Durante el mes de junio he dialogado con amigos y enemigos,
nunca con indiferentes. Ha sido para mí una experiencia
interesante y, en buena medida, un desafío. De momento
creo que es suficiente. Llegó el buen tiempo, la vida
me reclama y creo que debo acudir a su reclamo. Por lo tanto
no digo adiós, sino hasta luego. Espero que hasta pronto.
Y gracias a todos, a los que me han lanzado flores y a quienes
me han buscado las cosquillas con mejores o peores intenciones.
A quienes conmigo han reído y también a quienes
han pensado o me han hecho pensar. Y también gracias
a quienes han venido a estas páginas internáuticas
cargados de mala intención y peores pulgas. Porque,
como deja sentado el refranero castellano: “del enemigo, el
consejo”. Pues a menudo son nuestros enemigos –rivales, adversarios…–
quienes (puede que sin quererlo) nos hacen mejores…
Dejemos que pase el estío y entonces evaluaremos
si conviene seguir manteniendo esta puerta abierta, con esta
o con otra fórmula semejante. Tiempo al tiempo y Dios
dirá…