Micropoder, ciberdemocracia… ¿camelos?

La Red no os hará libres (de momento)

Sueño de sueños: llegará un día en que, gracias a Internet, todos seremos mucho más libres y la democracia será mucho más perfecta, porque todos, gracias a Internet, podremos participar mucho más y con mejor información. Es la utopía de la ciberdemocracia. Pero la realidad es esta: aunque ahora circula mucha más información que hace cinco años, buena parte de ella es perfectamente inútil, cuando no abominable. Con todo, ¿quién dice que las cosas no pueden mejorar? Javier Cremades acaba de publicar Micropoder: la fuerza del ciudadano en la era digital (Espasa-Calpe). Para reflexionar sobre nosotros mismos.

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JUAN R. SÁNCHEZ CARBALLIDO
 
La cifra total de internautas en el mundo debe rondar a día de hoy los dos mil millones de usuarios, dado que la cifra de mil millones se superaba en 2005 y que el acceso a la red no ha hecho sino crecer desde entonces. Un crecimiento que, por lo demás, no se ha limitado a los rangos cuantitativos. Hoy, el horizonte mismo de la utilidad práctica y de las posibilidades teóricas asociadas a este auténtico fenómeno social es objeto de permanente prospección y expansión.
 
El cambio en la Red
 
En sus orígenes, Internet se asemejaba a un gran repositorio de información cuyos datos procedían de las instituciones más diversas (gobiernos, empresas, ONGs, partidos políticos, iglesias, etc.). Concebido como un medio de consulta on-line, el flujo de información discurría a su través de forma unidireccional: el internauta podía “leer” pero, imitando el modelo de los medios tradicionales de comunicación, no podía “escribir”. Los internautas eran meros consumidores de información y de opinión y su propio entendimiento de las cosas no contaba para nada en el proceso.
 
Pero esta situación inicial no tarda en evolucionar. A partir del año 2005 comienza a detectarse un claro movimiento de renovación que apunta en el sentido de una bidireccionalidad de los contenidos en la red. Ello es posible gracias a la aparición de nuevas herramientas informáticas (como los blogs, los wikis, etc.) que permiten al internauta aportar su particular punto de vista a través de un medio tan autónomo como su ordenador personal. Estas innovaciones equivalen gráficamente a la apertura de un “segundo carril” en las autopistas de la información: el carril de retorno. A diferencia de sus predecesores, el internauta de la segunda generación no va a conformarse con extraer información de la red, sino que quiere compartir a través de ella su bagaje de conocimientos y experiencias. Sus deseos de expresión, influencia e independencia son tales que los expertos se verán animados a diseñar nuevas soluciones para atenderlos: las redes sociales, los nuevos buscadores “semánticos” y, en una palabra, los implementos tecnológicos que están conformando el concepto de la Web 2.0.
 
¿Ciberdemocracia?
 
Desde una perspectiva sociológica, Javier Cremades ha publicado recientemente en Espasa-Calpe una interesante reflexión bajo el título de Micropoder: La fuerza del ciudadano en la era digital, que puede entenderse como una nueva aportación al concepto de la “Ciberdemocracia”. La concepción de Internet como un ámbito privilegiado para el intercambio real de ideas viene a suponer, en lo teórico, la superación de una etapa comunicacional marcada por la dependencia de los contenidos informativos de los criterios de una elite profesional (los periodistas), subordinados a intereses económicos, políticos o profesionales no siempre transparentes. Hasta la fecha, los medios de comunicación -con inclusión de la propia Internet- venían ejerciendo una forma de censura previa sobre los contenidos, dada su especial relación con las fuentes de la información, de tal modo que una noticia sólo era tal si así lo consideraba un Consejo de Redacción. Una evidencia fácilmente identificable con la manipulación.
 
Frente a las empresas de comunicación tradicionales, la nueva visión de Internet se apoya en las propias comunidades de internautas para generar información y opinión. El protagonismo recae cada vez más directamente sobre el ciudadano, que comienza a depreciar las consignas emanadas de la cúpula del poder y de sus sistemas de información-adoctrinamiento (prensa, TV, etc.). Y que utiliza las redes también para canalizar su contestación.
 
El sueño ciberdemocrático (tal vez “ciberanarquista”) descansa, pues, sobre una concepción ideal del individuo-en-red que lo afirma como cada vez más informado y con capacidad creciente para acceder por sí mismo al fondo mismo de la información, evitando la manipulación. Esa capacidad procedería de un hecho constatable: la disponibilidad de un conjunto de conocimientos planetario colgado en la red y accesible en tiempo real. Pero también de una premisa falaz: que la información suministrada por el internauta, en función de esa simple condición, resulta en todo momento veraz, limpia, objetiva e independiente de cualquier clase de intereses, garantizada por un inédito altruismo universal.
 
El objetivo actual parece reconocer tal falacia y se señala la necesidad de diseñar herramientas de búsqueda de contenidos (Web semántica) capaces de cribar el ingente caudal de información disponible en la red según unos criterios básicos de validez. Retornar, en una palabra, a la censura previa inicial. Cosas de la democracia, por muy cibernética que se repute.
 

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