¿Está excluyendo el PP a sus clanes no liberales?

Mariano no habla de libertad de educación

Después de un Debate del Estado de la Nación que no ganó y mientras sigue reclamando las actas de la negociación con ETA, Mariano Rajoy no ha esperado a la vuelta de vacaciones para hacer propuestas electorales. Intenta contrarrestar el efecto mediático de la ayuda de 2.500 euros anunciada por Zapatero. Rajoy ha ido concretando algunas de las medidas a las que Juan Costa -hombre de Rato, liberal de los pies a la cabeza- dará forma en el programa. Reducción del tipo máximo del IRPF por debajo del 40%, supresión del Impuesto sobre el Patrimonio, reforma de la ley electoral para que gobierne el partido más votado... Y en la clausura del campus de la Fundación FAES llegaron las nuevas ideas sobre enseñanza. Habló de muchas cosas pero no habló de libertad de educación.

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FERNANDO DE HARO

FAES ha ganado un peso considerable durante la legislatura y se ha convertido casi en una estructura paralela a la del partido. Aznar mantiene un gran peso y hay momentos en los que no se sabe si el mensaje del PP es el que se elabora en Génova o el que cocina el equipo de la Fundación. Tanto es así que hasta los hombres más cercanos al ex presidente reconocen que la situación no es sostenible por más tiempo y que después de las generales, gane o pierda Rajoy, FAES tiene que bajar su perfil. La intervención en el campus sintetizaba el trabajo que se había hecho hasta el momento.

Durante las últimas semanas, los responsables de Génova, en privado, venían contando que el partido iba a apostar por una reforma y renovación del sistema de conciertos, el sistema que en España permite dar cauce a los colegios de iniciativa social. Una fórmula que en algunas Comunidades Autónomas es responsable del 50 por ciento de la enseñanza y que se ha desarrollado considerablemente por algunos gobiernos autonómicos del PP que no son estatalistas. Otros, sin embargo, a pesar de hacer profesión de fe liberal, han practicado una política casi tan contraria a la iniciativa social como los socialistas.

El sistema, creado para sustituir las subvenciones que se daban a los colegios privados por la UCD, ha permitido que España cuente con una amplia red educativa financiada en gran parte con dinero público que no gestiona directamente la Administración. Es un buen ejemplo de subsidiariedad que rompe con el esquema (o mito que diría Charles Glenn) de la escuela única y que abre espacio a la libertad de los padres y a aquellas realidades sociales que han sabido crear obras estables. Pero también es cierto que se creó de forma precipitada y siempre depende de una concesión que quiera hacer la Administración autonómica de turno.

La victoria de FAES

Las confesiones privadas de los responsables de Génova –apoyados por algunos miembros del grupo popular en el Congreso- permitían albergar la esperanza de que los conciertos iban a ser revisados, actualizados y reformados. Una tarea ciertamente difícil porque el entorno mediático del Gobierno y los sindicatos ha favorecido su demonización. Siempre que se toma una iniciativa en este sentido se monta un escándalo y se habla de las “pretensiones privatizadoras” de la derecha. Quizás por temor a esa polémica y por convicción ideológica, los “cocineros de FAES” –algunos de ellos ahora liberales vienen de una izquierda muy estatalista- preferían insistir en el mensaje del fracaso escolar, en la necesidad de recuperar con un pacto educativo la calidad de la enseñanza y la autoridad en las escuelas. No eran dos mensajes contradictorios pero sí con matices diferentes.

A la luz del discurso que Rajoy hizo el domingo, parece que ha triunfado la “sensibilidad FAES”. Una sensibilidad que muestra muy poco interés por la libertad de los colegios de iniciativa social. Sus defensores están convencidos de que lo importante de verdad es cambiar la escuela de titularidad estatal, recuperar en ella la excelencia, la disciplina, la diversificación de itinerarios y la transmisión de conocimientos para conseguir una sociedad más competitiva. De esto es de lo que habló Mariano en una intervención certera pero coja.

El asunto no está cerrado y quedan mucha pre-campaña y mucha campaña por delatante. Todavía puede cambiar. Puede plantear un debate sobre la subsidiariedad educativa que se le hurta a la sociedad española desde hace décadas. Hay algunos precedentes. En la exposición de motivos de la enmienda a la totalidad de la LOE que el PP presentó en el Congreso el 25 de octubre se hablaba de que “las familias españolas aprecian cada vez más el derecho a escoger el centro escolar para sus hijos”. En el compromiso que el 17 de mayo de 2006 suscribieron todos los consejeros de Educación del PP y Mariano Rajoy se podía leer que los firmantes iban a favorecer “todas las iniciativas sociales que partan de la sociedad y enriquezcan la oferta educativa creando condiciones sociales favorables para estimular las iniciativas sociales en este ámbito”. Ahora que Juan Costa ha cogido recado de escribir para redactar el programa sería muy conveniente que, en materia de educación, escuchara no sólo a los liberales. En el grupo parlamentario hay muy buenas ideas.

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