https://en.wikipedia.org/wiki/Indentured_servant

Si bien se puede objetar que es una forma menor de esclavitud, ya que era temporal, en muchos casos este status se prolongaba de por vida. Muchos iban contra su voluntad, o eran engañados. Tiene una cierta similitud con la trata de blancas que aún se practica en muchos países, y cuyas víctimas suelen ser jóvenes eslavas.



# Publicado por: El Disidente (Madrid)
martes, 15 de septiembre de 2015

Tabla de mezclas étnicas

Constatado lo que sale si se anota ´´europeos esclavizados´´ en Google, imágenes, he hallado esta joya que explica de forma muy visual y no ofensiva cómo se identificaban los distintos mestizajes que conllevó la era esclavista y sus derivadas.
http://pueblosoriginarios.com/recursos/colecciones/castas/castas.html

# Publicado por: Papaluna (Barcelona)
lunes, 07 de septiembre de 2015

Conceptos erróneos del comentarista anterior

El comentario de Juan Pablo Vitali es erróneo. El gaucho no era ni fue nunca un esclavo. Los irlandeses no fueron esclavos en norteamerica. La gran emigración irlandesa se produjo a consecuencia de la hambruna ocurrida en Irlanda en 1846 cuando ya la esclavitud de los negros estaba por terminar. Además esa inmigración se asentó principàlmente en la región del norte, que era antiesclavista.Parece que recita panfletos erróneos

# Publicado por: Raul Herman (Buenos Aires)
miércoles, 24 de septiembre de 2014

La verdad del mundo musulmán

Actualmente todas las barbaridades producidas por los musulmanes a lo largo de los siglos son calladas, sólo se habla de sus bondades. Ya en la época de ocupación musulmana de la península Hibérnica, cuya fecha es bastante anterior a las q se dice en este artículo, había esclavitud blanca, en las poblaciones cristianas q conquistaban cogían esclavos para vender o bien los cristianos q no querían abandonar su tierra terminaban trabajando para ellos como esclavos.
No se qué interés hay en deformar la historia, y no querer mostrar la realidad de lo q es el mundo musulmán y ha sido, y querer hacer creer a la gente q estos son pacíficos y q poseen una gran cultura, todo una gran mentira. Muchos inventos, edificaciones, construcciones... Ya existían en la época romana, es decir no se las debemos a ellos como nos quieren hacer creer. Muy buen artículo el suyo, ya es hora de q empecemos a hablar claro sobre esta gente y desmontemos la gran mentira que a lo largo de los años han querido convertir en verdad.

# Publicado por: Marga (Siero Asturias )
martes, 23 de septiembre de 2014

La esclavitud de hecho de euro descendientes en América.

En América del Norte, muchos irlandeses tuvieron un destino de esclavos. En América del Sur, el gaucho criollo era de hecho un esclavo en rebelión. Ni que hablar de nuestros bisabuelos: toda una Europa proletaria esclavizada. Ese ir hacia lo profundo de un territorio, fue lo contrario de la dominación blanca: fue la huida de los blancos de la dominación. Lo demás es la historia del capitalismo contra todas las razas del mundo.

# Publicado por: Juan Pablo Vitali (La Plata)
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